Sembrar el grano rojo en la actualidad deja de ser rentable en Tamaulipas, específicamente en la región fronteriza donde productores enfrentan abandono del campo.
Después de unas placenteras vacaciones, donde la relajación, el descanso y la diversión son los protagonistas, es común que sea complicado retomar la rutina de trabajo, escuela y ocupaciones, por lo que puede presentarse el síndrome postvacacional.
El motor de la zona Centro de Reynosa no solo proviene de los comercios establecidos, pues entre sus calles, el comercio ambulante se ha consolidado como parte del paisaje cotidiano y una pieza clave de la economía local.
A 15 años de su inauguración, el recinto que se había convertido en el sitio favorito para la recreación familiar luce en su peor etapa, pese a las quejas recurrentes de los usuarios, la maleza y la basura forman parte del actual paisaje del lugar.
Papelerías locales y comerciantes se preparan para el regreso a clases, pero ansían más que solo ventas de temporada, pues están a la espera de que la actividad escolar se reactive: “las escuelas mueven todo, las ventas buenas son cuando los niños regresan a clases”.
Desde el inicio de la primavera las olas de calor no han dado tregua a la región, con días en que la sensación térmica de hasta 40 grados han alcanzado durante el verano.
Reynosa, la ciudad más poblada de Tamaulipas y el epicentro de la industria maquiladora, es el municipio con mayor número de casas abandonadas del estado: 29 mil 554 es la cifra según datos del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit).
Motivado no solamente por su gusto, sino por su pasión hacia el teatro, Luis Mario Flores lo ha convertido en su forma de vida, logrando a través de su compañía “Experiencias Creativas” poner en alto a Reynosa, tanto a nivel estatal, como nacional.
En la región existe un déficit de al menos 10 mil operadores para la movilidad comercial, y es que la escasez de choferes de quinta rueda amenaza al autotransporte en la frontera.
Productores agrícolas de Reynosa y la región atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años. La falta de lluvias oportunas, los elevados costos de producción, la desaparición de programas de apoyo y los bajos rendimientos de las cosechas han provocado que miles de hectáreas permanezcan sin sembrarse.