La migración apestosa

El futuro está en el cielo. Cuando la Tierra, exhausta, entre en etapa de decadencia, un grupo de hombres acaudalados se mudará a una estación espacial tan grande como una ciudad, para mantener su elevado nivel de vida. El sitio es parecido al paraíso, sin sufrimiento, enfermedades o muerte.
Este lugar idílico se llama Elysium y es una afrenta para los habitantes del planeta, que observan la enorme construcción girar sobre sus cabezas mientras ellos, acá abajo, mueren de olvido.
Con su nueva cinta, Neill Blomkamp regresa a sus obsesiones. El director sudafricano ya había sorprendido al mundo con Sector 9 una crítica directa a la segregación y al racismo, con un contenido político evidente por el nefasto apertheid que asoló a su país durante décadas.
Ahora, con Elisyum, hace una casi secuela. Regresa a la fijación temática con una mirada de reproche a la burguesía, que sólo utiliza al proletariado como un objeto para la explotación y un medio para el enriquecimiento.
Es un teorema básico de Carlos Marx, en un sofisticado cuento de ciencia ficción, con pirotecnia digital y asombrosas armas letales del futuro.
A mediados del Siglo XXII, Matt Damon es un pobre diablo que trabaja en la arruinada ciudad de Los Angeles. Es un empleado que busca la subsistencia en base al trabajo esclavizante en la fábrica de un magnate que provee suministros a la ciudad espacial.
Afectado por un accidente laboral, el desafortunado terrícola actúa contra el hombre acaudalado y desata una serie de fuerzas que derivan en un enfrentamiento entre la gente que está en el planeta y los controladores de la estación flotante, encabezados por la fálica funcionaria gubernamental, Jodie Foster.
El futuro es ominoso. Los avances de la tecnología alcanzan a unos cuantos y los robots son seres monstruosos, al servicio de la opresión.
La historia es terriblemente predecible y falla en el desarrollo de los personajes. Damon, es un anónimo trabajador, que lleva una vida miserable. De niño soñó con transportarse alguna vez al Elysium.
De grande, se transforma en una especie de Jason Bourne biónico. No hay, en el relato, oportunidad para desarrollar sus facetas como intrépido Espartaco.
Repentinamente, se arma de valor y adquiere habilidades superiores para el combate. Su Némesis es un personaje caricaturezco, pero mucho más pintorezco. Sharlto Copley, que se dio a conocer como el hombre victimizado de Sector 9, regresa ahora como un sicópata aliado del gobierno, que utiliza en la Tierra sus dotes de sicario para servir a los mandos que están en el cielo.
Blompkamp utiliza la misma tecnología usada en su anterior película para traer efectos digitales sorprendentes, con el mismo formato de naves y robots.
Desafortunadamente la historia se detiene de manera constante en algunos momentos. La parálisis de la acción hace que los espacios descriptivos se extiendan interminablemente, sin que haya cadencia y continuidad en las secuencias.
Al final queda un comentario político sobre los efectos funestos de la migración. Jodie Foster se esmera en que ninguna persona ascienda a la clase superior. Derriba los frecuentes aviones intrusos y se declara dispuesta a cometer cualquier tropelía para hacer que prevalezcan los privilegios de la población que vive entre las nubes, en una obvia referencia a la desconexión que hay entre las castas.
Damon es como cualquier persona fastidiada por la elite gobernante. Un día la vida lo lleva por los caminos en los que se encuentra atrapado en la disyuntiva de permanecer oprimido, o seguir adelante para hacer algo por él mismo y, en este caso, por el resto de la humanidad.
El final es cursi y anticipado.
Hay un gran casting, una súper producción, pero a Elysium le faltó más historia.

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