“Ayudando a los pobres va uno a la segura, porque ya sabe que cuando se necesite defender, en este caso la transformación, se cuenta con el apoyo de ellos, no así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad. Entonces no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”, dijo el 4 de enero de 2023 en Palacio Nacional el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su conferencia mañanera.
Las palabras de quien en ese momento gobernaba como “un rey” al país eran claras: su estrategia de ayudar a los pobres era más política que producto de una convicción humanista. Ese mismo día dijo que para transformar necesitaba una base social sólida. Es decir, tenía que comprar conciencias a base de dinero, y no por la vía de los buenos resultados. Lo que se traduce en populismo, demagogia y clientelismo político.
En 2019, el gobierno federal destinó 291,525 millones de pesos a los programas sociales; en 2022, el gasto era de 447,129 mdp; para 2024, año electoral por la Presidencia de la República, el gobierno dispersó en transferencias directas 745,813 millones de pesos.
Para lograr ese objetivo, el gobierno de la autollamada “Cuarta Transformación” recurrió a endeudar al país, pasando la deuda de 10.3 billones de pesos en 2019 a más de 18 billones de pesos actualmente. Ese dato es importante porque en 2018, último año del sexenio del priísta Enrique Peña Nieto, el costo financiero de la deuda pública fue de 453 mil millones de pesos (2.0% del PIB), y en contraste, para este 2026 se tiene contemplado un presupuesto para pago de deuda de casi 1.6 billones de pesos (4.1% del PIB). Lo cual se traduce en un aumento nominal de 250%, equivalente a más de 4,300 millones de pesos diarios solo en el servicio de la deuda para este año.
Con la llegada de Claudia Sheinbaum al poder, los programas se han aumentado y el presupuesto sigue creciendo. En 2025 se ejercieron 850,000 millones de pesos y para este 2026 se destinará 1 billón de pesos.
El tema es preocupante, ya que los programas sociales de este nuevo régimen son universales, es decir, los pueden solicitar personas de clase baja, media y alta. Al respecto, un 90% de los adultos mayores de México reciben la pensión del Bienestar. Actualmente, el programa llega a poco más de 13.5 millones de beneficiarios, los cuales reciben 6,400 pesos al bimestre, es decir, 38,400 pesos anuales, algo así como 105 pesos diarios.
El problema es que solo alrededor de 8.5 millones, según datos del CONEVAL, pertenecen a la clase baja; el resto, 5 millones, son de clase media y alta.
Para este 2026, el programa de pensión para adultos mayores destinará 526,508 millones de pesos, de los cuales 180,000 millones se irán a sectores de clase media y alta, personas que tienen pensiones contributivas, AFORES, negocios y riqueza, y a quienes 105 pesos diarios no les cambian la vida.
Ante eso, hay mejores opciones: invertir ese dinero en educación de calidad, salud pública eficiente o infraestructura para la competitividad del país. Además, se podrían aumentar aún más las pensiones del Bienestar para los adultos mayores que más lo necesitan, los más pobres, a quienes ese recurso sí les cambia la vida.
Podríamos seguir desglosando las cifras que demuestran que los programas sociales son clientelares y que no son focalizados. Podríamos seguir documentando todo el recurso que se va en otros programas sociales del gobierno a sectores de clase media y alta, una de las razones por las cuales la pobreza extrema no baja en el país, ya que atender ese sector lleva más trabajo social y, además, no votan. Al gobierno federal se le hace más fácil entregar por todo el país tarjetas de débito, que más bien son tarjetas de crédito, ya que todo ese recurso se está financiando con nueva deuda.
A ocho años del gobierno que llegó al poder con la bandera de “primero los pobres”, aún hay en México 7.0 millones de personas en pobreza extrema. Además, ¿de cuál transformación hablan cuando aún hay 3.7 millones de niños en condición de trabajo infantil y miles de personas en situación de calle? ¿Cuál humanismo?
El problema es que los gastos del gobierno siguen creciendo, y el PIB en 2025 solo creció 0.8%; a ese ritmo será insostenible mantener los egresos del gobierno federal y el descontrolado déficit fiscal, que ocasionará que la deuda siga creciendo.
Morena, un partido que se está autodestruyendo por ambiciones personales, corrupción, soberbia de sus miembros y falta de una visión clara de país, sabe que lo único que lo sostiene en el poder son los programas sociales y seguirá gastando en ellos de manera descontrolada. Además, le ayuda que en México haya una oposición fragmentada, sin una hoja de ruta, con muchos personajes de baja calidad moral y política, y que además, cuando estuvieron en el poder, dejaron mucho que desear.
México necesita seguir combatiendo las desigualdades y la pobreza, apoyar a quienes más lo necesitan; eso es humanismo, ya que solo el gobierno lo puede hacer. Pero no se puede seguir quemando el dinero de manera clientelar; hay que apostarle también al crecimiento del PIB, a la inversión pública en infraestructura para mejorar la competitividad, destinar mayores recursos a la verdadera educación de calidad, con más escuelas técnicas y de ingeniería, y a un país que destine mayores recursos a la innovación, ciencia y tecnología. Los jóvenes de México quieren oportunidades, empleos bien pagados y también el apoyo para poder emprender negocios.
El oficialismo y la presidenta Sheinbaum deben ya dejar a un lado la destrucción de instituciones y del marco legal, además del adoctrinamiento y la ideologización, y dejar de hablar diariamente de Calderón, García Luna, la oposición, el pueblo, la soberanía y demás palabras retóricas del manual del populismo, para empezar a hablar de una visión a largo plazo, de proyectos sustentables, del apoyo al campo, a emprendedores y a las MiPyMEs, de unidad nacional, de la importancia de bajar la deuda y de que el PIB crezca, y sobre todo de un combate frontal a la corrupción morenista que tanto daño le está haciendo al país.
Claudia tiene el talento y una oportunidad de oro, pero debe decidir si sigue polarizando y nadando con la corriente o en verdad quiere llevar al otro nivel al país y a su gente. AMLO pudo y no lo hizo; pero ella aún puede.
