Cuando en 2018 el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con imponer aranceles generalizados a todos los productos mexicanos, en Reynosa supimos que no era una amenaza menor, ya que, en esta ciudad, donde la economía gira en buena medida alrededor de la industria maquiladora, cualquier fricción con el mercado estadounidense representa un riesgo directo a la generación de empleo e inversión.
La relación económica entre Reynosa y Estados Unidos es tan estrecha como estratégica. Cada día, decenas de miles de productos manufacturados aquí cruzan la frontera hacia Texas y más allá. Nuestra integración con las cadenas de valor norteamericanas es profunda, especialmente en sectores como el automotriz, electrónico, médico y de telecomunicaciones. Por ello, la posibilidad de enfrentar barreras arancelarias nos obligó a actuar con rapidez y visión.
La primera reacción del sector maquilador fue reorganizar sus cadenas de suministro. Se identificaron insumos que ponían en riesgo el cumplimiento de las nuevas reglas del T-MEC, especialmente aquellos provenientes de Asia. Ante ello, muchas plantas comenzaron a sustituir componentes importados por proveeduría nacional o regional. Esta estrategia no solo ayudó a protegerse contra aranceles, sino que incentivó una mayor integración económica dentro del mismo bloque de América del Norte.
A la par, se aceleró la inversión en automatización y eficiencia operativa. El objetivo era claro: compensar posibles aumentos de costos con una producción más ágil, flexible y rentable. Se implementaron sistemas de manufactura avanzada, control de calidad en tiempo real y análisis predictivo para logística y mantenimiento. Estas mejoras permitieron al sector mantener su competitividad sin trasladar los costos al consumidor final.
Desde Reynosa, organismos como Index han jugado un rol activo en el diálogo con autoridades tanto mexicanas como estadounidenses. Se reforzó el mensaje de que la industria maquiladora no compite con Estados Unidos, sino que es parte esencial de su cadena productiva.
Más allá de la coyuntura inmediata, este episodio nos llevó a una reflexión más profunda sobre el modelo económico de Reynosa. Aunque el sector maquilador ha demostrado ser resiliente y adaptable, la experiencia de los aranceles nos dejó una lección clave: no podemos depender de un solo sector ni de un solo mercado.
Hoy sabemos que la diversificación económica que en los últimos años se ha venido promoviendo no es un lujo, sino una necesidad. Contamos con el talento humano, la ubicación estratégica y la infraestructura para expandirnos hacia industrias de mayor valor agregado, como la biotecnología, la economía del conocimiento, la energía renovable o los servicios logísticos de alto nivel. También es fundamental fortalecer los ecosistemas locales de innovación, emprendimiento y formación técnica especializada.
Reynosa debe de continuar adaptándose a los cambios, debe de seguir incrementando su resiliencia social fortaleciendo sus sectores económicos, así como su base económica en una aún más amplia y diversa, para con ello seguir siendo la frontera referente del desarrollo regional y protagonista del dinamismo comercial y empresarial.

