Vive para contarlo y aunque el tema es doloroso, tiene la fortaleza para narrar su nueva realidad a un año de haber sobrevivido a la explosión registrada el 18 de septiembre en la Central de Medición de Gas km 19, accidente en el que murieron más de 30 personas y resultaron lesionadas decenas de trabajadores.
Para Luis Javier Mendiola Chávez, de 34 años de edad, han sido meses de cirugías, medicamentos, terapias de rehabilitación, de avances y retrocesos en su recuperación física. Es cierto, ha evolucionado considerablemente pero son ineludibles las secuelas que ostentará por el resto de su vida.
Trabajaba en la empresa Inorcosa, que tiene como sede el Estado de Veracruz, cuando aconteció el incidente del que poco recuerda porque se desvaneció y no despertó hasta 15 días después, en una cama de hospital acompañado de su familia.
Sin embargo, ha estado consciente de la dura realidad que ha enfrentado una vez que abrió los ojos y se encontró con la transformación que sufrió su cuerpo por la radiación que lo alcanzó al momento del estallido.
Las cicatrices de las quemaduras poco a poco se han desvanecido debido al tratamiento que ha llevado, lo que aún no termina por recuperar es el movimiento en sus manos.
Le restan al menos tres cirugías para complementar su proceso de rehabilitación, en la primera se le colocará un expansor en la cabeza con la finalidad de cubrir el área donde no cuenta con cabello debido a las heridas.
Después de eso, se someterá a una reconstrucción del pabellón de la oreja mismo que perdió en el percance, precisamente el proceso quirúrgico es para implementarle una prótesis para restaurar la parte afectada.
Las operaciones no terminan ahí, le resta otro procedimiento, tal vez el más importante de todos porque está relacionado con el movimiento de sus manos. La operación es para separarle los dedos y devolverle la capacidad de uso con la cual actualmente cuenta, pero de manera limitada.
Ha sido un año complicado y todavía le faltan meses para lograr su rehabilitación, a pesar de ello los diagnósticos no son favorables, no hay nada seguro en su futuro ni siquiera si Pemex o la empresa con la trabajaba al momento de la explosión le otorgarán la asistencia que requiere para el beneficio de su familia.
¿Y PEMEX?
“El apoyo ha seguido por parte de la empresa con la que trabajaba, me han seguido apoyando en algunos gastos que hemos tenido. En cuanto a Pemex, no hemos tenido alguna respuesta, no se han hecho presentes más que cuando me visitaron en el hospital de Monterrey”, dice el entrevistado quien es padre de dos niñas menores de edad.
Refiere que a inicios de septiembre de este año se le citó en las oficinas de la empresa Inorcosa ya que unas personas de la paraestatal querían hablar con él. En primera instancia pensó que la reunión trataba para plantearle algún tipo de apoyo pero no fue así.
“Era una doctora del Hospital Regional de Pemex y otra persona, solo me preguntaron si seguía el tratamiento. Esperaba que alguna propuesta de ayuda, una respuesta en cuanto al accidente”, comenta.
Actualmente la empresa solo le deposita el 40 por ciento de su salario, lo cual equivale a dos mil pesos quincenales. El gasto familiar lo complementa con la remuneración que su esposa recibe en su centro laboral.
A un año del accidente, Mendiola Chávez será valorado por el departamento de Medicina del Trabajo del IMSS para evaluar su condición, en este proceso se determinará si se le siguen otorgando más incapacidades o si lo pensionaran temporalmente. La última de las alternativas es la pensión definitiva.
“Desde mi punto de vista lo mejor sería la pensión definitiva no por el hecho de que no quiera volver a trabajar, sí quiero volver al trabajo para seguirme desarrollando, pero con las limitaciones que tengo yo creo que no cualquier empresa me va contratar”, señala.
Pronuncia que Pemex le prometió, en la visita que le hicieron en el hospital, que lo apoyarían a conseguir un empleo, sin embargo, guarda reservas porque asegura que si a lo largo de su rehabilitación no lo atendieron, menos se preocuparían por apoyarle.
Inorcosa también le hizo un ofrecimiento similar pero está consciente que no podrá desempeñar la misma labor que antes del accidente por lo tanto será removido de área y su sueldo podría ser menor a lo que percibía.
En suma, el panorama no es claro para Luis Javier y su familia, que si bien han salido delante a pesar de tanta adversidad es imposible lograr la estabilidad con la que antes contaban sin el apoyo que requieren.
SEGUIR ADELANTE
Ha pasado un año de la trágica explosión y para Mendiola Chávez es motivo suficiente para agradecer el estar con vida, rodeado de sus hijas, sus padres, su esposa y todas las personas que en algún momento se preocuparon por su bienestar.
Tan lejana que veía su recuperación en la cama del hospital durante el tiempo que estuvo internado, que ahora a 12 meses se dispone a recordar que ese día obtuvo una segunda oportunidad en la vida.
“Ese día pienso pasármelo con mi familia, con mis cuñados, con mis papas, pienso ir a la iglesia a agradecerle a Dios y tomarlo como un día más, recordarlo, platicarlo y asimilarlo”, dice.
De Pemex no resta más que esperar que algún día informe sobre las causas del estallido en la Central de Medición pero también que cumpla con las promesas de apoyo que hizo a las familias de los fallecidos y las personas que resultaron lesionadas.
“No veo motivos para no dar a conocer la causa-raíz del accidente, no sé qué está pasando o qué estén pensando los funcionarios de Pemex al querer seguir tapando lo que pasó. Vamos a seguir esperando a ver si algún día se les ocurre informar lo que sucedió”, finaliza.
