A mediados de 2007 conocí a Raúl Hernández Chavarría en un búnker que tenía en una colonia cercana a la casa de gobierno de Tamaulipas en Ciudad Victoria. Me citó para entregarle copias -hoja por hoja- de las pruebas sobre corrupción de Cabeza de Vaca que estaba publicando el equipo de reporteros de investigación de Hora Cero.
En coincidencia con el 38 aniversario de la medalla de oro del marchista Raúl González “El Matemático”, alcanzada el 11 de agosto de 1984 en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, me enteré de dos situaciones que me parecen absolutamente injustas.
Ante la casi segura incorporación de Santiago Nieto Castillo al gabinete de Américo Villarreal Anaya como titular de la Unidad de Inteligencia Financiera y Económica (UIFE) en Tamaulipas, me llamó la atención la invitación que hizo a la población para mandarle -a su correo electrónico-, pruebas de posibles actos de corrupción del agonizante gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca.
Creo que lo mejor que le puede pasar a Samuel García Sepúlveda es que termine el sexenio de Cabeza de Vaca en Tamaulipas, pues en lo personal se me atora en la garganta el chicharrón de la Ramos cuando los veo juntos placearse en Nuevo León.
Un día vi por la ventana irse a un señor que se hacía llamar nuestro papá. No recuerdo el año exacto, 1973 o 1974. Yo tenía nueve años y era el hermano de en medio. Tiempo después empezó a frecuentar la humilde casa de renta de Matamoros un señor de estatura pequeña. Tenía cierto parecido a Armando Manzanero.
El sábado 4 de junio por la tarde llegó la señora Lety Hernández, conocida en el barrio como “la güera”, a una casa de la colonia Pedro J. Méndez de Reynosa. Se identificó como responsable de manzana y fue directa en su propuesta al jefe de la familia: “Vengo a ofrecerle 500 pesos para que vote por ‘El truko’. Y le explicó cómo hacerle”.
Francisco García Cabeza de Vaca será el único culpable de su segura derrota en Tamaulipas el 5 de junio, pues tuvo la posibilidad de tener un mejor candidato que “El Truko”. Sin embargo su ambición lo hizo fracturar al PAN y amenazar a militantes de su partido a quienes siempre consideró sus enemigos incómodos.
Me puse mis audífonos y saqué unos cuantos cacahuates que tengo en un cajón de mi oficina. Me serví un vaso de agua porque no tomo refresco, y me preparé cómodamente a ver en mi oficina los 34 minutos del monólogo del gobernador de Tamaulipas.