
Con el semblante sereno pero con tristeza en sus palabras, Francisco Ramos, de 48 años, recibió el cadáver de su hijo, Gilberto Francisco Ramos Juárez, el menor guatemalteco indígena fallecido en el desierto de Texas en su intento por reencontrarse con un familiar en Estados Unidos.
“Estoy preocupado, estoy triste”, dijo el angustiado padre en el aeropuerto internacional La Aurora, en el sur de Ciudad de Guatemala, a donde llegaron los restos de Gilberto Francisco Ramos Juárez, de 15 años, quien fue localizado muerto en junio pasado en un predio cercano a La Joya, Texas.
El menor pretendía encontrarse con un hermano mayor, de 25 años de edad, radicado en la ciudad de Chicago.
Cubriéndose del sol con un sombrero negro, Ramos recibió los restos de su hijo en un ataúd gris donde se colocó una fotografía de Gilberto, cuya muerte se ha convertido en un símbolo del drama de miles de menores centroamericanos que viajan sin acompañante adulto a Estados Unidos.
Altos edificios que simulan una ciudad estadounidense adornan el retrato de este menor que con mirada seria luce un sombrero amarillo, camisa roja y pantalón de mezclilla celeste mientras recuesta su brazo izquierdo sobre un caballo de madera.
Según el gobierno estadounidense, 57.000 menores de edad ingresaron clandestinamente a su territorio desde octubre pasado, en su mayoría de El Salvador, Guatemala y Honduras, provocando una crisis humanitaria en el país norteamericano.
Gilberto, al igual que una oleada de niños centroamericanos, pretendía llegar a Estados Unidos para unirse con familiares en ese país
y llevaba como sueño trabajar para apoyar a sus padres. Sin embargo, el desierto acabó con su vida.
“Esto es muy doloroso, es muy duro. Ya no quiero que otra persona pase por esto”, expresó Catarino Ramos, tío del infante, momentos antes de que el vehículo funerario partiera hacía la aldea San José Las Flores, Chiantla, en el occidental departamento de Huehuetenango, fronterizo con México.
La crisis por los menores que viajan solos a Estados Unidos encendió las alarmas tanto en ese país norteamericano como en las naciones de Centroamérica que buscan que el tema sea tratado como un asunto humanitario y se promueva la reunificación familiar.
Ante la postura de Washington de insistir en la expulsión de los menores, países como Guatemala iniciaron una campaña mediática para disuadir la migración de niños y adolescentes.
La campaña, denominada “Quédate”, será divulgada en radio y televisión, actividades públicas, establecimientos escolares y consulados con la intención de hacer conciencia a los padres de familia y a los mismos niños y adolescentes del peligro que corren al viajar solos a Estados Unidos.
“Me duele en el alma que las madres expongan a sus hijos, vamos a hacer hasta lo imposible por frenar la migración de los niños”, aseguró la primera dama, Rosa Leal, esposa del presidente Otto Pérez e impulsora de la iniciativa.
EEUU INSISTE EN DEPORTACION
El secretario de Seguridad Nacional estadounidense, Jeh Johnson, afirmó durante su visita a Guatemala que continuará la deportación de niños centroamericanos, cerrando la puerta a los llamados de los gobiernos centroamericanos para permitir a los menores quedarse en Estados Unidos.
“Nos vamos a regir por las leyes vigentes” de Estados Unidos, que indican que las personas
detenidas por la patrulla fronteriza al intentar ingresar ilegalmente serán retiradas o devueltas, “independientemente de su edad”, sentenció
Johnson en rueda de prensa al concluir una visita de dos días a Guatemala.
Por su lado, el presidente estadounidense, Barack Obama, ha reiterado en varias ocasiones el llamado a las familias centroamericanas para que no envíen a sus hijos de forma clandestina a Estados Unidos, al reiterar la deportación.
“Ya he pedido a padres en toda América Central que no pongan a sus hijos en peligro de esta forma”, insistió el presidente.
(Agencia AFP)