El edificio de Hora Cero, en Reynosa, se erige como un enorme ladrillo alargado color blanco, a un costado de la Carretera Ribereña. Su fachada está deslavada y pálida, con las ventanas del segundo piso clausuradas. En lo alto, se despliega el enorme anuncio de letras rojas que alguna vez se encendían por las noches, y que ahora están permanentemente apagadas.
Conocí a Javier Ramírez Nava hace treinta años, en la época en que era un fumador compulsivo y de hábitos singulares. En su escritorio de Prensa de Reynosa, a un lado de la Macintosh donde escribía, había un cenicero atiborrado de cigarros Benson & Hedges dorados extralargos. Pero cada uno estaba consumido a la mitad. Adivinaba que la tensión que le provocaba la conducción diaria del periódico, lo hacía que prendiera un cigarro tras otro. Pero, de pura ansiedad, los apagaba a medio consumir. Y así, en cada jornada se echaba a los pulmones dos cajetillas que, para efectos prácticos, eran una.
A mediados de la quincena de mayo, en Reynosa se registró un destape predestinado en pro de la senadora Maki Ortiz Domínguez, como virtual candidata a gobernadora de Tamaulipas.
Voy hacia los 38 años en el periodismo y no sé por dónde empezar para enumerar por qué estoy tan satisfecho en haber elegido esta carrera profesional, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL.
Estaba un día El Apuntador contando cuántos días faltan para el inicio del Mundial de Futbol 2026, para ver en dónde sale más barato comprar su playera de la Selección de México, porque una cosa es que el grupo de jugadores dirigido por Javier Aguirre no gane más que para puras vergüenzas y no se esperen grandes cosas en esta justa futbolera, y otra es que no dejemos de apoyar poniéndonos la verde.
El pasado 15 de mayo la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el lanzamiento del llamado “Detector de Mentiras Extendido”, un programa semanal encabezado por la consejera jurídica Luisa María Alcalde, la explicación oficial sostiene que las aclaraciones de los miércoles en la conferencia matutina “dejan mucho tiempo” para que circulen noticias falsas o imprecisas. Pero detrás de este nuevo despliegue de recursos públicos no parece existir un genuino combate a la desinformación, sino algo mucho más terrenal: la desesperación por contener un descontento digital que ya no pueden administrar desde Palacio Nacional.
“La deuda es de 10 billones de pesos. Nada más para pagar el servicio de esa enorme deuda tenemos que destinar del presupuesto alrededor de 800,000 millones de pesos. Por eso ya no va a aumentar la deuda pública. Ese es nuestro compromiso”, expresó el expresidente Andrés Manuel López Obrador cuando tomó protesta el 1 de diciembre de 2018 en la Cámara de Diputados.