El fácil acceso a medicamentos para bajar de peso y la viralización de sus bondades en redes sociales alientan el regreso de conductas peligrosas y trastornos alimenticios. Sus efectos hoy son visibles en celebridades que lucen extremadamente delgadas, y de seguir esta tendencia, esta moda pronto impactará a la sociedad en general.
Reynosa, Tamaulipas
Se dice que la moda es cíclica y actualmente están regresando muchas de las tendencias que veíamos en la televisión y las revistas en los primeros años de la década de los 2000.
Blusas ombligueras, cejas delgaditas y cuerpos extremadamente delgados están volviendo a acaparar los titulares en los medios de comunicación.
En esa época, Ana y Mía (anorexia y bulimia) eran una práctica de moda entre las adolescentes que buscaban a toda costa ser lo más delgadas que fuera posible, y esta conducta era respaldada por los medios que bombardeaban a las jóvenes con dietas restrictivas, anuncios de comida baja en calorías y tallas muy pequeñas en los aparadores de prendas.
En la actualidad, esta peligrosa tendencia está volviendo a relucir, sin embargo, en el 2026 la causa de la extrema delgadez no proviene solamente de restricciones alimenticias, también del abuso en el consumo de medicamentos GLP-1 sin la supervisión de ningún especialista.
Endocrinólogos, nutriólogos y psicólogos han empezado a abordar esta tendencia antes que llegue a convertirse en un problema de salud pública y buscan evitar que las imágenes extremadamente delgadas de artistas como Ariana Grande o Jenna Ortega se repliquen en las jóvenes reynosenses.


¿Que son los GLP-1?
De acuerdo con la fundación Diabetes Cero, los medicamentos GLP-1 “son fármacos que imitan la acción de las hormonas incretinas, es decir, de las hormonas que secreta el intestino de manera natural cada vez que comemos”.
Estos productos están diseñados para permanecer activos durante varios días enviando al cerebro una señal constante de saciedad. “el apetito disminuye, se come menos casi sin esfuerzo y el organismo controla mejor la glucosa”.
Entre los más populares se encuentran la Semaglutida (Ozempic para la diabetes y Wegoby para la obesidad), y la Tirzepatida (Mounjaro). Actualmente están a la venta sin necesidad de receta médica y su precio varía desde los 1,200 hasta los 3,000 pesos por dosis.
Originalmente, estos productos estaban destinados a personas que padecen diabetes u obesidad con un Índice de Masa Corporal superior a 30, sin embargo, con el paso del tiempo su uso se popularizó en personas con sobrepeso, muchas de las cuales lo utilizan sin supervisión médica.


El riesgo del consumo no supervisado
La información de Diabetes Cero indica que entre los principales resultados adversos del uso no supervisado de medicamentos GLP-1 se encuentran cuadros de hipoglucemia, cetoacidosis, problemas digestivos persistentes, posibilidad de pancreatitis aguda o problemas biliares como colelitiasis o colecistitis.
Pero hay otros problemas que pueden llegar a ser tomados como algo positivo por quienes consumen estos productos.
Uno de ellos es la falta de apetito por un tiempo prolongado, lo que lleva a que el cuerpo queme las reservas de energía y la perdida de peso sea más rápida, llevando al paciente a una anorexia involuntaria.
La Licenciada en Nutrición, Claudia Munguía Cisneros, explicó que al utilizar estos medicamentos la señal del hambre desaparece por lo que el paciente olvida ingerir suficientes alimentos durante el día. Esto lo expone a diferentes complicaciones aunque no tenga un trastorno alimenticio como tal.
“La anorexia ahorita se presenta más por este boom de los fármacos, de los análogos de GLP-1, que ahorita sabemos que se están utilizando sin un control, sabemos que los están utilizando no nada más las personas que tienen diabetes, sino personas que buscan el control del peso. Este medicamento, como suprime tanto el apetito, a los pacientes se les olvida comer”.
“Es como si el chip, su instinto de comer para sobrevivir, se apagara totalmente”, añadió.


Obsesión por perder kilos pese al peligro
Detectar esta pérdida acelerada de peso puede encender un foco rojo en algunas personas y llevarlas a buscar ayuda profesional para controlar su situación y no exponerse a riesgos innecesarios, pero en otros, puede incentivarlos a seguir consumiendo los medicamentos para continuar perdiendo kilos en el menor tiempo posible.
Munguía Cisneros señaló que hasta el momento no ha recibido ningún paciente en estado de anorexia, pero sí personas con un marcado descenso de peso y pérdida de masa muscular.
Al recomendarles acudir a un Endocrinólogo para analizar las consecuencias del consumo de GLP-1 y recomendarles ajustes a su régimen alimenticio para frenar los efectos adversos, ha encontrado a pacientes que se niegan a hacer estas modificaciones, pues la delgadez lo es todo para ellos.
“Es una negativa a dejar el medicamento porque ven resultados y a veces ante esa meta es difícil hacer conciencia, no lo quieren dejar; me ha tocado trabajar con médicos que les cambian el tipo de fármaco, les cambian la dosis y van mejorando, van tolerando mejor los alimentos, pero es un trabajo multidisciplinario que se tiene que hacer, y me ha tocado pacientes que no comen, que dan una comida al día, y vemos pérdida de músculo, pero es tanta la emoción del paciente de ver que está bajando de peso, es este trastorno de la imagen, que a veces los pacientes no lo quieren soltar”, lamentó la nutrióloga.
La motivación a continuar consumiendo medicamentos para alcanzar la delgadez no proviene solamente de los deseos particulares de cada paciente, en la mayoría de los casos esta aspiración proviene de la idealización de la imagen que predomina en los medios de comunicación y las redes sociales.
Es ahí donde surgen tendencias como el ayuno intermitente, los jugos detox, el consumo de licuados de proteína en lugar de alimentos sólidos, la satanización de alimentos como los carbohidratos o el consumo de suplementos alimenticios para la eliminación de síntomas sin averiguar el origen de los mismos.
La necesidad de pertenecer a lo que los medios digitales promueven como estándar de belleza, lleva a las personas a mantener conductas autodestructivas, y aunque puede afectar a la población en general, son las generaciones jóvenes las que son más vulnerables a estos trastornos.
La Doctora en Psicoterapia Humanista Gestalt, Artemisa Ávila Tovías, destacó que la necesidad de pertenecer ha llevado históricamente a la humanidad a normalizar conductas de riesgo, y a pesar de que en la actualidad hay mayor acceso a la información, el riesgo sigue existiendo.
“El ser humano siempre anda buscando identificarse. Ahorita la captura tecnológica hacia el cerebro o hacia las necesidades de un ser humano para sentirse satisfecho, cada vez elevan más esta exigencia que un hombre o mujer se empieza a crear para poderse sentir aceptado; sí hay una influencia muy importante de todo lo que tiene que ver con el aspecto tecnológico y social para esta exigencia que lleva una persona al extremo, de tomar medidas muy restrictivas en relación a su alimentación o a su autocuidado para cumplir con identificarse y pertenecer a algún grupo.
Psicología tras los trastornos alimentarios
De acuerdo con Ávila Tovías, existen ciertos rasgos de la personalidad que hacen que una persona sea más vulnerable que otra de desarrollar trastornos alimenticios.
Las personas con rasgos neuróticos como preocupación excesiva, pensamiento rumiativo, autocrítica severa, somatización, búsqueda constante de validación o que están enfrentando una crisis de identidad, suelen ser las más susceptibles a desarrollar trastornos alimenticios como la anorexia nerviosa, bulimia o vigorexia.
“El trastorno alimenticio representa una especie de castigo psicológico y regularmente son personas que traen un fondo, sobre todo en las primeras etapas de vida, donde el núcleo donde crecieron fue muy auto exigido, donde hubo muchas prohibiciones, hubo muchos señalamientos con adjetivos que los descalificaron en algún determinado momento”, señaló.
Agregó: “He tenido casos de jovencitas aquí en Reynosa donde se las han tenido que llevar a clínicas especializadas, así como los adictos, a una recuperación profunda, porque experimentaron con dietas, con ejercicio y siguieron sin alimentarse, y llegaron a la etapa de la desnutrición o precisamente a los rasgos de la anorexia y de la bulimia que son los extremos, el dejar de comer, o el comer y después hacerse daño torturándose, devolviendo la comida desde la culpa de lo que hice”.
Destacó que la adolescencia y los veintes, son la etapa en que se es más vulnerable a desarrollar estos problemas de salud. A partir de los treintas, los compromisos de la vida adulta llevan a las personas a generar otros síntomas cuando están inconformes con su composición corporal o están obsesionados por perder peso; en este rango de edad es más común desarrollar ansiedad que caer en conductas autodestructivas, sin embargo, no significa que los adultos estén exentos de desarrollar anorexia nerviosa.


Comunicar para prevenir
Ambas especialistas coincidieron en que la mejor manera de prevenir los trastornos alimenticios es priorizando la sana comunicación entre la familia y las amistades.
La Psicoterapeuta Artemisa Ávila enfatizó en que los padres de familia deben promover una comunicación asertiva con sus hijos no solo para brindarles la confianza de acercarse a ellos cuando estén enfrentando un conflicto; el uso de adecuado de las palabras puede evitar que los infantes desarrollen complejos que más adelante los encaminen a un trastorno alimenticio.
“Hay que observar la calidad de nuestro lenguaje emocional hacia ellos, cómo les hablamos, cómo nos dirigimos a nuestros hijos que son menores y que están en un proceso de desarrollo y de crecimiento, absorbiendo todos los mensajes que están en el entorno y que forman parte de su identidad, para que después, cuando estén buscando fortalecer esa identidad, no pretendan parecerse a alguien que no son”.
Además, cuando se lleguen a diagnosticar padecimientos como la anorexia y la bulimia, no solo el paciente debe acudir a terapia, es indispensable que la familia también busque orientación para ayudar efectivamente a su ser querido.
“También la familia tiene que entrar a un proceso de rehabilitación porque no saben acompañar a sus hijos en esas situaciones, porque piensan que es una chiflazón, que es un berrinche, algo que va a pasar y que van a recuperarse, y desgraciadamente no. Aquí hay pacientes que sí llegan con trastorno de alimentación, pero resulta que traen TDA, que traen un trastorno de personalidad limítrofe, que traen cambios muy extremos en sus estados de ánimo y que los papás no se habían dado cuenta”.
Pero sobre todo, es primordial que ante cualquier deseo de hacer cambios en la alimentación y la composición corporal se busque comunicación con especialistas como nutriólogos,
endocrinólogos o hasta bariatras, dependiendo de cada situación.
Es posible que los médicos sí aprueben el uso de medicamentos GLP-1 para alcanzar el objetivo del paciente, sin embargo, antes de recetarlos habrán realizado análisis clínicos para conocer el estado actual del paciente, para conocer padecimientos previos, estilo de vida, gustos alimenticios y hasta la situación económica. Y aunque los efectos físicos sean los deseados, el paciente debe notificar a sus especialistas cualquier síntoma extraño, entre ellos la pérdida total del apetito.
“Lo que les recomiendo es hacerlo de una manera equilibrada. Si vamos a hacer ejercicio, escuchar a nuestro cuerpo, si tenemos un dolor que sea un dolor tolerable, normal del ejercicio, pero una fatiga extrema no es correcta. Y en cuestión de energía, si no me da la energía necesaria para mi día, para mis actividades, pues quiere decir que algo me está faltando. No caer en los extremos, siempre buscar el equilibrio, un método que sea sostenible, que podamos compartir con la familia, es la manera más saludable para poder corregir nuestros problemas o nuestra composición corporal”, enfatizó Munguía Cisneros.
Todo parece apuntar a que la moda de la delgadez se apoderará de nueva cuenta de todos los medios, sin embargo, debemos aprovechar las tecnologías disponibles en la actualidad para buscar información de especialistas certificados y estudios científicos que nos ayuden a prevenir y evitar que las nuevas generaciones experimenten las consecuencias, a veces fatales, que traen consigo Ana y Mía.
