Miles de católicos en El Paso, Texas, se unieron en oración a millares de personas del otro lado de la frontera en Ciudad Juárez, México, para asistir a la misa que encabezó el Papa Francisco, su último acto público en suelo mexicano.
El papa Francisco invitó ayer a la grey católica a “hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad, donde no haya necesidad de emigrar para soñar, donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar, donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.
Probablemente fuese un tópico esperado. O temido, por parte del gobierno mexicano. Y sucedió: el papa Francisco cuyo liderazgo mundial trasciende al religioso, se plantó el lunes 15 de febrero en la selva de Chiapas y pronunció un preciso y fuerte señalamiento contra “el dolor, el maltrato y la inequidad” sufrida por los pueblos indígenas, que en México suman 11 millones de personas de un total de 50 en toda América Latina.
“Nunca se dejen pisotear por nadie”, dijo el papa Francisco como despedida a unos 600 niños de entre 9 y 12 años de edad de las parroquias y escuelas de esta diócesis que lo recibieron con gran algarabía en la Catedral de Morelia, el martes 16 de febrero.
El primer mensaje del papa Francisco a su llegada a la Ciudad de México fue la petición de otorgar el perdón a quienes nos han hecho daño, el viernes 12 de febrero
En la región existe un déficit de al menos 10 mil operadores para la movilidad comercial, y es que la escasez de choferes de quinta rueda amenaza al autotransporte en la frontera.
Productores agrícolas de Reynosa y la región atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años. La falta de lluvias oportunas, los elevados costos de producción, la desaparición de programas de apoyo y los bajos rendimientos de las cosechas han provocado que miles de hectáreas permanezcan sin sembrarse.