El edificio de Hora Cero, en Reynosa, se erige como un enorme ladrillo alargado color blanco, a un costado de la Carretera Ribereña. Su fachada está deslavada y pálida, con las ventanas del segundo piso clausuradas. En lo alto, se despliega el enorme anuncio de letras rojas que alguna vez se encendían por las noches, y que ahora están permanentemente apagadas.
Conocí a Javier Ramírez Nava hace treinta años, en la época en que era un fumador compulsivo y de hábitos singulares. En su escritorio de Prensa de Reynosa, a un lado de la Macintosh donde escribía, había un cenicero atiborrado de cigarros Benson & Hedges dorados extralargos. Pero cada uno estaba consumido a la mitad. Adivinaba que la tensión que le provocaba la conducción diaria del periódico, lo hacía que prendiera un cigarro tras otro. Pero, de pura ansiedad, los apagaba a medio consumir. Y así, en cada jornada se echaba a los pulmones dos cajetillas que, para efectos prácticos, eran una.
En la región existe un déficit de al menos 10 mil operadores para la movilidad comercial, y es que la escasez de choferes de quinta rueda amenaza al autotransporte en la frontera.
Productores agrícolas de Reynosa y la región atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años. La falta de lluvias oportunas, los elevados costos de producción, la desaparición de programas de apoyo y los bajos rendimientos de las cosechas han provocado que miles de hectáreas permanezcan sin sembrarse.