Kikín (I)

Francisco Fonseca Guzmán alcanzó el momento más alto de su carrera el 21 de junio de 2006, durante el Mundial de Alemania. México jugaba la fase eliminatoria del grupo D en el estadio Glesenkirchen frente a Portugal.
Maniche, al 5, y Simao, al 24, habían adelantado el marcador por los lusitanos.
Kikín, que en ese entonces era una de las figuras más dinámicas, atractivas, prometedoras del Tri, encabezaba el ataque con Omar Bravo,
Al minuto 29 tuvo el más glorioso acontecimiento de su vida. En un tiro de esquina cobrado por Pardo, la mandó a guardar de un testerazo a la valla del arquero Ricardo.
El cielo se abrió, los astros se alinearon y el carismático delantero que había brillado con Pumas y Cruz Azul se proyectaba al Olimpo. Jugadores como él, llenos de luz, requieren una gran actuación, una tarde maravillosa de consagración. Luis Hernández la tuvo en la copa América de 1997 anotándole dos a Brasil.
Ese día ante Portugal fue entero del Kikín.
Nada ha sido más importante en su carrera que ese gol, con el que enamoró al Benfica de Portugal, escuadra que lo firmó, deslumbrado por su magnética presencia y por sus habilidades en el área.
Pero algo ocurrió. El de Guanajuato fue víctima de un síncope de ineptitud fulminante. Luego de ese gol en Alemania, se olvidó de jugar futbol. Inexplicablemente, su rendimiento se redujo a cero. Es extrañísimo: nadie desaprende un oficio en el transcurso de un día. El talabartero, albañil, corredor de coches, mecanógrafo, nadie se desentiende de su habilidad. Pero a Kikín le ocurrió. Tal vez la ciencia médica debiera tomar parte del debate.
En Portugal anotó únicamente un gol. De ahí fue contratado por Tigres, equipo que es un caso aparte, digno de ser estudiado por los mercadólgos del futbol. El club de la Universidad Autónoma de Nuevo león pertenece a la poderosa Cementos Mexicanos. Sus dueños son absolutos desconocedores del futbol. Su negocio es vender materiales de construcción.
Pero tienen una fórmula que siempre aplican y que siempre les ha fallado. Adquirir jugadores de moda, armar un cuadro con base en billetazos. Se abulta la lista de estrellas disfuncionales que han vestido la piel de bengala: Jorge Campos, Luis Hernández, Claudio Suárez, Ramón Ramírez, Sebastián González, Oscar Pérez.
En 2007 fue el turno de Fonseca que, de acuerdo a las versiones que corren por los mentideros del futbol, costó cinco millones de dólares para que estuviera atado a la franquicia auriazul cinco años.
Han transcurrido tres y medio, con siete temporadas y el joven ha anotado apenas 15 goles con Tigres. El delantero estrella ha marcado poco más de dos goles por temporada. Y eso que en su tiempo fue la máxima luminaria del futbol mexicano.
Claro, también se ha dado tiempo para hacer comerciales de la marca cementera, representar al club en eventos de caridad y hacer aportaciones personales a fundaciones de asistencia pública. Es necesario destacar que es tremenda persona, eso que llaman un tipazo.
Pero su generosidad es inversamente proporcional a sus cualidades en la cancha.
Fonseca llegó a ser el jugador de futbol mejor pagado de Latinoamérica y hoy es una desgracia como deportista.
Tigres lo puso transferible desde el torneo anterior y nadie lo quiso. Cuando le falta año y medio de contrato por cumplir, a ver si en esta ocasión, en la que también figura en la lista negra, algún equipo le tienda la mano.

(Continuará)

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