Sin relevo al volante

En la región existe un déficit de al menos 10 mil operadores para la movilidad comercial, y es que la escasez de choferes de quinta rueda amenaza al autotransporte en la frontera.

Reynosa, Tam.

Mientras miles de mercancías cruzan diariamente por Tamaulipas, el sector del transporte de carga enfrenta una crisis silenciosa: cada vez hay menos personas dispuestas a conducir un tractocamión. En Reynosa, una mujer ha dedicado cuatro décadas a formar el relevo generacional que la industria necesita.

Cada día, cientos de tractocamiones recorren las carreteras de Tamaulipas transportando alimentos, autopartes, acero, combustibles y productos que mantienen en movimiento la economía nacional y el comercio internacional. Sin embargo, detrás de esa actividad existe una preocupación que crece entre empresarios y capacitadores: la falta de operadores de quinta rueda y camiones. 

La problemática no es nueva, pero se ha agravado en los últimos años por la inseguridad, el envejecimiento de la fuerza laboral, la falta de relevo generacional y las difíciles condiciones de trabajo. En esta ciudad fronteriza, una de las voces que más ha insistido en atender esta situación es la de Armandina Alemán Salinas, conocida en el sector como “La Santa Patrona de los Operadores”.

Con 63 años de edad y cuatro décadas dedicadas al autotransporte, asegura que la industria mantiene sus puertas abiertas, pero cada vez son menos los jóvenes que deciden ocupar un lugar frente al volante.

“El autotransporte tiene esas puertas abiertas todo el tiempo porque hay un déficit de operadores muy grande”, afirmó Armandina.

Originaria de Reynosa, Armandina Alemán inició su trayectoria en la década de los 80´s, cuando viajó a León, Guanajuato, para capacitarse en el Instituto de Capacitación de la Industria de la Construcción. Poco después llegó al entonces Centro de Servicio de Carga, donde comenzó una carrera enfocada en la capacitación de operadores.

Desde 1986 forma parte del sector y en 1989 participó en los primeros años de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga, donde colaboró en la creación de una de las primeras escuelas de operadores de la frontera.

Su experiencia la llevó incluso a estudiar Derecho para comprender el marco regulatorio que enfrentan las empresas y los conductores.

Hoy dirige un centro de capacitación autorizado por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes en Reynosa y calcula que ha contribuido a incorporar alrededor de 10 mil operadores al mercado laboral en Tamaulipas.

EL PROBLEMA NO ES ENSEÑAR, SINO ENCONTRAR ALUMNOS

Paradójicamente, la necesidad de conductores es enorme mientras disminuye el número de aspirantes.

Armandina recuerda que hace algunos años era común formar grupos numerosos. Actualmente, completar un grupo de 15 personas representa un reto.

“Si completamos 15 son muchos”, comenta al explicar que la matrícula ha disminuido de forma considerable.

La pandemia modificó el panorama laboral y atrajo temporalmente a profesionistas de distintas áreas hacia el autotransporte. Sin embargo, el flujo de nuevos operadores volvió a reducirse y la tendencia preocupa a quienes analizan las estadísticas del sector.

Durante décadas, ser operador era una tradición familiar. Abuelos enseñaban a padres y éstos transmitían el oficio a sus hijos.

La capacitadora considera que muchos padres ya no desean que sus hijos enfrenten los riesgos de la carretera, mientras que los jóvenes buscan empleos con horarios más estables y menor exposición a la inseguridad.

Los asaltos carreteros, los largos periodos lejos del hogar y las exigencias físicas del trabajo han reducido el atractivo de una actividad indispensable para la economía.

“Antes se transmitía de generación en generación; hoy ya no existe esa transferencia”, explica.

En los últimos años, Armandina ha impulsado programas para incorporar mujeres al autotransporte, uno de ellos fue el proyecto denominado “4×4”, respaldado por el Gobierno del Estado, además de iniciativas municipales como las Becas de Oficio, mediante las cuales se capacitó a un centenar de operadores.

Sin embargo, reconoce que aún existen obstáculos importantes para ellas, desde la falta de infraestructura adecuada en las carreteras hasta condiciones de seguridad que dificultan su incorporación.

Aún así, sostiene que la industria necesita abrir más espacios para las mujeres como parte de la solución al déficit de personal.

Uno de los errores más comunes, señala, es pensar que una escuela puede entregar un operador completamente preparado en pocas semanas.

Aprender a conducir un tractocamión implica dominar vehículos de grandes dimensiones, conocer normas de seguridad, aprobar exámenes psicofísicos y obtener una licencia especializada.

Después de la capacitación inicial, considera indispensable que las empresas reciban a los nuevos conductores y los integren a programas de entrenamiento con operadores experimentados.

“Nosotros formamos el prospecto, pero la empresa debe cerrar la pinza y terminar su preparación”, expone.

Para Armandina, el autotransporte es mucho más que una actividad comercial: es uno de los pilares que mantiene funcionando al país. Si el transporte se detiene, subraya, se paralizan las cadenas de suministro, la industria manufacturera, el comercio internacional y la distribución de productos básicos.

Por ello, propone una estrategia nacional en la que autoridades, cámaras empresariales, centros de capacitación y empresas trabajen de manera coordinada para atraer nuevos operadores mediante apoyos económicos, becas y programas de formación.

Después de 40 años formando conductores, su diagnóstico es claro: el mayor desafío ya no es enseñar a manejar un tractocamión, sino convencer a una nueva generación de que tome el volante. 

Mientras ese relevo no llegue, el déficit de operadores seguirá siendo una de las principales amenazas para el autotransporte en la frontera y para una actividad esencial en la economía del país.

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