Una joven matriarca

Joy lleva una vida miserable. Como encargada de mostrador enfrenta, a diario, insultos de la clientela. En el trabajo es degradada. Madre de familia, divorciada, tiene a su ex esposo viviendo en la misma casa. Sus padres están separados. La escandalosa promiscuidad del papá lo mete en problemas. Y ella es el líder de todo el clan disfuncional.
Sin embargo, tiene una voluntad de concreto. En su mundo pequeño, se encuentra al borde del alarido, ahogada en desesperación por problemas de todos, que caen directamente sobre ella. Aún así, consigue cargar en su hombro con todas las calamidades, y consigue sobrevivir. Siempre hay algo por lo que se debe luchar: hijos, casa, futuro.
La abuela le había augurado el matriarcado. Pero no suponían que lo asumiría tan joven.
Un día la fatalidad le da un descanso y la fortuna llama a la puerta. La tenacidad le ha dado una oportunidad, que parece única.
Pero no se sabe en qué terminará su aventura, pues, como dicta la costumbre, está destinada a fracasar y tiene escasísimas posibilidades de alcanzar la gloria.
Joy: El nombre del éxito es una angustiosa aventura doméstica, que presenta a una mujer agobiada por la vida, pero con suficiente fortaleza para avanzar, pese a las traiciones y desaires.
Jennifer Lawrence repite éxito y papel de la mano del director David O. Russell, con quien ha trabajado, previamente, en otros proyectos igualmente laureados como Juegos del Destino y Escándalo Americano. En todas, hace prácticamente el mismo rol de chica obstinada, astuta y de carácter inquebrantable.
Más o menos como en sus papeles de Los Juegos del Hambre, que le dieron reconocimiento y, más antes, Invierno Profundo, que la convirtió inmediatamente en estrella. Todo, en torno al despunte cinematográfico de Lawrence, se refiere a familia, retos y lealtad.
En esta ocasión, Russell la presenta como una víctima de una serie de infames jugarretas de la vida. No tiene escapatoria. Las circunstancias la cercan. Junto a su padre, un estupendo Robert De Niro, en el papel de insensible jefe de familia, conducen una empresa, que sirve para que ella lance un producto innovador al mercado.
Nada prepara a la familia para las consecuencias que se aproximan. Joy es tratada con crueldad. Al fracaso hay que agregarle la humillación. Sin embargo, nunca hay que subestimar el poder de una dama determinada y menos, si demuestra una fiereza suicida cuando se trata de defender sus proyectos.
Russell ofrece esperanza a través de su musa. Ella es como millones, que tienen los pies en arenas movedizas y esperan una sola oportunidad para salir. La historia la condena a pasar las peores frustraciones, en medio de un ambiente casero completamente adverso.
Sin embargo, como en la vida real, las oportunidades surgen entre personas que se vuelven aliados inesperados. La cinta describe muy bien el carácter de las personas mezquinas y de las generosas. La indefinición afectiva en la que se desenvuelve la mitad de la familia, contrasta con la generosidad de quienes, se supone, debieran ser contrincantes.
Al final, hay una reparación apropiada. Joy se ha esforzado hasta la extenuación para colocar en el mercado de las ventas por TV un producto milagroso con el que espera salir de pobre. Tipos inescrupulosos, basura de la industria, la sabotean. La frustración es dolorosísima. Pero la recompensa es satisfactoria.
Joy: El Nombre del Exito, es un drama inspirador, mezcla de tragedia y comedia, que recuerda que bien vale la pena librar batallas en el nombre de las causas justas.
Lawrence ofrece otra de sus grandes actuaciones, en una historia visceral, basada en hechos reales, que provoca sufrimiento, pero que, también, da lugar a la inspiración.
Completan, el gran elenco,Virginia Madsen, Dianel Ladd, Edgar Ramírez, Bradley Cooper e Isabella Rossellini.
Con un gran casting, y con temática de epopeya doméstica, la cinta es un triunfo.

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