Reynosa, a un año de la devastación

Poco más de un año ha pasado desde la tormenta que cambió la vida de cientos de reynosenses, aunque han logrado reconstruir sus hogares, el miedo a perderlo todo de nuevo permanece latente.

La jornada del 27 de marzo de 2025 cambió la vida de miles de reynosenses que enfrentaron la furia de la naturaleza. Aunque el Servicio Meteorológico Nacional había pronosticado lluvias, nadie anticipó que en apenas hora y media caerían cerca de 12 pulgadas de agua, suficientes para dejar inundadas al menos a 70 colonias de la ciudad.

A un año de la tragedia, la vida parece haber retomado su curso. Con el apoyo de ciudadanos y programas gubernamentales, muchas familias lograron limpiar sus viviendas, recuperar lo indispensable y volver a empezar.

Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad persiste una pregunta: ¿está Reynosa preparada para enfrentar otra inundación?

RECUENTO DE DAÑOS

Desde la madrugada del jueves 27 de marzo las lluvias se hicieron presentes en la ciudad. Al amanecer se registraron inundaciones moderadas en las zonas bajas, así como se reportó que el dren de Las Mujeres alcanzó su máxima capacidad, despertando temor entre los residentes de la zona quienes ya han sido víctimas de desbordes de este caudal. 

Con el paso de las horas el agua acumulada fue bajando y aunque las lluvias continuaron durante la mañana la afectación era mínima. La vida para los reynosenses continuó de forma cotidiana. 

Alrededor de las 14:00 horas, a través de sus redes sociales, la coordinación de Protección Civil de Reynosa emitió una alerta por un sistema de fuertes tormentas que estaba atravesando la frontera chica con rumbo hacia Reynosa. Este fenómeno traía consigo descargas eléctricas, rachas de viento superiores a los 60 kilómetros por hora y la posibilidad de caída de granizo. En su mensaje, la dependencia alertó por un elevado riesgo de inundaciones en zonas bajas, caída de árboles y cortes de electricidad.

El mensaje se dio, sin embargo, nadie esperaba que la cantidad de lluvia fuera tal que en cuestión de minutos anegara las zonas bajas y provocara el desborde de los drenes de la ciudad, dejando bajo el agua miles de viviendas y arrastrando a su paso vehículos, recipientes de basura, muebles e incluso a personas, dos de las cuales perdieron la vida. 

Para las 17:00 horas, habitantes de al menos 70 colonias se encontraban bajo el agua tratando de ponerse a salvo como podían. La ciudad quedó paralizada. Gran parte de la clase trabajadora quedó atorada en el tráfico en su intento de llegar a su hogar, esta saturación de vialidades entorpeció la movilización de las unidades de emergencia que buscaban responder los miles de llamados de auxilio de la ciudadanía.

En poco tiempo la Secretaría de la Defensa Nacional activó el Plan DN-III- E y desplegó a 760 efectivos que se sumaron a Protección Civil Reynosa y Regional, así como a los reynosenses que asumieron labores de rescatistas ante la gravedad de la situación.

Toda la noche del 27 y la jornada del viernes 28 de marzo autoridades y voluntarios desarrollaron labores de rescate en la ciudad, llevando a los damnificados al albergue temporal habilitado en el Polideportivo y acercando víveres básicos a quienes se negaban a dejar su hogar por temor a perder lo poco que les quedaba a manos de delincuentes.

Tras las primeras evaluaciones de las autoridades, se dio a conocer que la inundación afectó a 70 colonias, de las cuales 20 sufrieron daños de gravedad al haber alcanzado acumulación de agua por encima del metro de altura. Un promedio de 10 mil viviendas sufrió daños en diversos niveles, miles de familias lo perdieron todo en cuestión de minutos.

HISTORIAS DE LA INUNDACIÓN

Uno de los sitios afectados por la inundación fue la casa del indigente Santísima Trinidad, ubicada en la colonia Aquiles Serdán, que en ese entonces albergaba a cerca de 15 personas. 

Esa tarde realizaban sus actividades con normalidad, pensaban que como en otras ocasiones la lluvia no pasaría de encharcar el área del patio, por lo que decidieron quedarse hasta que pasara. Además de los habitantes permanentes se encontraban presentes la encargada del lugar Graciela González Benítez, el doctor que realizaba sus prácticas y la cocinera. 

Al paso de los minutos fueron notando la filtración del agua hacia el interior del edificio, situación que empezó a poner nerviosos a los presentes. Entre todos empezaron a subir algunos enseres a las mesas para protegerlos, y al paso del tiempo fueron las personas las que tuvieron que ocupar las mesas para mantenerse a salvo. Al ver que el agua no dejaba de subir, Grace empezó a idear cómo subir a las personas con discapacidad al techo y como mantener en calma a los pacientes psiquiátricos que ya estaban asustados.

Aunque pidieron ayuda al 911 las autoridades estaban saturadas de llamados, todos de urgencia, y no había forma de que los voluntarios ingresaran sin poner en riesgo su integridad. Fue hasta la media noche que integrantes de la asociación Ayuda Humanitaria pudieron acercarse y ayudaron a trasladar a todos hacia un albergue habilitado en un hotel del primer cuadro de la ciudad. 

“Cada hora estábamos más inundados y llegó el momento en que ya no pudimos salirnos. Pedí que vinieran a rescatarnos, pero nadie llegó. Fue como a las 12 de la noche cuando Ayuda Humanitaria se acercó, pudo pasar en su camioneta y nos estuvimos saliendo. Nada más veíamos cómo pasaban las cosas, hasta carros que los arrastraba el agua”, relató Grace. 

No todos se encontraban acompañados cuando se presentó la emergencia. Yani Vega se encontraba solo con su mascota en su departamento cuando el dren de Las Mujeres se desbordó, dejando bajo el agua en cuestión de minutos a los habitantes de la colonia Del Valle.

Su experiencia con otras inundaciones la llevaron a mover su carro cuadras arriba cuando notó que la tormenta empezó a arreciar, pero volvió a su casa confiando en que la lluvia no sería tan intensa como para sobrepasar los bordes que construyó frente a su vivienda tras vivir las avenidas que ocasionó el huracán Hanna en el 2020.

Esta decisión fue un error. Minutos más tarde el agua entró a su hogar rápidamente por lo que metió a su mascota a una transportadora, tomó algo de ropa y salió de inmediato para ponerse a salvo, dejando de lado otros artículos, inclusive sus documentos personales.

“El agua estaba muy fuerte, empezó a subir el nivel muy rápido. Una amiga me ofreció quedarme en su casa e intenté llegar, pero ya estaba colapsado todo, había demasiadas calles cerradas. Fui con otra amiga, pero también se le estaba metiendo el agua”, explicó.

Afortunadamente contaba con el presupuesto para buscar refugio en un hotel mientras pasaba la tormenta, batalló un poco para encontrar un lugar que aceptara a su mascota, pero finalmente lo logró.

Cuando la lluvia se detuvo decidió volver a su casa por sus documentos. Se encontró con la imagen de su calle severamente inundada, pero decidió aventurarse. El agua le llegaba hasta el hombro y la corriente provocó que tambaleara su paso. Mientras trataba de llegar a su casa vio a un vecino de la tercera edad ser rescatado por su hijo. Fue cuando por poco pierde el equilibrio, exponiéndose a ser arrastrada. Con esfuerzo se logró sostener y abandonó la misión de recuperar su papelería, regresando a un sitio seguro.

“Se me hizo fácil y fui a la casa, me metí al agua, me llegaba a los hombros, pero no pude abrir la puerta. De regreso la corriente me llevaba, estuvo peligroso, no sé por qué me arriesgue”, añadió.

INICIA LA RECUPERACIÓN

Acostumbrados a hacerle frente por sí mismos a sus problemas, los reynosenses iniciaron la recuperación de sus hogares tan pronto bajó el nivel del agua. Para algunos fue necesario esperar algunos días, para otros como Yani y Grace, los esfuerzos comenzaron al siguiente día. 

Entrar a la casa del indigente después de la devastación fue un shock. Si bien fueron testigos del nivel que alcanzó el agua la noche anterior, no habían sido consientes de las pérdidas que esto implicaba. 

El olor a drenaje era insoportable. Las camas, la ropa y la despensa estaban entre el lodo, y lo enseres domésticos totalmente empapados. 

Rápidamente pusieron manos a la obra y con ayuda de voluntarios lograron limpiar el lugar en dos días, recibiendo de nueva cuenta a sus residentes habituales que tuvieron que dormir por un tiempo en colchonetas mientras se fueron recuperando. 

“Era una pestilencia, era una contaminación tremenda. Sacamos todo para la calle, la mayoría de las cosas se tiró, lo que ya no era rescatable, y lavamos lo demás. Fue un trabajo de dos días bien pesado, pero teníamos que tener todo habilitado porque los pacientes estaban muy inquietos allá donde estaban y ya se querían regresar”, señaló Grace.

A un año de la devastación y sin apoyo gubernamental, la casa Santísima Trinidad ha logrado una recuperación del 80%. La pintura no fue prioridad por lo que aún hay evidencia de los daños en las paredes. Los sanitarios también sufrieron descomposturas que hasta le fecha no se han logrado subsanar en su totalidad, sin embargo, están agradecidos de haber salido adelante de tan difícil situación. 

Si bien el agua superó el metro de altura en el departamento de Yani, con un arduo trabajo de limpieza logró recuperar sus muebles, el sofá y el colchón los pudo lavar y desinfectar, al igual que la mayoría de su ropa y enseres domésticos. La lavadora y el refrigerador funcionaron tras varios días al sol, y ante su “suerte” decidió no solicitar ningún apoyo gubernamental para salir adelante. En una semana logró recuperar la normalidad en su hogar.

“Vinieron del gobierno federal, pero gracias a Dios fueron pérdidas pequeñas y prefería que le dieran a quien había perdido sus cosas”, manifestó. 

Para familias asentadas en las colonias más afectadas, por ejemplo, en La Presa, el daño a las viviendas y sus pertenencias fue mayor. Al permanecer por más tiempo bajo el agua los electrodomésticos ya no tuvieron remedio y las tareas de limpieza les tomaron al menos diez días. Para ellos los apoyos gubernamentales, el apoyo de la sociedad civil e incluso la aportación económica de sus familias fueron factores que les ayudaron a salir adelante y retomar su vida cotidiana a pesar de que sus hogares siguieran afectados.

Hasta la fecha, residentes de La Presa como la familia García, siguen conviviendo con los estragos que causó la tormenta en sus viviendas.

PENDIENTE RECONSTRUCCIÓN DE OBRA PÚBLICA

Las diferentes dependencias que conforman el gobierno municipal pusieron manos a la obra y se sumaron a las corporaciones de emergencia para auxiliar a las familias damnificadas, ayudándolas a trasladarse a un lugar seguro, llevándoles insumos básicos y otorgándoles algunos enseres básicos para ayudarlos en su recuperación. 

A ellos se sumó el gobierno federal que autorizó la entrega de un paquete de enseres compuesto por colchón, refrigerador, estufa, abanico, batería de cocina y 8,000 pesos por familia.

Sin embargo, la reconstrucción de la infraestructura que se vio lesionada por la fuerza del agua sigue sin cristalizarse.

De acuerdo con el Secretario de Obras Públicas en Reynosa, Eduardo López Arias, durante el 2025 se evaluaron las condiciones de las obras dañadas para elaborar un proyecto ejecutivo y proponerlo al Cabildo para su aprobación. Los bordes de los canales Rodhe y Anzaldúas, así como los drenes El Anhelo y Las Mujeres fueron los que sufrieron una mayor afectación. 

Finalmente, este marzo del 2026 entraron a proceso de licitación alrededor de 20 obras cuya ejecución se estima pueda iniciar los primeros días de abril. Para estos proyectos fueron autorizados 170 millones de pesos. 

“Son bordos de contención, son reparación de puentes vehiculares, desazolve de los canales, algunos pavimentos que se dañaron. Sí hubo mucho daño, más en los bordos de contención y en los puentes, en algunas calles se erosionó y levantó el pavimento. Esas también las vamos a reparar”, abundó el funcionario.

Junto a la Comisión Nacional del Agua se trabajó durante el año pasado para reforzar los bordos de los canales además de ampliar el grosor del caudal de estos para que puedan contener más agua y ayudar a desfogarla en menor tiempo, añadió el presidente municipal Carlos Peña Ortiz.

Respecto a las presas que se construyen en la ciudad desde el 31 de mayo del 2023 con una inversión de 130 millones de pesos aportado por el Ayuntamiento y 450 millones por la iniciativa privada, López Arias indicó que el avance actual permite contener el 30% del volumen total para el que fue diseñado el proyecto, es decir, 300 mil metros cúbicos de un millón. 

Actualmente, el Ayuntamiento ha concluido la parte de la construcción que le correspondía, mientras que la iniciativa privada desarrolla la segunda etapa, se estima que las dos presas iniciadas en la actual administración queden terminadas para principios del 2027. 

Ante una precipitación de la misma magnitud que la tormenta del 2025, la presa El Aguila aún sería insuficiente para contener el daño. 

“El avance en las presas ayuda, sí, está el dique terminado al 100%, el vertedor también funcionando, se está sacando toda la tierra para formar el vaso, se lleva buen avance, hay gente ahorita ahí, maquinaria y camiones, extrayendo todo ese material, y obviamente que sí ayuda a contener un gran volumen de agua, pero el volumen real va a ser cuando ya esté al 100% terminado”, declaró el secretario.

RIESGO LATENTE

La temporada de lluvias está próxima a comenzar y los afectados por la inundación no pueden dejar de pensar si vivirán una nueva desgracia. 

Las obras para contener la fuerza la de naturaleza no están terminadas y la posibilidad de iniciar una vida desde cero en otra zona con menor riesgo es muy difícil para la mayoría de los reynosenses, por ello, han empezado a crear su propio plan de contingencia para salvaguardarse si se repite una situación similar. 

En la casa del indigente no se arriesgarán y ante un pronostico de lluvia evacuarán de forma preventiva: “aquí nunca nos habíamos inundado así hasta esta vez, por eso nos quedamos, no sabíamos qué hacer, pero en determinada ocasión que vuelva a suceder, que esté anunciado que venga un agua yo creo que sí nos vamos a salir antes”, advirtió la encargada Grace. 

Yani Vega cuenta con mayor experiencia por haber padecido varias inundaciones en la colonia Del Valle, la siguiente ocasión estará mejor preparada, tendrá sus documentos a la mano, resguardará sus electrodomésticos, y, sobre todo, evitará exponerse a la corriente que el dren de Las Mujeres provoca en el sector. 

Para ella no es opción buscar un nuevo hogar a pesar de las amargas experiencias: “Me preocupa, me da miedo, en mi cabeza tengo un plan de contingencia, pero no me pienso salir, se escucha raro, pero nada más es una vez al año, si acaso, si me voy a otro lugar no se que tipo de vecinos me van a tocar, las rentas son muy caras, hay colonias muy inseguras, pero sí, cada que empieza a llover me preocupo”, concluyó. 

Este año los reynosenses tendrán que ser más precavidos, estar más atentos a los pronósticos meteorológicos para actuar a tiempo y rezar para que no se repita la tragedia. 

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