A las cinco y media de la mañana perdí el sueño y no era la primera vez en mis 33 años de periodista. Insurgentes Sur estaba todavía a oscuras, silenciosa, enlutada. Cerca estaba la colonia Condesa, de rodillas por la furia sísmica, con sus edificios milagrosamente en pie y con las familias durmiendo en los camellones, mientras en la Del Valle todavía había esperanzas -aunque escasas- de encontrar vida.
El desastre del terremoto fue desolador, pero gracias a la cultura sísmica tuvo un menor registro de fallecidos que el de 1985, no obstante, la calamidad y el desasosiego que ha causado, difícilmente pueden describirse, al igual que el mismo espíritu de solidaridad nacional de hace 32 años.
La generosidad del pueblo matamorense se hizo presente, en los 12 centros de acopio instalados por el gobierno municipal, que a partir del lunes pasado recibieron donativos de alimentos y productos de primera necesidad, que serán enviados a los Estados de Chiapas y Oaxaca en solidaridad con nuestros hermanos damnificados por el terremoto.
En la región existe un déficit de al menos 10 mil operadores para la movilidad comercial, y es que la escasez de choferes de quinta rueda amenaza al autotransporte en la frontera.
Productores agrícolas de Reynosa y la región atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años. La falta de lluvias oportunas, los elevados costos de producción, la desaparición de programas de apoyo y los bajos rendimientos de las cosechas han provocado que miles de hectáreas permanezcan sin sembrarse.