Entre la innovación espacial y la contaminación ambiental

Los lanzamientos del cohete Starship acumulan críticas por las afectaciones  ambientales que generan. Aunque los despegues se realizan desde territorio estadounidense, activistas señalan que en playas como Bagdad, en Matamoros, se encuentran dentro del radio de desechos arrojados durante cada vuelo de prueba.

Matamoros, Tam.

En cada lanzamiento del cohete Starship, desarrollado por la empresa SpaceX, la comunidad tanto del sur de Estados Unidos como del otro lado de la frontera, en México, suele disfrutar de este espectáculo espacial, en el que la nave más grande del mundo se eleva hacia el cielo con el objetivo de ir al espacio. 

Sin embargo, detrás de este espectáculo que reúne a cientos de personas, también existe una preocupación ambiental que ha sido señalada por activistas mexicanos, quienes durante los últimos años han exigido una mayor regulación de estos vuelos de prueba, principalmente por los residuos que, aseguran, terminan llegando a territorio mexicano.

Uno de los puntos donde se ha señalado esta problemática es la Playa Bagdad, en el municipio de Matamoros, ubicada a pocos kilómetros de la zona donde se realizan los lanzamientos desde el territorio estadounidense.

Una realidad es que cada despegue del Starship se ha convertido también en un atractivo para las familias matamorenses, algunas de las cuales incluso acampan en la playa con el propósito de observar el lanzamiento de la nave.

La cercanía entre Matamoros y la zona de lanzamiento permite que el despegue pueda observarse desde territorio mexicano, convirtiendo a la Playa Bagdad en uno de los puntos donde ciudadanos se reúnen para presenciar el desarrollo de esta tecnología espacial; hay quienes viajan de ciudades aledañas como Reynosa o Río Bravo con el propósito de poder vivir esta experiencia; sin embargo, hay consecuencias a largo plazo que estos eventos provocan en la región. 

El proyecto es encabezado por el empresario Elon Musk, fundador de SpaceX, empresa que desarrolla el sistema Starship con el objetivo de realizar misiones espaciales de gran alcance y, eventualmente, llevar seres humanos a Marte.

El Starship es considerado el sistema de lanzamiento más grande y potente desarrollado hasta ahora, por lo que cada vuelo de prueba representa un paso en el desarrollo de una tecnología que busca ampliar las posibilidades de exploración espacial.

El Starship mide alrededor de 121.3 metros de altura: 71 del propulsor Super Heavy y 50,3 de la nave Starship. En comparación con otras unidades, el cohete SLS de la NASA mide alrededor de 98 metros, el Falcon 9 de SpaceX 70 metros y el Ariane 6 de la agencia Espacial Europea mide alrededor de 62 metros. Incluso, a futuro, se espera que del Starship pueda alcanzar una altura de 150 metros.

¿CÓMO ES?

El cohete Starship, de nueve metros de diámetro, está compuesto principalmente por combustible y oxidante. Para levantar su propio peso y una carga útil de 100 toneladas hasta la órbita baja terrestre, Starship requiere más de 5,000 toneladas de metano y oxígeno líquido. Una característica distintiva del cohete es su cantidad de motores. El Super Heavy está equipado con 33 motores, mientras que la Starship tiene seis: tres optimizados para la atmósfera terrestre y tres para el vacío del espacio, con toberas más grandes.  Elon Musk ha mencionado que las futuras versiones del cohete podrían tener aún más motores. El motor actual, el Raptor 2, está en uso, pero SpaceX ya está probando los nuevos motores Raptor 3.

EXISTE UN DEBATE CRECIENTE 

El avance tecnológico también ha abierto un debate sobre los efectos que estas pruebas pueden generar en el medio ambiente, especialmente en una zona fronteriza donde las consecuencias de los lanzamientos no necesariamente se quedan del lado estadounidense.

Es precisamente en este punto donde surge la discusión entre la innovación espacial y el impacto ambiental: mientras para algunos los lanzamientos representan un avance histórico en la exploración del espacio, para activistas y habitantes de la región también significan una preocupación por los residuos, fragmentos y posibles afectaciones que pueden alcanzar ecosistemas del lado mexicano.

Desde abril de 2023, cuando SpaceX realizó el primer vuelo de prueba del Starship, los lanzamientos de este sistema espacial han estado acompañados por cuestionamientos relacionados con sus posibles efectos ambientales.

Durante aquel primer vuelo, el cohete logró despegar, pero explotó en el aire antes de completar con éxito la fase de separación, lo que despertó la preocupación de habitantes y organizaciones ambientales por las consecuencias que este tipo de pruebas podrían generar en los ecosistemas cercanos a la zona de lanzamiento.

A partir de ese entonces, los vuelos de prueba comenzaron a ser objeto de una mayor vigilancia por parte de autoridades estadounidenses, particularmente debido a los efectos que pueden producir tanto el despegue, como las explosiones y los restos derivados de estos eventos.

Sin embargo, el impacto no se limita únicamente al momento del despegue. La potencia generada por los motores del Starship puede provocar que grandes cantidades de polvo, tierra y otros materiales sean desplazados en los alrededores, mientras que, en los vuelos que terminan en explosiones o fallas, los restos del vehículo pueden dispersarse en una amplia zona.

Esta situación ha generado especial preocupación debido a la cercanía de la zona de lanzamiento con ecosistemas costeros y comunidades ubicadas a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México.

PLAYA BAGDAD, EL OTRO LADO DE LA HISTORIA

Desde que comenzaron los lanzamientos de SpaceX en abril de 2023, activistas y organizaciones ambientales han advertido sobre la necesidad de que exista una mayor vigilancia de los efectos que estas operaciones pueden generar.

La preocupación dejó de ser únicamente una posibilidad en 2025, cuando restos de uno de los vuelos de Starship comenzaron a aparecer en las costas de Matamoros.

En junio de ese año, integrantes de Conibio Global documentaron en Playa Bagdad la presencia de numerosos fragmentos que presuntamente correspondían al cohete de SpaceX que había explotado días antes durante un lanzamiento. Entre los materiales encontrados había piezas de plástico, aluminio y estructuras metálicas, así como tanques con identificaciones de la empresa. Los ambientalistas reportaron haber localizado residuos a lo largo de aproximadamente 40 kilómetros de la playa. Lo más preocupante: se documentaron delfines sin vida.

El hallazgo generó preocupación no solamente por la cantidad de residuos, sino por el lugar donde terminaron: una zona costera que forma parte del hábitat de distintas especies y que además es utilizada por tortugas marinas durante su ciclo reproductivo.

En ese momento, los activistas solicitaron la intervención de las autoridades ambientales mexicanas y plantearon la necesidad de determinar quién debía hacerse responsable de retirar los residuos y evaluar sus posibles efectos sobre el ecosistema. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) informó que investigaría los hechos para determinar responsabilidades. 

La preocupación volvió a aparecer meses después. En octubre de 2025, ambientalistas denunciaron nuevamente la llegada de fragmentos que atribuían a otro vuelo de Starship. Entre los objetos localizados se encontraba un tanque metálico de aproximadamente 200 litros, señalado como parte del sistema de propulsión de la nave. La situación llevó incluso a la Capitanía de Puerto de Matamoros a emitir un aviso para que navegantes reportaran cualquier objeto que pudiera estar relacionado con los restos del vehículo espacial. 

Para los activistas, el problema no termina cuando los restos llegan a la arena. La preocupación está relacionada con lo que puede ocurrir cuando estos materiales permanecen en el mar, son arrastrados por las corrientes o terminan incorporándose al ecosistema costero.

La presencia de estos residuos también ha puesto sobre la mesa la situación de las especies que habitan o transitan por esta zona del Golfo de México. En particular, organizaciones ambientalistas han advertido sobre posibles afectaciones a la tortuga lora, una especie protegida que utiliza las costas de Tamaulipas para su reproducción. 

A esto se suma la preocupación de pescadores y habitantes de Playa Bagdad, quienes han señalado que los lanzamientos y la llegada de residuos ocurren en una zona de la que dependen actividades como la pesca.

Así, para quienes observan el Starship desde la playa, el lanzamiento puede durar apenas unos minutos; sin embargo, los residuos de un vuelo que termina en una explosión pueden permanecer durante mucho más tiempo en las costas mexicanas.

Y es precisamente ahí donde los activistas han insistido que la cercanía con Estados Unidos no significa que los efectos ambientales de las operaciones de SpaceX se queden del otro lado de la frontera.

La discusión ha llegado incluso al ámbito federal. Tras los hallazgos de 2025, el Gobierno de México analizó la posibilidad de emprender acciones legales contra SpaceX por la caída de fragmentos en las costas tamaulipecas. Aunque posteriormente se optó por privilegiar el diálogo y la coordinación con Estados Unidos y la empresa, organizaciones ambientalistas han continuado denunciando la presencia de residuos y reclamando una mayor intervención de las autoridades mexicanas. 

La controversia volvió a ser tema de discusión este año, específicamente el pasado mes de julio, cuando en el décimo tercer lanzamiento desde su complejo ubicado en Boca Chica, Texas, el propulsor del cohete cayó en territorio mexicano ya por cuarta ocasión; esto fue denunciado por Jesús Elías Ibarra, presidente de la organización Conservación e Investigación de la Biodiversidad (Conibio Global).

El activista mexicano, ha advertido que la basura especial que termina en el mar puede contener mercurio y otros metales pesados, por lo que existe la posibilidad de que animales marinos puedan consumir estos residuos, lo que les puede provocar la muerte o el riesgo de que especies de pesca acumulen contaminantes en su organismo.

CONTINÚAN MANIFESTACIONES 

Conibio Global ha organizado protestas pacíficas en Playa Bagdad bajo el lema “México no es el basurero de SpaceX”. La última protesta se llevó a cabo el 26 de julio, coincidiendo con el vuelo número 13 del Starship.  La organización se opuso firmemente a estos lanzamientos, debido a la problemática creciente en donde SpaceX ha estado dejando caer residuos espaciales en aguas mexicanas.

Los activistas hicieron un llamado directo a la presidenta Claudia Sheinbaum y a varias dependencias federales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. Esto para que intervengan ante lo que consideran un riesgo ambiental y humano derivado de las pruebas del propulsor en la zona.

A bordo de una embarcación, Ibarra Rodríguez, difundió un video explicando el objetivo de la acción: evitar que el propulsor del cohete explote en territorio mexicano.  Según su testimonio, la presencia de embarcaciones con activistas ha influido en ocasiones anteriores para que SpaceX dirija la caída de los restos hacia otras zonas, alejadas de aguas nacionales.

Ibarra mencionó que la organización realiza labores de conservación de tortuga marina y delfines en la misma zona donde se realizan las pruebas. Un mes antes, habían liberado 25 mil crías de tortuga en ese litoral.

El activista indicó que hasta el momento no se ha confirmado oficialmente si estos restos representan un riesgo radiactivo, por lo que pidió a las autoridades realizar una evaluación formal.

De esta manera, Playa Bagdad se encuentra en una posición particular: es, al mismo tiempo, uno de los lugares desde donde los habitantes pueden admirar el avance de la industria espacial y uno de los sitios donde sus consecuencias materiales han terminado llegando a tierra.

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