La tragedia silenciosa de las desapariciones de niños y adolescentes en Reynosa va en aumento; identifican necesidad de atención, conductas criminales y desintegración familiar como principales promotores de las ausencias.
Reynosa, Tam.
Rostros de adolescentes y niños aparecen casi a diario en fotografías, señas particulares y un llamado desesperado para localizarlos por parte de las familias afectadas. Las fichas de búsqueda emitidas por la Fiscalía Especializada en la Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada de Personas se han vuelto constantes en las redes sociales; algunas publicaciones no son oficiales por temor a represalias.
Detrás de cada publicación existe una familia angustiada, pero también una problemática más profunda que, según colectivos de búsqueda, está relacionada con una crisis social y familiar que va más allá de la inseguridad.


Entre el 1 de enero y mayo del año 2026, Tamaulipas acumuló 364 reportes de menores de entre 1 y 18 años desaparecidos. De ellos, 197 permanecían sin ser localizados, mientras que 165 fueron encontrados con vida y dos fueron localizados sin vida, de acuerdo con registros oficiales.
A la fecha, las autoridades no presentan una estadística pública desagregada exclusivamente para Reynosa, el municipio ha mostrado un incremento visible en las fichas de búsqueda difundidas por autoridades y colectivos ciudadanos, generando preocupación entre la población.
Para el Colectivo Amor por los Desaparecidos, muchas de estas ausencias no responden inicialmente a delitos de alto impacto, sino a conflictos familiares que terminan empujando a niñas, niños y adolescentes a abandonar sus hogares.
José Andrés Méndez Ñeco, integrante del Consejo Nacional Ciudadano del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas y vocero del colectivo mencionado, explicó que varios jóvenes viven en entornos marcados por violencia intrafamiliar, discusiones constantes, abandono emocional y falta de comunicación, circunstancias que derivan en decisiones impulsivas de salir de casa.
“El problema va más allá de una desaparición; refleja una crisis familiar y social que debe atenderse desde la prevención”, señaló el activista.
Su diagnóstico apunta a una fractura del tejido familiar donde la ausencia de diálogo, atención psicológica y acompañamiento termina convirtiéndose en un factor de riesgo para los menores.
Aunque un gran número importante de los adolescentes han sido localizados días después, especialistas y colectivos advierten que el simple hecho de permanecer fuera de su hogar los coloca en una situación de extrema vulnerabilidad.
Durante ese periodo en la que no están con su familia pueden convertirse en víctimas de redes de trata de personas, explotación laboral o sexual, reclutamiento por grupos delictivos o diversas formas de violencia que operan en una ciudad afectada por problemas de seguridad.

Por ello, cada reporte debe atenderse con la misma urgencia, independientemente de que posteriormente se determine que la ausencia fue voluntaria.
El Colectivo Amor por los Desaparecidos considera indispensable fortalecer programas de atención psicológica, mediación familiar y apoyo social para detectar conflictos antes de que los menores opten por abandonar sus hogares.
Asimismo, el activista y defensor de los Derechos Humanos hizo un llamado a madres, padres de familia, instituciones educativas y autoridades para trabajar de manera coordinada en la reconstrucción del tejido social y en la creación de espacios seguros para la niñez y la adolescencia.
Mientras tanto, las fichas de búsqueda continúan multiplicándose y alimentando la preocupación ciudadana.
Cada una representa una historia distinta, pero juntas evidencian una problemática que trasciende las cifras oficiales, una generación que, en muchos casos, encuentra más fácil huir que permanecer en un entorno familiar marcado por conflictos y violencia.
Más allá de los números, la desaparición de un menor constituye una emergencia que obliga a actuar de inmediato, pues cada hora fuera de casa incrementa los riesgos y reduce las posibilidades de una localización segura.
Para colectivos y especialistas, la solución no depende únicamente de los operativos de búsqueda, sino de atender las causas sociales y familiares que están originando estas ausencias.
Andrés Méndez dejó en claro que trabajan en coordinación con la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del DIF para brindar resguardo a los menores localizados y reforzar acciones preventivas en secundarias y preparatorias, mediante pláticas dirigidas a estudiantes y padres de familia.
AUSENCIAS VOLUNTARIAS
La diputada local de Morena por Reynosa, Eva Araceli Reyes González, señaló que no todos los reportes de desaparición de niñas, niños y adolescentes están relacionados con la delincuencia, ya que una parte corresponde a ausencias voluntarias derivadas de problemas familiares, sociales o psicológicos.
La legisladora citó que de acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en los últimos años se han documentado 264 casos de menores que decidieron abandonar su hogar por cuenta propia.
Tan solo durante mayo, en Reynosa se reportaron entre cinco y seis casos de este tipo, involucrando a menores de entre 8 y 16 años de edad.
Las estadísticas ubican a Ciudad Victoria como el municipio con mayor número de desapariciones voluntarias de menores, con 64 registros, seguido de Matamoros con 59, Reynosa y Nuevo Laredo con 52 cada uno.
También se reportan casos en Ciudad Madero con 17, Tampico 15, Altamira 12 y Padilla 5.
La congresista señaló que las redes sociales han influido en este comportamiento, al generar entre algunos adolescentes la percepción de que una desaparición temporal puede convertirse en una forma de obtener atención de familiares y amigos.
Precisó Reyes González que el 70 por ciento de los casos corresponde a mujeres, con 185 registros, mientras que los hombres acumulan 79.
La diputada advirtió que estas ausencias representan riesgos para la integridad de los menores y obligan a movilizar recursos de fiscalías, corporaciones de seguridad y colectivos de búsqueda, recursos que también son requeridos para atender casos de desaparición forzada y otros delitos graves.
Aclaró que el aumento de desapariciones voluntarias no significa una reducción de fenómenos como la trata de personas, la explotación laboral o el reclutamiento forzado por parte de grupos criminales.
Consideró necesario ampliar los estudios y análisis sobre este fenómeno para identificar sus causas y desarrollar estrategias de prevención dirigidas a niñas, niños y adolescentes.
MOMENTO DE ANGUSTIA
La incertidumbre se apoderó de tres familias en la ciudad de Reynosa cuando corría la última semana de mayo. En esos hogares el tiempo pareció haberse detenido desde el día en que tres menores salieron y no regresaron de la escuela a la hora acostumbrada.
En Reynosa, una ciudad de la frontera en Tamaulipas marcada por la crisis de desapariciones, cada nueva ficha representa una familia que cambia la esperanza por la búsqueda y la incertidumbre.
La rutina escolar se interrumpió de manera inesperada para tres estudiantes de la Secundaria Técnica 59 “Rodolfo Treviño Castillo” misma que se ubica en la salida hacia San Fernando, frente a la colonia Paseo de las Flores.
El pasado 19 de mayo de 2026, sus familias desconocieron su paradero incluso dejaron tener comunicación con ellos vía telefónica y WhatsApp, pero mientras eso transcurría, la incertidumbre había dado paso a una intensa movilización ciudadana para intentar localizarlos.
Las fichas de búsqueda difundidas por el Colectivo Amor por los Desaparecidos de Tamaulipas y compartidas por cientos de usuarios en redes sociales reflejan una preocupación que va más allá de tres casos particulares: el creciente número de menores reportados como desaparecidos en Reynosa.
Los adolescentes que movilizaron los usuarios de redes, autoridades y personas de búsqueda son Adrián “N” de 14 años; Cristian “N” de 15 años, y Roberto “N” de 12 años, quienes estudiaban en la misma institución educativa.
De acuerdo con la información difundida, Adrián Patiño fue visto por última vez alrededor de las 13:00 horas del 19 de mayo, cuando se dirigía hacia la Secundaria Técnica 59. Su desaparición ocurrió en el sector de la colonia Valle Soleado.
Por su parte, Cristian Alexis de 15 años, fue visto por última vez al salir del plantel educativo ese mismo día, también en la zona de la colonia Valle Soleado.
El tercer caso corresponde a Roberto de 12 años, quien igualmente desapareció después de salir de la Secundaria Técnica 59. Su último punto conocido fue en el área de la colonia San Francisco.
La coincidencia temporal y el hecho de que los tres sean estudiantes del mismo plantel generó mucha inquietud entre padres de familia, vecinos y comunidad escolar, quienes han utilizado las redes sociales como una herramienta para ampliar la difusión de las fichas de búsqueda.
Colectivos ciudadanos han insistido en que las primeras horas y días posteriores a una desaparición son fundamentales para obtener información que permita localizar a las personas, por lo que exhortan a la población a reportar cualquier dato que pueda contribuir a las investigaciones.
La solidaridad ciudadana se ha convertido en una pieza importante en este tipo de casos. Compartir una fotografía, proporcionar un dato o informar sobre un posible avistamiento puede marcar la diferencia en la localización de un menor.
En esta ciudad fronteriza existen muchas familias esperando noticias de sus seres queridos, mientras autoridades y colectivos mantienen activo el llamado a la comunidad para colaborar con cualquier información sobre el paradero de los jóvenes que faltan.
Quienes cuenten con datos que puedan ayudar pueden comunicarse con las autoridades correspondientes o reportarlos directamente al Colectivo Amor por los Desaparecidos de Tamaulipas.
“El trasfondo de muchos casos refleja una problemática social y familiar que requiere atención urgente desde el hogar y las instituciones”, dijo Andrés Ñeco.
Finalmente, los activistas coincidieron en que toda denuncia por desaparición debe atenderse de inmediato, ya que aun cuando algunos menores se ausenten por decisión propia, continúan vulnerables a diversos peligros mientras permanecen lejos de sus hogares.
