A 144 años de su apertura, locatarios del histórico inmueble mantienen con resiliencia y entusiasmo sus esfuerzos por continuar sus operaciones a pesar del cierre de locales, crisis económicas, la pandemia y la baja considerable de clientes del extranjero.
Reynosa, Tam.-
Inaugurado el 16 de septiembre de 1882, el tradicional Mercado Zaragoza se niega a desaparecer.
Aunque con el paso de los años las ventas han caído considerablemente y un gran número de locatarios han migrado para no volver, los pocos comerciantes que permanecen con las cortinas arriba hacen todo lo posible por conservar a sus fieles clientes y poder sobrevivir.
El reciente periodo de fiestas patrias fue una bocanada de aire fresco para los locatarios que lograron recuperar sus ventas, ganando lo suficiente para tomar nuevos bríos y mantenerse en pie de lucha un poco más.


UN POCO DE HISTORIA
Mucho antes de su nombramiento formal como mercado, este sitio ya funcionaba como centro de abastecimiento.
En 1802, cuando la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe de Reynosa fue traslada a su ubicación actual, fue establecido un espacio para el comercio denominado El Parián.
Este sitio también conocido como Plazuela de los Arrieros, era el punto de descanso para el transporte comercial que visitaba la villa. Durante los primeros años del siglo XIX fue el lugar donde los habitantes podían acudir para adquirir productos de primera necesidad. Con el paso del tiempo su nombre cambió a Plaza Zaragoza.
En marzo de 1881, el entonces presidente municipal, Juan Bautista Chapa Cavazos, propuso ante el Cabildo el proyecto de construcción de un edificio que albergara formalmente a los comerciantes.
El proyecto fue bien visto por autoridades y comerciantes, quienes aportaron económicamente para consolidar esta edificación asentada entre las calles Hidalgo, Guerrero, Porfirio Díaz y Matamoros, misma que fue inaugurada el 16 de septiembre de 1882.
Con el paso de los años fue fortaleciéndose como el sitio de excelencia para que los reynosenses pudieran abastecerse de todo tipo de productos, pero también se convirtió en una alternativa para los residentes del Valle de Texas que buscaban espacios donde celebrar ante la prohibición de venta de alcohol en territorio estadounidense en las primeras décadas de los 1900.
“Este mercado era el único centro comercial que tenía Reynosa. Reynosa era un pueblo y era el único lugar. Lo que lo hizo grande fue la afluencia que tenía de gringos para acá, sobre todo que venían cuando fue la prohibición del alcohol en Estados Unidos, pues la gente venía a comprar aquí eso y de una vez compraban muchas cosas más”, señaló Patricio Hernández Polina, vocero de los comerciantes y uno de los locatarios con mayor antigüedad en el lugar.
En sus inicios, el Mercado Zaragoza ofrecía productos frescos de la canasta básica en carnicerías y fruterías, pero también contaba con talabartería, zapatería, tiendas de ropa, restaurantes, y por supuesto, artesanías.
Tenerlo todo en un solo lugar permitió a los comerciantes hacerse de jugosas ganancias que les cambiaron la vida a ellos y sus siguientes generaciones.
“Todo el mundo venía y se surtía aquí porque no había Smart, no había Soriana, no había nada de eso, entonces aquí había muchísima gente, mucha gente que se puso a vender aquí y se hicieron ricos con el tiempo”, destacó Hernández Polina.
Tras la remodelación de sus instalaciones y la cubierta del edificio, el Mercado Zaragoza recibió su estatus de histórico el 16 de septiembre del 2012, cuando el entonces presidente municipal, Everardo Villarreal Salinas, develó la placa que otorgó este distintivo a este lugar.


HISTORIAS DE SUPERVIVENCIA
Aunque con el paso de los años muchos propietarios de locales decidieron migrar a Estados Unidos y dejaron en el olvido sus espacios, existen algunos negocios que iniciaron en estos pasillos y que hasta la fecha se mantienen vivos, formando parte de las tradiciones de Reynosa.
Ejemplo de ello son las taquerías El Pingüino y El Taco Loco, que subsisten una frente a otra y a diario ofrecen una rica variedad gastronómica a los reynosenses y a quienes llegan a visitar esta frontera.
El Pingüino abrió sus puertas en 1965 y desde entonces solo una vez se ha visto en la necesidad de cerrar; incluso en la peor temporada de la pandemia, este negocio se mantuvo siempre activo, aseguró el responsable, Víctor Ibarra.
Este local es emblemático en la ciudad, es costumbre acudir por una torta de ternera al Pingüino cuando es la primera vez que visitas Reynosa, o cuando regresas después de haber estado fuera por mucho tiempo, y quienes no pueden venir, aprovechan la visita de sus familiares para encargar una dotación de comida a su regreso.
“Me ha tocado escuchar historias de personas que se llevan hasta 30, 40 hamburguesas y les llevan a familiares allá. He escuchado que llevan hasta Nueva York, a Houston, a Miami; familiares que han venido en su tiempo, mencionan que venían con sus abuelos, muchos ahora que son tercera generación, ahora traen a sus hijos, pero les platican ellos eso, que es más como tradición, ahora sí que los recuerdos, revivir ese sentarse en la barrita, con la torta y un licuado”, relató Víctor.
Una situación similar vive la familia Ibarra al frente de El Taco Loco. Este lugar fue fundado en 1977 por el señor Raúl Ibarra y originalmente se llamaba Las Tortugas San Luis, luego evolucionó a Taquería Linda y más recientemente fue bautizada como El Taco Loco.
Actualmente se encuentra a cargo del señor Javier Ibarra y su hijo, quienes a diario atienden a los comensales que se acercan a disfrutar de la variedad en su menú, y por supuesto, gran parte de su clientela se mantiene fiel a este sitio por nostalgia.
“Hay mucha gente que viene y dice que sus papás los traían desde niños, muchos dicen, yo venía con mi abuelito, yo venía con mi papá cuando estaba chiquito, mucha gente se pone muy nostálgica cuando vienen todavía a visitar aquí”, señaló.
Don Javier recordó que su padre fue propietario de varios locales al interior del Mercado Zaragoza y gracias a ellos forjó una estabilidad económica que le permitió sacar a su familia adelante.
Con el paso de los años la venta fue decayendo, lo que llevó a Don Raúl a vender los locales internos y conservar solamente el ubicado en la esquina de las calles Guerrero y Porfirio Díaz, mismo que ha logrado superar todas las dificultades, incluso en la pandemia de COVID, El Taco Loco, logró sobrevivir.


PANDEMIA, PUNTO DE QUIEBRE
El 17 de marzo del 2020 el llamado del gobierno a detener la movilidad y permanecer en casa para evitar los contagios de COVID se convirtió en una sentencia de quiebra para muchos comerciantes.
Fue en esta época cuando una mayor cantidad de locatarios se vieron obligados a bajar sus cortinas metálicas. Tal es el caso de Antojitos Mariam, local de cocina económica que tuvo que permanecer fuera de servicio durante varios meses.
“Ya no recuerdo bien cuanto tiempo, pero sí tuvimos varios meses cerrados, y más aquí, porque al cerrar el mercado teníamos que cerrar, todos se vieron forzados. Los de comida sí tenían abierto, pero los de exteriores, como yo estoy adentro pues tuvimos que cerrar parejo. Y ahora han estado muy tranquilas las ventas, muy tristes”, recordó Mariam, propietaria de este negocio.
La señora Mariam, recuerda que tuvo diez años de buenas ventas previo a la pandemia. A poco más de cuatro años de la nueva normalidad, las ventas nunca volvieron a ser lo mismo, si bien, siguen llegando fieles comensales, la afluencia en la zona Centro se concentra en las grandes tiendas de la peatonal Hidalgo, pero pocos compradores se aventuran a visitar los negocios dentro del mercado o en las calles aledañas a la principal.
Aunque por el momento la racha no es tan buena, Mariam y sus trabajadoras se mantienen en pie, buscando nuevas recetas para conquistar a los comensales, apostándole a la entrega a domicilio para mantenerse vigentes en la preferencia de los compradores, y aportando ideas con sus compañeros locatarios para tratar de mantener a flote el Mercado Zaragoza.
Patricio Hernández recuerda que la pandemia fue una temporada de incertidumbre para todos y ese temor se reflejó en las ventas pues la comunidad dejó de consumir todo aquello que no fuera esencial al no saber por cuanto tiempo tendría que prolongarse el encierro.
“Fue algo muy terrible, algo que nosotros nunca habíamos sentido, la gente tenía mucho miedo, no sabían lo que iba a suceder, aquí cerramos casi dos meses, yo tuve que vender algunas cosas por seguridad; no era necesario, pero a causa del miedo las tuve que vender para poder pagarle a los empleados, que ellos también pudieran sobrevivir, yo me fui a mi casa pero aquí en el negocio las cosas ya no fueron iguales, cambió todo, igual que en todas partes de México”, recordó.


DIVERSIFICAR O MORIR
La dura época de la pandemia llevó a los comerciantes del Mercado Zaragoza a buscar alternativas para salir a flote o cerrar de forma definitiva sus locales.
Hernández Polina fue uno de los pocos previsores que sacó el máximo provecho a sus ahorros y tuvo la oportunidad de surtirse de otro tipo de mercancías para poder atraer a clientes durante todo el año.
“Los que estamos ahorita, somos los más persistentes, los que sobrevivimos. La manera es diversificarnos, y es lo que yo les aconsejo a la mayoría, no vender una sola cosa, yo si no vendía llaves, joyería, vendía algo de ropa, algo de calzado, aunque fuera poquito, pero sobreviví”, recordó.
Si bien la vida ha vuelto a la normalidad, la baja afluencia de compradores locales y de turistas obliga de nueva cuenta a los locatarios a diversificar.
Anteriormente se especializaban en un solo producto, actualmente, la mayoría de los locatarios tiene una amplia variedad para satisfacer desde a los compradores fieles hasta a los curiosos que solo entraron al mercado para ver que se encontraban.
De un total de 125 locales que conforman el Mercado Zaragoza, actualmente solo permanecen abiertos alrededor de 60, la mayoría de artesanías, vestimenta típica, joyería, vestidos para fiestas, reparación de relojes y fondas o taquerías.

CREACIÓN DE CORREDOR TURÍSTICO
Desde hace meses el gobierno municipal está trabajando en el proyecto de un corredor turístico en la zona centro de la ciudad que comprenderá desde el puente internacional Reynosa-Hidalgo hasta el Museo del Ferrocarril, pasando por supuesto por la peatonal Hidalgo y el Mercado Zaragoza.
Parte del proyecto contempla renovar las fachadas de los establecimientos y casas antiguas colocando caliche labrado de estilo norestense, fase a la que el Zaragoza ya se sumó.
Además, se facilitarán trámites burocráticos y permisos para atraer a nuevos negocios a este sector. Se busca también que en los próximos meses se pueda crear una ruta turística utilizando carretas eléctricas para dar un tour a los visitantes por los puntos más emblemáticos del primer cuadro de la ciudad.
Y aunque este plan se escucha prometedor, para quienes se dedican al comercio en esta zona, aún se les queda a deber.
Hernández Polina señaló que a lo largo de los años ha mantenido un trato cordial con quienes han participado en los gobiernos locales, sin embargo, a todos ellos les ha faltado acercamiento real con los locatarios para conocer lo que necesitan y poner en práctica las sugerencias que les externan.
“Nosotros tenemos muchas ideas que gran parte no las podemos llevar a cabo por nosotros mismos, pero el gobierno puede involucrarnos, puede ayudarnos. Una forma muy importante son los préstamos a fondo perdido, que nos ayuden a reinvertir y poder sacar este mercado que es un lugar que ya está comprobado por la historia como un centro de divisas. Ahorita estamos en una posición privilegiada y sin embargo lo estamos desperdiciando”, recalcó.
Pero la percha de los negocios no es suficiente para atraer a los compradores locales y extranjeros, tanto el comerciante Patricio Hernández como el presidente de la Cámara Nacional de Comercio en Reynosa, Gildardo López Hinojosa, coincidieron en que es necesario “blindar” el primer cuadro de la ciudad para que regrese la vida nocturna a este sector.
Durante los primeros meses de la pandemia los negocios que permanecieron abiertos recortaron sus horarios de servicio, sin embargo, en el regreso a la normalidad las horas de trabajo no volvieron a lo acostumbrado.
Actualmente el centro de la ciudad se apaga alrededor de las 19:00 horas, dejando calles poco iluminadas, perfectas para que los amantes de lo ajeno hagan de las suyas.
Por ello, Patricio y Gildardo comparten la petición de aumentar la presencia de policía de proximidad en el sector para evitar que los comerciantes sean atracados y que los clientes se sientan seguros de caminar y gastar por el centro.
“Nos gustaría que estuviera blindado totalmente para que el turismo que visite el corredor turístico no sea molestado, no sea extorsionado y que de alguna forma vengan y disfruten, aunque sean unas cuadras, dos, y se regresen hacia el Valle de Texas, no importa, empezarían a subir las cuadras hasta llegar a la plaza principal, posteriormente la peatonal Hidalgo, poder entrar al Mercado Zaragoza y de alguna forma reactivar toda la economía del corredor turístico”, manifestó López Hinojosa.
BRAZOS ABIERTOS
Los 60 locatarios que permanecen en pie de lucha en el Mercado Zaragoza se encuentran de brazos abiertos para recibir a los visitantes, preparados con productos y servicios de calidad que logren cautivarlos para regresen una y otra vez, y ayuden a mantener vivo este espacio por el que han pasado personajes célebres, en el que muchas familias han forjado la economía para sacar adelante a los suyos, y en el que prácticamente todos los reynosenses han caminado y admirando las artesanías que adornan cada pasillo enredado de este emblemático lugar.
“Todos los días del año está abierto, desde 07:00 de la mañana hasta las 09:30 de la noche, los esperamos con la tradicional torta de ternera, su limonada o trolebús de mango, bienvenidos y estamos para atenderles con la mejor disposición”, invitó Víctor Ibarra a nombre de la taquería El Pingüino y todos los locatarios del Mercado Zaragoza.
