Soberbia inglesa, cerveza y futbol

Un millón de destellos caen sobre la cancha de Wembley. Son los flashes de las cámaras de los casi 90 mil aficionados que experimentan un ambiente mundialista, sin estar todavía en Sudáfrica.
La zona en donde se levanta el mítico inmueble está muy alejada de lo espectacular que es el centro de la ciudad y sus monumentos, aunque mantiene su belleza al cimentarse dentro de un universo paralelo. El lugar es mágico, porque se ha ganado esa condición con el paso de los años y sin importar que el original fuera demolido para construir esta joya que parece salida de la imaginación del mejor de los escritores de ciencia ficción. El inmueble sorprende a cada paso.
El histórico estadio dio la despedida al conjunto del que ha sido casa desde siempre y como invitado tuvo a México. Fiesta para el local, aventura para el visitante y toda su gente que ya fuera que viviera en la isla o viajara desde el otro continente gozó cada minuto y libra gastada para asistir a un espectáculo del que se esperaba más.
Los ingleses viven de cerveza y futbol. A estos dos ingredientes los acompañan con fish and chips, además, claro está, de los tradicionales cánticos con que endulzan los oídos mientras la batalla en el campo pone a los contendientes con los pelos de punta, dominados por el escenario y el compromiso máximo.
Desde afuera, al acercarse, parece que este gigante respira, que tiene vida propia, pero eso no sucede sino hasta que la gente llena sus 90 mil localidades. Entonces, el lugar comienza con un palpitar que da ritmo al juego que los ingleses aseguran que inventaron, que dieron forma para brindarlo al mundo.
Por eso le cantan con tanta pasión, con tanta entrega. El inglés desnuda sus sentimientos hacia el futbol y se despoja de todo lo que no le sirve durante los 90 minutos que dura el partido del fin de semana, y del siguiente, y del otro, nunca se cansa del juego, ni del balón. Y tampoco de llevar sus cánticos a todos los rincones del planeta.
El suburbio en donde se encuentra la catedral del balompié inglés cobra vida en cuestión de dos horas, en comparación del día previo al amistoso entre la selección local y México. El barrio de Wembley no es ni la cuarta parte de atractivo para el turismo como el centro de la ciudad con sus grandes monumentos y atracciones. Si no es día de evento, incluso resulta difícil encontrar algún lugar para comer o algo de ambiente en las calles de la zona, sólo hay gente con prisa por llegar a sus casas y poder descansar.
Ante México, la selección de Inglaterra jugó el último partido en casa antes del Mundial de Sudáfrica. Decía un taxista durante el recorrido que hace del aeropuerto a Wembley: “No sé cómo sea México, pero una cualidad de este país, es que somos muy organizados”.
Las palabras del trabajador del volante tuvieron ejemplo en las tribunas de Wembley, en las que los organizadores acomodaron playeras blancas y rojas que solicitaron a los aficionados a vestir para formar la imagen de la bandera de Inglaterra. Lo que desentonó en la imagen fue el lunar verde que acomodaron en una de las esquinas del estadio, llena de mexicanos que ofrecieron también un partidazo en cuanto a ambiente, entrega y pasión para apoyar a su equipo, cada vez más cerca de su aventura mundialista.
Hasta la “ola” se formó en las tribunas, se cantó el “Cielito Lindo” y aparecieron las mentadas, esporádicas y hasta estratégicas, porque se lograban escuchar en el momento en que los ingleses guardaban algo de silencio para volver a la carga.
Felices por el resultado final (3 a 1 favor de los británicos), los aficionados locales siguieron con la otra cosa que más les gusta hacer, además de patear el balón: tomar cerveza, fría, espumosa, y que los pone de mejor humor que los goles de Rooney, Crocuch y compañía. También ellos se preparan para el Mundial.
Cuando cayó por completo la noche, el escenario ya había despedido a su selección y volvía a quedar en silencio para aguardar el retorno del “Equipo de la Rosa”, en espera de que sea con el campeonato del mundo.
Futbol, pasión, balón, lucha, garra, historia, títulos, Inglaterra, México, goles… Y todo eso puede resumirse con una sola palabra: Wembley.

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