Vocación que salva vidas

Paramédicos voluntarios de la Cruz Roja Reynosa comparten su experiencia sobre esta labor que combina compromiso, vocación y preparación constante.

Ser paramédico en una ciudad como Reynosa puede ser algo desafiante, al ser una localidad en donde la gente vive a alta velocidad para cumplir con sus múltiples actividades; el riesgo de accidentes por día es incalculable, lo que puede hacer de un turno una jornada de trabajo extenuante.
A la cantidad de reportes diarios se suman complejidades como el clima extremo, las situaciones de riesgo y las condiciones de las unidades de emergencia que no está en manos de los rescatistas resolver.
Pero nada de eso es un obstáculo cuando tu vocación es entregar tus habilidades para ayudar al prójimo a salvar su vida.
A continuación, conoceremos las historias que algunos de los paramédicos de la Cruz Roja narraron a Hora Cero con el objetivo de concientizar a la población sobre el sacrificio que en ocasiones implica su labor y que al conocer sus experiencias, sean más empáticos cuando crucen camino con ellos.


 
EL DÍA A DÍA DE UN PARAMÉDICO
En un típico día de turno en la Cruz Roja, Mirosalba Castillo Sánchez inicia su jornada desde las 05:30 horas para tener el tiempo de prepararse y convivir con su familia antes de ingresar a un horario en el que estará concentrada únicamente en su misión de salvar vidas.
Si bien su única hija ya es mayor de edad y puede valerse por sí misma, Mirosalba siempre encontró la manera de equilibrar la vida privada con la profesional.
Una vez instalada en su centro de trabajo, las preocupaciones personales pasan a segundo plano ya que la atención debe estar al cien por ciento en ayudar al paciente.
Dejar de lado las emociones es una habilidad que poco a poco deben pulir y que es vital para desempeñar su trabajo de forma eficiente; por su personalidad positiva, Mirosalba ha logrado rápido este equilibrio que le ha permitido desempeñarse por 25 años como socorrista voluntaria.
Todos los turnos son distintos, algunos más ajetreados que otros, pero en cada uno de ellos las emociones se viven a flor de piel.
Cuando hay poco trabajo, aprovecha para estudiar junto a sus compañeros de turno, para hacer algo de ejercicio o bien para descansar hasta que llegue el primer llamado.
Con la alerta de un reporte, las actividades internas se pausan, los paramédicos toman sus herramientas y abordan la ambulancia para salir rumbo a la zona cero. Durante el llamado se les informa el tipo de emergencia, cuántas personas están involucradas y cuáles lesiones son visibles, por lo que durante el trayecto van formulando un plan de acción para aplicarlo en cuanto bajen de la unidad.
Cabe destacar que antes de salir a atender la situación los mandos policiales deben asegurarles que la zona está fuera de peligro, pues es imposible auxiliar a un tercero cuando su propia vida está en riesgo.
Una vez en el lugar de los hechos, los paramédicos descienden de la ambulancia y si los heridos están conscientes les realizan algunas preguntas, esto les ayuda a conocer más sobre su condición, sobre padecimientos preexistentes y a distraerlos de su realidad para que soporten el dolor de las lesiones.
En ocasiones su trabajo es relativamente sencillo y tras la toma de signos vitales realizan algunas acciones para estabilizar al paciente y trasladarlo, sin embargo, hay otras situaciones donde deben realizar maniobras para extraer a personas prensadas, realizar procedimientos para detener hemorragias, y en general luchar contra corriente para lograr el salvamento.
Una vez estabilizado, el paciente es llevado al hospital que le corresponde para recibir una atención más completa y el ciclo reinicia.
En las emergencias que siguen atendiendo en el transcurso del turno mantienen comunicación con los camilleros de los hospitales y en la mayoría de las ocasiones tienen la oportunidad de seguir la evolución de sus pacientes, sintiendo una gran felicidad cuando logran recuperarse gracias a los primeros auxilios que les brindaron.
Tras un día de subida y bajada de adrenalina, los héroes concluyen su turno con una mezcla de emociones, a veces satisfechos de saber que hicieron todo a su alcance para ayudar a su prójimo a tener un día más de vida, y otras ocasiones con impotencia de haber dado todo y aún así no lograr su propósito.
Tantas horas compartidas, las emociones que surgen durante las emergencias y los nuevos aprendizajes adquiridos hacen que los compañeros se conviertan en una segunda familia, y esa intimidad que se genera entre ellos es un aliciente que los ayuda a seguir su profesión.

HISTORIAS QUE MARCAN
A lo largo de su trayectoria, los paramédicos viven historias que los dejan marcados, y aunque son dolorosas, esas experiencias los van forjando para seguir mejorando y la siguiente ocasión tener más herramientas para afrontar una emergencia con la posibilidad de obtener resultados diferentes.
“Cuando estuve en urgencias llegó un pequeñito de cuatro años, no sé cómo estuvo pero se le cayó encima el lavabo de su casa, lo cortó, tenía múltiples heridas, ese día hasta el doctor de urgencias se fue con nosotros, entregamos al bebé bien, pero después de horas falleció, ese caso fue hace como 20 años pero no lo olvido”, recordó Mirosalba.
La posibilidad de tener que atender a un familiar siempre existe y es un miedo que con el tiempo se logra controlar, pero es imposible pensar en lo peor cuando la dirección de un llamado resulta conocida.
“A mi me tocó un llamado cerca de la casa de mi abuela y sabía que mi familia estaba ahí, y en lugar de ir pensando qué iba a hacer con el paciente, iba preocupado pensando que era mi familiar, pero al llegar y ver que es otra persona se te olvida todo y otra vez entras en papel”, narró Jesús, que se desempeña como rescatista desde hace cinco años.

PARAMÉDICO, SINÓNIMO DE VOCACIÓN
Quienes dedican su vida a ser paramédicos lo hacen meramente por el deseo de salvar vidas.
La mayoría cuenta con un empleo de base que los ayuda a solventar los gastos de su familia y los que conlleva el ser un paramédico voluntario, puesto en el que ganan más en lo emocional que en lo económico.
Los socorristas voluntarios deben costear su propio uniforme y peto, además de las certificaciones. Para quienes trabajan en la Cruz Roja el vestuario tiene un costo aproximado de mil 500 pesos y los cursos pueden variar hasta llegar a los 5 mil pesos.
Mirosalba siempre quiso ser enfermera y con esa idea se acercó a la Cruz Roja para iniciar su formación, pero las oportunidades que se abrieron fueron para certificarse como paramédico, y decidió darse una oportunidad y descubrió que su vocación de servir podía desarrollarla desde dos frentes, es por ello que hoy en día se desempeña como enfermera como fuente de ingreso principal y complementa su deseo de ayudar haciendo turnos como paramédico voluntaria.
“Me ofrecen ser paramédico y lo tomé, me encantó la carrera; nada es difícil cuando te gusta, desde la primera clase me gustó mucho, me gusta ayudar y servir”.
Por su parte, Samantha decidió dedicarse completamente a ser paramédico a pesar de tener una carrera como ingeniera, y aunque le ha tocado enfrentar momentos difíciles como lo fue la pandemia de COVID, nunca ha pensado en dedicarse a algo más.
Quién está buscando escalar en el objetivo de salvar vidas es Jesús. Aunque actualmente funge como rescatista y se capacita para aprender nuevas modalidades de salvamento, fuera de turno se encuentra estudiando medicina, por lo que en unos años se encargará de dar continuidad al trabajo de sus compañeros y darle un cierre desde un quirófano.

CAPACITACIÓN QUE NO TERMINA
A diferencia de otros profesionistas, los paramédicos no terminan nunca su preparación, al menos cada dos años deben renovar su certificación parar poder trabajar en la Cruz Roja; en el ámbito privado la recertificación puede ser más espaciada, pero los aprendizajes siguen siendo constantes.
Además de la carrera de Técnico en Urgencias Médicas, actualmente es un requisito contar con una especialidad, entre las que se pueden elegir se encuentran Orientación en Lugares Remotos, Extracción de Personas de Vehículos, Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (EDAN), que ayuda a hacer valoraciones en casos de desastre natural, Búsqueda y Rescate Urbano (Urban Search and Rescue) o USAR, que es necesaria para ayudar en casos de sismos o colapso de edificios; además de cursos como soporte cardiaco avanzado, soporte pediátrico avanzado soporte vital prehospitalario de trauma, entre muchos más.
Cabe señalar que todas las certificaciones que obtienen los paramédicos son pagadas por ellos mismos, y los conocimientos que adquieren son válidos para trabajar tanto en instituciones públicas como en particulares.
 
PROFESIÓN POCO RECONOCIDA
Las personas que viven en condición económica más vulnerable son los que resultan ser más agradecidos, cuando terminan de ser auxiliados en una emergencia suelen ofrecer obsequios a los paramédicos a modo de pago, especialmente con alimentos buscan demostrar su gratitud a quienes les salvaron la vida.
Pero son pocos los que reconocen la labor del paramédico. Algunos en medio de su desesperación de salvar a su ser querido llegan a ser muy rudos con los rescatistas, recibiéndolos a gritos en el sitio del accidente y objetando responder preguntas que no alcanzan a entender que les ayudarían a socorrer a su familiar.
También existen quienes se niegan a ceder el paso a las unidades de emergencia o aquellos que entorpecen deliberadamente la escena del accidente.
“Es una impotencia que quieres llegar y no puedes, nos ha pasado que al llegar nos agreden, pero para nosotros no hay otra voz más que el paciente”, señaló Mirosalba.
Samantha estima que de 10 atenciones que realizan, al menos en tres reciben malos tratos por parte de los involucrados o los espectadores, sin embargo, con sus 17 años de experiencia y un carácter fuerte, ha aprendido a lidiar con las personas agresivas sin que entorpezcan su trabajo.
 

LÍNEA QUE SALVA VIDAS
 A los paramédicos de Cruz Roja y Protección Civil recurrentemente se les cuestiona por la tardanza para llegar a los accidentes que son reportados al 911.
Jesús explicó que los protocolos de atención de llamadas en el centro de emergencias puede llegar a ser confuso para quien pide el auxilio, ya que deben realizarse varios cuestionarios para determinar la veracidad y gravedad de la situación y así determinar a que tipo de autoridades enviar al rescate.
Este proceso toma varios minutos y alarga el tiempo de respuesta de los rescatistas.
Para agilizar este proceso, los paramédicos entrevistados coincidieron en que lo mejor es llamar directamente a la línea de la Cruz Roja que está disponible 24/7, ya que el operador es otro rescatista que está mejor preparado para evaluar las emergencias y decidirá en menor tiempo qué tipo de herramientas y cuántas unidades necesitará, reduciendo el lapso para que los técnicos lleguen a atender a las víctimas.
El número directo de la Cruz Roja es el 899 922 1314, la única petición es que se queden cerca de la escena antes de hacer la llamada para que puedan brindar datos que permitan a los rescatistas asistir a la zona cero bien preparados.
Finalmente, los entrevistados pidieron a la comunidad comprensión para su profesión; en el caso específico de la Cruz Roja aclararon que los servicios de emergencia son los que se otorgan de forma gratuita, mientras que los traslados de enfermos y las consultas sí tienen un costo, este recurso se utiliza para comprar insumos como material de curación, medicinas, gasolina y brindar mantenimiento a las ambulancias, por ello es vital cooperar pagando un precio justo que ayudará a que las personas en verdadero peligro puedan ser atendidas efectivamente.

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