El 2 de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador fue electo presidente con la defensa, entre otras causas, de la austeridad republicana, la abolición de privilegios, la justa medianía juarista de los funcionarios y el combate a la corrupción y la impunidad. “Bajo ninguna circunstancia, el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares. Un buen juez por la casa empieza”, expresó esa noche en el Zócalo de la Ciudad de México.
El 28 de diciembre de 2018, durante su conferencia mañanera, AMLO manifestó: “Miren, en el país, y esto ya debe quedar claro, un negocio jugoso, ilícito, siempre lleva el visto bueno del presidente; lo mismo en los estados. Ya basta de hipocresía, ¿para qué echarle la culpa nada más al de Obras Públicas? Si el gobierno funciona mal es porque no está bien de arriba para abajo. Entonces, ya basta con eso, vamos a cambiar. Hay sus niveles. ¿Cómo un presidente no se va a dar cuenta de lo que está haciendo un secretario, de lo que está haciendo un director general? Y qué, ¿vamos a seguirles el juego de estar sólo exhibiendo, supuestamente castigando, combatiendo la corrupción con chivos expiatorios, que es lo que se ha hecho en todo el periodo neoliberal?”.
El 28 de julio de 2019, López Obrador externó: “Llegamos de México a Tuxtla en avión comercial. Ya no hay avión presidencial. ¿Cómo usar el avión de lujo? Hay mucha pobreza en México. Ningún funcionario puede usar avión ni helicóptero privado. Usaban helicópteros para ir a jugar golf. Llegué en vuelo de Interjet de la Ciudad de México a Tuxtla, y de ahí por tierra. Fuimos a dormir a Matías Romero. Todo por tierra. Por tierra nos vamos a regresar. Así es como nos damos cuenta cómo están los caminos”.
El 4 de mayo de 2025, el partido Morena celebró su primer Consejo Nacional bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien envió un documento ético-político que fue leído por la entonces presidenta del partido, Luisa María Alcalde, hoy consejera jurídica del Gobierno de México.
En el punto número 2 de su carta, la presidenta puntualizó: “Todos los militantes de Morena deben conducirse con honestidad, humildad y sencillez. La parafernalia del poder es del pasado de corrupción y privilegios, no de Morena. No caigamos nunca en la frivolidad, en el consumismo y la ambición por el poder y el dinero. No es de nuestro movimiento viajar en aviones o helicópteros privados, o tener como anhelo portar ropa de marca, o tratar mal a las personas, o andar con guardaespaldas y un séquito de camionetas para ir de un lado a otro, o comer en restaurantes caros”.
En el punto número 8, Sheinbaum precisó: “Los gobiernos emanados de Morena deben garantizar la austeridad republicana y la cercanía con el pueblo, así como el principio de que, por el bien de todas y todos, primero los pobres”. Y en el punto 9 del documento sentenció: “No puede haber colusión con la delincuencia, ni organizada ni de cuello blanco”.
Durante ocho años, los políticos de Morena nos han vendido la idea de que son superiores moralmente; se han presentado como políticos con ética, austeros, que desprecian la corrupción, sin ambición por el dinero y los lujos.
Pero, desde que llegó Claudia a la presidencia, se han destapado los excesos que iniciaron con el obradorismo, como lo son el huachicol fiscal, con un daño al erario por 600 mil millones de pesos; la megafarmacia, de 15 mil millones de pesos, que ahora es solo una bodega abandonada; el sobrecosto e inviabilidad financiera del Tren Maya; el desfalco de Segalmex, donde se desviaron cerca de 15 mil millones de pesos; el fracaso de Mexicana de Aviación y Gas del Bienestar, y la corrupción en aduanas terrestres y marítimas que han manchado a la Marina y a la Guardia Nacional.
El escándalo por el caso Rocha Moya, quien es requerido por la justicia norteamericana; la detención del exsecretario de Seguridad de Tabasco cuando gobernó Adán Augusto López, a ambos AMLO llamó “sus hermanos”; los audios de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, quien busca negociar y dar información de las mesas de seguridad a las agencias de los Estados Unidos a cambio de que le regresen su visa; los viajes en aviones privados a Orlando y Vail de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, quien expresó que los usaba porque tenía que combinar su vida pública y su rol como mamá.
La vida que ahora se da Gerardo Fernández Noroña —viajero frecuente de primera clase, que dejó las vecindades por una casa de 12 millones de pesos en Tepoztlán— y los viajes al extranjero de altos funcionarios, así como de los hijos de AMLO, a quienes se les ha visto en hoteles VIP y comprando en tiendas de marca “fifí”.
También se ven gobernadores, alcaldes y altos funcionarios que se mueven con escoltas y en convoyes de camionetas “machuchonas” de reciente modelo.
Y es así como las recomendaciones de austeridad, honestidad y cercanía con el pueblo —de AMLO y Sheinbaum— quedaron en papel. Los hechos las desmienten. Morena dejó de ser “La Esperanza de México” para convertirse en todo aquello que prometió combatir. Y lo que falta por verse.
