Cuando se abrió la cortina de acero de la entrada no había nada ni nadie; después de traspasarla y voltear a la derecha, en la primera puerta estaba un reducido grupo trabajando en la edición de marzo de 1998. El segundo parto de Hora Cero.
Nunca había vivido en Reynosa. Si acaso conocía la vieja Central de Autobuses cuando el autobús hacía su parada rumbo a Monterrey donde estudiaba la carrera de comunicación en la UANL.
Un día de enero de 1998 llegó el profesor y periodista José Luis Esquivel a un pequeño restaurante de comida italiana de mi propiedad, y de reciente apertura en Monterrey por el rumbo del Obispado. Estaba decepcionado del periodismo tras mi regreso de Italia, tres años antes, como corresponsal internacional, que quise refugiarme entre las pizzas y las pastas. Pero esa distracción culinaria me duró poco tiempo.
Nunca debes de confiarte aunque estés siempre activo haciendo ejercicio, cuidando tu alimentación y procurando no tener kilos de más. Desde los 53 años soy hipertenso controlado, y cuando en diciembre llegué a mis 59 creí que mi salud era casi óptima, de super héroe, pero bastó ir al IMSS a un trámite de papeleo cuando me confirmaron una presión descontrolada que va en vías de estabilizarse al cambiarme el medicamento.
En sus últimos días como funcionario federal se detuvieron a líderes de los diferentes grupos del narcotráfico en el país, entre ellos a Ovidio Guzmán. Días después Ricardo Mejía Berdeja fue arropado por el PT como su pre candidato a la gubernatura de Coahuila ante el desaire de Morena.
Muy pocos saben que Francisco Javier “El Gordo” Nava regresó a Reynosa a ser director editorial de un periódico (El Mañana) cuando allá por 2004 Heriberto Deándar me preguntó si conocía un perfil para ocupar ese puesto en el influyente diario propiedad de su familia.
Un día del verano de 1973 el taxi que rentó mi mamá Angelita tomó carretera de Torreón, Coahuila, rumbo a Matamoros, Tamaulipas. A bordo íbamos mis cuatro hermanos, mis abuelitas Licha y Tina y yo, de nueve años. Fue un viaje muy triste porque estábamos seguros que nunca más regresaríamos a vivir a la ciudad que nos vio nacer, donde cada Navidad fuimos inmensamente felices.
Una tarde de caluroso diciembre de 2021, viajando por carretera en familia hacia San Luis Potosí, me pregunté: ¿qué edad se imaginarán mis hijos que tengo?
Porque saltamos juntos sobre las olas como si tuviera 15 años, corro como de 20, bajo las resbaladillas como de 25, subo veredas como de 30, y juego con ellos a ser dinosaurios como si volviera a ser niño.