En vez de disfrutar el ocaso de su vida como seguramente lo imaginaron, muchos adultos mayores tienen que enfrentar el olvido de sus seres queridos; los menos afortunados viven en condiciones inhumanas y en muchas ocasiones son encontrados cuando ya abandonaron el sufrimiento de este mundo.
Tristemente en Reynosa se está volviendo común escuchar de casos de abuelitos que fueron encontrados en condiciones inhumanas luego de que sus familias decidieran abandonarlos a su suerte.
En estos casos siempre se pone en tela de juicio quién es el villano de la historia, si los hijos que dejaron de velar por el ser que les dio la vida, o del adulto mayor que probablemente tuvo una conducta cuestionable durante su paternidad.
Sea cual sea la razón, la ley es clara: corresponde a los hijos cuidar a sus padres hasta su muerte, y este abandono es castigado por la autoridad cuando existe una denuncia.
LEYES ACTUALES SON INSUFICIENTES
Actualmente, el Código Penal de Tamaulipas en su artículo 362 define que “comete el delito de abandono de personas, el que teniendo obligación de cuidarlos, abandone a una persona menor de edad, o que siendo mayor de edad le sea imposible cuidar de sí misma”.
En el artículo 363 específica que a quien resulte responsable de este delito se le impondrá una sanción de uno a cuatro años de prisión si la persona abandonada es encontrada sin ninguna afectación, mientras que si la víctima sufre algún daño en el proceso, el denunciado recibirá una pena de por lo menos cinco años de cárcel, lapso que se puede incrementar si se cometen agravantes, como el delito de violencia familiar y los que se sumen.
Sin embargo, los castigos contemplados parecen ser insuficientes pues las historias de abuelitos dejados a su suerte se siguen presentando en la localidad.
Ante esta realidad, la diputada local Mercedes del Carmen Guillén Vicente, presentó el pasado mes de mayo una iniciativa de reforma al Código Penal en donde solicitó que este delito sea tipificado como grave y que la pena aumente al menos a seis años de prisión.
De acuerdo con la Directora del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia Reynosa, Gabriela Rosas Blanco, en lo que va del 2025 el organismo ha recibido la denuncia de 15 casos de descuido, en los que han intervenido iniciando un proceso legal contra los hijos que descuidaron a sus progenitores.
Frida Paoletti Leyva, titular de la Procuraduría de Protección a Niños, Niñas, Adolescentes y Adultos Mayores en el DIF Reynosa, señaló que en todos los casos se busca en primera instancia la mediación para lograr que los familiares asuman su responsabilidad y atiendan como corresponde a sus adultos mayores, de no haber respuestas positivas se procede a ingresar al abuelito a la casa hogar y se procede legalmente.
La funcionaria resaltó que de los casos que se han atendido durante este año, seis de ellos se han llevado a juicio ya que no se logró ninguna conciliación a pesar de los esfuerzos.
Son pocas las historias de abuelitos que realmente carecen de familia que pueda asumir su resguardo. La mayoría son casos de pereza o mala organización, por ello la insistencia de las autoridades de exigir que los parientes asuman su responsabilidad.

OPCIONES DE CUIDADO
Cuando el Sistema DIF recibe una denuncia por abandono debe cumplir un protocolo para evaluar cada caso y determinar las acciones a tomar.
En primera instancia, las autoridades locales se apoyan con una ambulancia para acudir al sitio donde habita el abuelito para constatar sus signos vitales y trasladarlo a un hospital para una valoración completa. Una vez internado, se le ayuda para asearse, se le entrega un cambio de ropa y se indaga sobre su historial familiar.
Aquellos adultos que ya no cuentan con familiares vivos y que aceptan ser ayudados o presentan desafíos de salud mental son acogidos por el DIF e ingresados de forma permanente a la Casa Hogar del Adulto Mayor. Ahí cuentan con atención médica y psicológica, además de alimentación y actividades recreativas que les permiten tener una vida digna.
Con el paso del tiempo se van a adaptando a su nueva familia y disfrutan el resto de sus días hasta su deceso, el organismo se encarga de darles un servicio funerario y disponer de sus restos a través de la cremación. Posteriormente, las cenizas son resguardadas por el DIF.
“Nos ha pasado que tenemos un abuelito por años y en cuanto fallece aparecen los familiares para reclamar pensiones o bienes, ahí si vienen a reclamar acta de defunción y cenizas pero nunca vinieron a atenderlo, es muy común, a lo mejor en el 15% de los abuelitos que tenemos”, añadió Paoletti Leyva.
La directora del DIF, Gabriela Rosas, enfatizó que aunque estén solos, los adultos mayores no pueden ser ingresados a la casa hogar en contra de su voluntad si se encuentran lúcidos, es por ello que existen casos de abuelitos que viven en calidad de indigentes afuera de establecimientos donde pueden ganarse la vida limpiando parabrisas, ayudando a subir el mandado a los autos o vendiendo golosinas a los transeúntes.
“Hace poco tuvimos un caso de una señora que no tiene hijos, que vive en la colonia Aztlán y se encuentra sola, lo que hicimos fue visitarla, hidratarla, pero como está en uso de sus facultades mentales no quiere irse y no podemos obligarla. La ciudadanía nos manda muchos reportes y los agradecemos, pero abuelitos como ella o los que trabajan afuera del Hospital General, o en las calles, se los prometo, les hemos ofrecido esta opción pero no quieren y no podemos llevarlos en contra de su voluntad”, explicó la funcionaria.
Actualmente, en la Casa Hogar del Adulto Mayor residen 80 abuelitos.
Pero a esta instancia no solamente llegan casos de adultos que ya no cuentan con nadie que vele por ellos, hay familias que llegan a buscar un lugar donde dejar a su abuelito, poniendo mil argumentos para tratar de delegar su responsabilidad.
“Diario llegan personas a pedir ingresar a sus adultos mayores, a su familia, es una cosa muy tremenda, nosotros hablamos con ellos, haciendo consciencia de que tiene que haber reciprocidad, que es una obligación, que es un familiar a quien se debe cobijar, pero cuando vemos a la persona renuente entonces entra el tema legal, entonces entienden”, señaló la Procuradora.
Excusas como ser hijos únicos, madres solteras o personas de escasos recursos son los pretextos más socorridos para justificar el abandono de los padres, pero ninguno de ellos es válido ante la ley.
Tanto en los casos donde los hijos acuden a pedir asilo para sus adultos mayores como en los que son denunciados por conocidos, se lleva a cabo el protocolo de atención médica, inspección del hogar y entrevista con el afectado y sus allegados.
Si se constatan signos de violencia, los agraviados son resguardados en la Casa Hogar del Adulto Mayor mientras se lleva a cabo el proceso legal contra el responsable, buscando agotar todas las instancias para que los parientes asuman su responsabilidad; de fracasar en este intento o reincidir en el abandono, los abuelitos son rescatados e internados definitivamente en la casa hogar.
Tristemente, en la mayoría de los casos está presente el abuso económico de parte de familiares o vecinos. Justificándose con la intención de ayudar, acceden a las tarjetas bancarias de los ancianos y se quedan con el dinero que les llega de las pensiones o con los ahorros de su vida, dejando desprovistos de recursos a los titulares.
Este tipo de abuso no siempre es denunciado porque es más difícil de percibir a simple vista. Cuando los afectados tiene las facultades para moverse por sus medios, han llegado a pedir ayuda a las oficinas del DIF o a las audiencias públicas donde se colocan módulos de atención, sin embargo, aquellos que ya no pueden moverse quedan a merced de sus abusadores hasta que la violencia escala a lo físico y otras personas se dan cuenta e intervienen.

VOLUNTARIOS SE SUMAN AL CUIDADO DE ABUELITOS
De forma paralela al DIF, existen activistas y asociaciones civiles que velan por los más vulnerables. Generalmente ellos son los primeros en conocer los casos de abandono, suelen publicarlos en las redes sociales para tratar de contactar a los familiares y conseguir donativos para resolver las necesidades más urgentes, pero al carecer de suficientes recursos se acercan al DIF para canalizar los casos más graves y estar disponibles para atender a alguien más.
Tal es el caso de la asociación Corazones Jóvenes, fundada el 12 de marzo del 2012. En sus inicios formaron grupos en diferentes colonias para llevar actividades e ir conociendo a los vecinos y su necesidad. Posteriormente seleccionaron a los adultos en mayor carencia para poderlos ayudar. Con asistencia de médicos, enfermeras y nutriólogos voluntarios les ofrecían consultas, menús saludables adaptados a sus posibilidades, ejercicios de movilidad y actividades lúdicas.
Viendo la necesidad de la comunidad, Corazones Jóvenes logró construir un asilo que estuvo en funcionamiento durante cuatro años. En él vivían 17 ancianitas que no tenían familiares o que no les alcanzaba para cubrir su sustento; lamentablemente con la llegada de la pandemia escasearon los recursos y el lugar tuvo que cerrar sus puertas.
Actualmente, este asilo ubicado en la colonia Campestre, se encuentra en rehabilitación y se espera que pueda volver a entrar en funciones en el mes de noviembre.
Francisca Zermeño, responsable de la asociación, dijo que actualmente asisten a 169 adultos mayores que aunque viven con sus familias, su condición de bajos recursos los mantiene en vulnerabilidad.
En el caso de esta agrupación, 10 voluntarios se reparten los trabajos para visitar a los abuelitos y llevarles los insumos que cada uno necesita, pueden ser despensas, pañales, medicamentos, vestimenta o aparatos funcionales. Además, constantemente organizan actividades recreativas que son un aliciente para mantenerlos activos.
De forma independiente, el activista Antonio Aragón realiza una tarea similar de auxiliar a los adultos mayores en estado de abandono. A través de un grupo de Facebook se entera de los casos y cuando está en sus posibilidades los atiende, cuando no, busca el apoyo de la comunidad o de la autoridad local para rescatarlos del abandono.
Entre los múltiples casos que le han llegado está el de Don Manuel, un adulto que padece ceguera, disminución auditiva y que vive en la colonia Lampacitos, en una casa que no le brinda la protección ni comodidades básicas para una vida digna.
Aunque Don Manuel cuenta con una vivienda de material prefiere vivir en el cuarto de lámina y madera al que está acostumbrado, y aunque se le ha ofrecido ser llevado a la Casa Hogar del Adulto Mayor, ha rechazado esa opción.
Desde hace un tiempo, cuando su trabajo se lo permite, Antonio lo visita para ayudarlo a limpiar su vivienda y llevarlo a comprar despensa, también lo auxilió a obtener su acta de nacimiento e identificación oficial para que pudiera acceder a la pensión del Bienestar, recurso con el que cubre sus gastos básicos.
A través de las redes sociales, a Tony, como lo conoce la comunidad, le ha tocado encontrar a abuelitos en condiciones deplorables, personas que no tienen la capacidad de asearse ni alimentarse y que con el paso de los días su estado se va deteriorando hasta llegar a condiciones inhumanas.
Tal es el caso del señor Pedro, quien vivía enfermo y en condiciones insalubres en una vivienda de la colonia Loma Real, y aunque tiene una hija, vivía en total estado de abandono hasta que intervino el sistema DIF.

¿ABANDONO JUSTIFICADO?
Si bien es triste encontrar a adultos mayores en estado de abandono, su situación no siempre se debe a la ingratitud de sus hijos. Hay historias de abandono, de violencia familiar y de abusos, que llevan a un descendiente a poner tierra de por medio y evitar cualquier tipo de contacto con su progenitor.
A pesar de que moralmente se entiende, legalmente no es justificación. Las autoridades pueden intervenir en estas circunstancias para obligar a los hijos a velar por sus padres sin importar su pasado.
“Es muy típico que digan que ‘yo no lo conocía’, ‘me abandonó cuando era niño’, ‘nunca se hizo cargo de nosotros’, ‘fuimos víctimas de violencia’, y ahí, moralmente los justificas aunque legalmente están obligados, es la situación más común”, externó la procuradora Frida Paoletti.
Solamente en los casos donde existe un antecedente legal se puede eximir de la responsabilidad. Por ejemplo, aquellos que fueron abandonados por sus padres o madres en su infancia y que en su momento interpusieron una demanda por pensión alimenticia, pueden utilizar el expediente a su favor y librar la batalla legal por el descuido de su pariente.
En estos contextos, los adultos son ingresados a la casa hogar para cuidar de su integridad hasta su fallecimiento sin que exista perjuicio para sus descendientes.
LA OTRA CARA DE LA MONEDA
Afortunadamente no todos los abuelitos de la cuidad corren con la mala suerte de ser abandonados. Aunque en muchas familias todos los integrantes deben trabajar para sostener los gastos del hogar, se las ingenian para encontrar la forma de cuidar a sus adultos.
Dependiendo del bolsillo de cada familia, existen estancias en las que los abuelitos pueden permanecer durante el día realizando actividades recreativas junto a sus amigos mientras sus tutores salen a trabajar; en Reynosa existen muchas enfermeras especializadas en la atención de pacientes geriátricos, también hay espacios privados y en el DIF existen al menos cuatro casas club en las que los adultos mayores pueden pasar sus días, además del programa Adulto Activo para aquellos que aún desean trabajar.
Acudir a este tipo de espacios no solo les ayuda a mantenerse activos con dinámicas productivas o recreativas, sino que les da la oportunidad de mantener una vida social más allá de la convivencia en el entorno familiar.
María Elena, de 79 años y Jesús de 77, son una muestra de ello. A sus más de 70 años se conocieron durante una rifa realizada por el Sistema DIF, y desde hace cuatro años se convirtieron en compañeros de vida.
Jesús se ofreció a cuidar el número de María Elena, quien debía retirarse para llevar a reparar el aire acondicionado de su carro, ese fue el pretexto perfecto para mantener la comunicación, durante seis meses continuaron platicando vía telefónica y coincidiendo una que otra vez en las reuniones del CEDIF, hasta que finalmente formalizaron una relación que hoy les brinda felicidad en la madurez de su vida.
Cada uno tiene seis hijos, y aunque tienen su vida hecha y deberes que atender, entre todos han formado una familia extendida que cuida y protege a todos sus integrantes.
Actualmente, ella asiste a los talleres de capacitación y actividades recreativas de la Casa Club Edad de Oro ubicada en la colonia Jardines Coloniales, mientras que él acude a otras actividades del DIF cuando no está trabajando como empacador en un supermercado.
“En la casa se enfada uno mucho y se distrae acá, y convivir es lo importante. Estar activos en cuerpo y mente nos mantiene sanos, y tal vez como nosotros pueden conocer a una pareja si son viudos. Vengan al DIF, aquí hay muchas oportunidades de aprender, a nuestra edad todavía tenemos esa capacidad y tenemos que aprovecharla”, coincidieron ambos abuelitos.
Entre casas club y asociaciones que apoyan a familias, queda demostrado que hay alternativas a bajo costo para apoyarse con el cuidado de los ancianitos mientras el resto de los adultos trabaja, sin embargo, depende de la voluntad y conciencia de cada ser humano elegir la opción correcta para brindar una vida digna a quienes en su juventud sacrificaron tiempo, dinero y sus sueños para sacar adelante a su descendencia.
De encontrarse a un abuelito en situación de abandono, la recomendación es notificarlo de inmediato al 911 para que intervengan tanto el DIF como el ministerio público y Protección Civil, y que, de esta manera, quede un antecedente que pueda ser de utilidad cuando se lleve a cabo el proceso legal.
