En un bar de Helsinki, dos hombres jóvenes, un sirio y un iraquí, observan seriamente a un par de guitarristas mientras, en silencio, parecen preguntarse: “¿Qué diablos hago aquí?”.
La personalidad de Tonya Harding es fascinante: es una bella y virtuosa patinadora sobre hielo, con nivel olímpico, que vive en un estado permanente de crisis moral, en el que no sabe distinguir entre lo correcto y lo equivocado.
En una enorme mansión medieval, en la campiña italiana vive un hombre con su hijo pequeño, que ha enmudecido desde que murió su madre. Para remediar el mutismo del chico llega contratada la joven enfermera Verena (Emilia Clarke), que tiene un “don” curativo.
Para salvar al mundo se reúnen los superhéroes de DC, Batman, Mujer Maravilla, Flash, Cyborg y Aquaman, y conforman la Liga de la Justicia (Justice League, 2017).
Presentada como una cinta del subgénero de catástrofe, en realidad, la mayor hecatombe la representa la misma producción de altísimo presupuesto, que despilfarra recursos en una historia prácticamente inexistente, que transcurre en medio de espectaculares efectos especiales huecos.
En Blade Runner 2049 (2017), el futuro presenta un escenario atemorizante: la tecnología ocupa cada espacio, automatizando todos los procedimientos. La vida se hace más sencilla y confortable, pero las colectividades están conformadas por individuos aislados. Los nexos interpersonales son, prácticamente inexistentes.
La propuesta original de Stephen King, en su ya célebre novela It (Eso), indicaba que el miedo se alimenta del miedo y crece en dimensión y horror, cuando atrapa al individuo. La idea fue bien explotada con una miniserie de 1990, en la que Tim Curry representaba al grotesco payaso Pennywise, que subyacía en el inconsciente colectivo de una comunidad donde menudeaban las desapariciones de niños.
Voy a asumir ser el asesor en temas migratorios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para hacerle la siguiente propuesta y que la firme como orden ejecutiva en la Casa Blanca, ahora que anda bien desatado cancelando visas.
En ocasiones el problema no está en toda la casa, aunque desde afuera parezca que todo huele igual. En la Biblia, concretamente en el libro de Josué hay una historia que describe bien este ejemplo.