Lo mejor está por verse en seis meses y hasta el 1 de julio del año próximo. La consigna será, guardando todas las proporciones, aplastar, descarrilar, tumbar y hasta despedazar políticamente a Andrés Manuel López Obrador en la carrera presidencial hacia Los Pinos.
Para los que andan diciendo que los priistas son “bien disciplinados” y ya aceptaron y arroparon a José Antonio Meade como su próximo candidato a la presidencia, va un poco de memoria:
El círculo más cercano al gobernador Jaime Rodríguez Calderón sabe bien que la marca independiente no goza de muy buena salud, pero que tampoco está agonizando o en terapia intensiva. Simplemente no pasa por su mejor momento en cuanto a buena condición para resistir una competencia de fondo, como la que ganó en 2015.
La esperada resolución final sobre el ganador de la elección a gobernador en Coahuila desnuda en cuerpo completo lo que siempre se ha dicho: la vergonzosa injerencia de los partidos políticos en los órganos electorales del país nombrando consejeros o magistrados que responden a sus intereses.
Asunto político o no -aunque en política no hay casualidades y menos cuando en 2018 se juega la presidencia de la República-, siempre he sostenido que fue un error que Andrés Manuel López Obrador y MORENA se hayan aliado con el Partido del Trabajo (PT) para las elecciones de 2018.
Eugenio Hernández Flores cometió varios pecados de monaguillo: el principal es no haberse auto exiliado y abandonado Tamaulipas el último día que fue gobernador en 2010, pero sobre todo cuando el año pasado el PRI perdió la gubernatura y creyó que sería intocable en el gobierno del PAN.
A las cinco y media de la mañana perdí el sueño y no era la primera vez en mis 33 años de periodista. Insurgentes Sur estaba todavía a oscuras, silenciosa, enlutada. Cerca estaba la colonia Condesa, de rodillas por la furia sísmica, con sus edificios milagrosamente en pie y con las familias durmiendo en los camellones, mientras en la Del Valle todavía había esperanzas -aunque escasas- de encontrar vida.
En agosto de 1981 tomé un autobús hacia Monterrey porque quería estudiar ciencias de la comunicación y un día convertirme en periodista. La prensa escrita me llamaba la atención; en la casa de Matamoros, Tamaulipas, todos los días leía el periódico y en las noches me dormía viendo los noticieros.
Mediante boletín publicado el día 15 de junio del año en curso, el Morena dio a conocer que la Comisión Nacional de Elecciones es la encargada de proponer al Comité Ejecutivo Nacional las convocatorias y organizar los procesos electorales internos. O sea, es quien recibirá, analizará, valorará y calificará las solicitudes de todos aquellos que pretendan participar como candidatos en los procesos de insaculación (una manita santa, dicho de otra forma).
Por su ubicación geográfica, Tamaulipas ha sido, prácticamente desde siempre, un dominio de grupos de poder que dificultan el ejercicio democrático. Con escasas excepciones, el interés personal o de camarilla se impone sobre la voluntad popular. Con harta frecuencia se repite la voz venida desde la época colonial, “lo que el amo diga”, dejando de lado los principios que han hecho del hombre el ser superior: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Estaba un día el Apuntador haciendo unas banderitas de papel de China con los colores de México adornar y poner un poquito de ambiente mundialista, ya que si se han dado cuenta en la frontera prácticamente ha pasado desapercibido este evento, que, hablando deportivamente, es el más importante a nivel mundial y México tiene el honor de ser sede (junto a Estados Unidos y Canadá) por tercera ocasión, algo que no todos los países pueden presumir.
Con una parte del Mundial de Futbol desarrollándose en casa y nuestra Selección Nacional sumando ya dos victorias consecutivas al momento de que escribo esta columna, el ánimo colectivo anda por las nubes. Por fin tenemos un tema capaz de unir a medio país sin necesidad de insultarnos en redes sociales. Ahora se entiende mejor por qué, desde el arranque del torneo, el gobernador de Nuevo León Samuel García, decidió declararse en "Modo Party".
El 1 de octubre de 1949, luego de 22 años de guerra civil, Mao Zedong llegó al poder tras derrotar a las tropas nacionalistas del Kuomintang, lideradas por Chiang Kai-shek, e instauró la República Popular China, un gobierno comunista inspirado en el marxismo.