Agravan indiferencia y costos agonía del campo  

Productores agrícolas de Reynosa y la región atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años. La falta de lluvias oportunas, los elevados costos de producción, la desaparición de programas de apoyo y los bajos rendimientos de las cosechas han provocado que miles de hectáreas permanezcan sin sembrarse. 

Reynosa, Tam.-

Aunque las recientes lluvias registradas en Reynosa y municipios de la región han representado un alivio temporal para agricultores y ganaderos, la realidad que enfrenta el campo tamaulipeco continúa siendo compleja. 

La falta de apoyos gubernamentales, la incertidumbre climática, los altos costos de producción y la baja rentabilidad de los cultivos han colocado a cientos de productores en una situación crítica que pone en riesgo la actividad agrícola en la frontera norte del estado.

Para quienes dependen de la tierra como principal fuente de ingresos, cada precipitación representa una esperanza. Sin embargo, las lluvias registradas durante las últimas semanas han sido irregulares, beneficiando únicamente a ciertas zonas rurales mientras otras continúan padeciendo la falta de humedad necesaria para garantizar una producción adecuada.

Francisco Javier Garosa, presidente del Décimo Cuarto Comité Campesino con sede en Reynosa, explicó que las precipitaciones han sido dispersas y de baja intensidad, lo que impide que el beneficio alcance por igual a todos los productores.

“Han sido aguas cortadas; en algunas partes llovieron dos o tres décimos, en otras una pulgada, pero no llueve parejo. Para quienes tienen cultivos pequeños sí representa un beneficio, pero para otros ya es demasiado tarde”, señaló.

MILES DE HECTÁREAS SIN SEMBRAR

La crisis que atraviesa el sector agrícola no se limita únicamente a la falta de lluvias. De acuerdo con representantes campesinos, una gran cantidad de productores decidió no sembrar durante el ciclo agrícola debido a los elevados costos de los insumos y a la incertidumbre sobre la recuperación de la inversión.

La situación ha provocado que extensas superficies permanezcan sin trabajar, algo que hace apenas algunos años resultaba impensable en una región históricamente productora de sorgo.

Garosa explicó que muchos agricultores optaron por no arriesgar sus recursos ante un panorama económico desfavorable. Los precios de fertilizantes, semillas, combustibles y refacciones continúan elevados, mientras que los ingresos obtenidos por la cosecha no alcanzan para cubrir los gastos realizados durante el ciclo productivo.

“Hay mucha tierra que se va a quedar sin trabajar. Los créditos son escasos, el precio del grano no ayuda y los insumos están muy caros. Hay compañeros que definitivamente no van a sembrar porque simplemente no les salen las cuentas”, expresó.

La falta de financiamiento también representa un obstáculo importante. Productores aseguran que los créditos para el campo son cada vez más limitados, lo que dificulta la adquisición de maquinaria, equipo e insumos necesarios para mantener la productividad.

MENOS APOYOS Y MÁS DIFICULTADES

A la problemática climática y económica se suma la desaparición de diversos programas de apoyo que durante años sirvieron como respaldo para miles de productores.

Entre los beneficios que ya no reciben se encuentran los subsidios para combustible agrícola, apoyos para maquinaria, implementos agrícolas y el seguro catastrófico, herramienta que permitía amortiguar las pérdidas ocasionadas por fenómenos meteorológicos extremos.

De acuerdo con el dirigente campesino, actualmente los agricultores trabajan con maquinaria envejecida y con recursos limitados para enfrentar los retos de cada ciclo agrícola.

“Nos quitaron el seguro catastrófico, ya no hay apoyos para tractores ni implementos agrícolas. Muchos compañeros trabajan con tractores que ya son obsoletos, pero no tienen otra opción”, comentó.

Además, algunos productores tampoco lograron acceder a programas federales relacionados con fertilizantes o incentivos que anteriormente contribuían a reducir los costos de producción.

Ante este panorama, organizaciones campesinas continúan solicitando la intervención de las autoridades federales y estatales para implementar estrategias que permitan reactivar el sector y evitar una disminución aún mayor de la superficie cultivada.

PRODUCCIÓN POR DEBAJO DE NIVELES

La falta de lluvias durante etapas clave del desarrollo de los cultivos ha impactado directamente en los rendimientos obtenidos por los agricultores.

Mientras que en condiciones favorables un productor puede aspirar a cosechar entre cuatro y seis toneladas por hectárea, actualmente muchos apenas logran obtener entre 700 kilogramos y una tonelada de sorgo.

La diferencia resulta significativa si se considera que los costos de producción se mantienen prácticamente iguales, independientemente de la cantidad cosechada.

“Es raro encontrar a alguien que esté levantando dos toneladas. La mayoría anda entre 700, 800 kilos o una tonelada. La falta de lluvias nos pegó muy fuerte y esa es la realidad que estamos viviendo”, explicó Garosa.

Esta situación ha generado pérdidas económicas para numerosos productores, quienes en algunos casos invirtieron entre cinco y seis mil pesos por hectárea y ahora enfrentan ingresos insuficientes para recuperar lo desembolsado.

Aunque el sorgo continúa siendo un cultivo rentable cuando existen buenos rendimientos, la combinación de sequía y bajos volúmenes de producción ha reducido considerablemente las ganancias.

BUSCAN NUEVAS ALTERNATIVAS PARA SOBREVIVIR

Frente a la incertidumbre, algunos productores han comenzado a explorar cultivos alternativos que les permitan diversificar riesgos y encontrar nuevas oportunidades de mercado.

Entre las opciones que actualmente despiertan interés se encuentra el ajonjolí, cultivo que puede adaptarse a determinadas condiciones de humedad y que algunos agricultores ya consideran para futuros ciclos agrícolas.

Asimismo, productores de la región observan con atención experiencias desarrolladas en otros municipios de Tamaulipas relacionadas con nuevas variedades de frijol que podrían representar una alternativa viable para el campo fronterizo.

La intención es encontrar opciones que permitan reducir la dependencia de un solo cultivo y mejorar la rentabilidad en un contexto cada vez más complicado por las condiciones climáticas.

FUTURO INCIERTO PARA EL CAMPO

A pesar de las dificultades, los productores mantienen la esperanza de que las lluvias continúen durante los próximos meses y permitan mejorar las condiciones para los cultivos tardíos y la actividad ganadera.

Sin embargo, el sentimiento predominante entre quienes trabajan la tierra es de preocupación. La combinación de sequía recurrente, apoyos insuficientes y costos crecientes ha generado un escenario que amenaza la permanencia de muchos agricultores en la actividad.

Desde el Comité Campesino de Reynosa insisten en que el rescate del campo requiere acciones concretas y políticas públicas que permitan recuperar la productividad de una región que históricamente ha sido uno de los principales motores agrícolas de Tamaulipas.

Mientras los productores concluyen la cosecha de un ciclo marcado por las adversidades, el futuro del campo permanece ligado a dos factores fundamentales: el regreso de lluvias suficientes y la implementación de apoyos que permitan a los agricultores continuar sembrando. Sin ellos, advierten, cada vez serán más las hectáreas que permanezcan abandonadas y menor la cantidad de familias que puedan vivir de la tierra en la frontera tamaulipeca.

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