Amargo impuesto a bebidas saborizadas

El 9 de septiembre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presentó su propuesta de Paquete Económico para 2020, en el que contempló un incremento en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) de refrescos y demás bebidas azucaradas.
El argumento de la dependencia fue disminuir los altos índices de obesidad que registra la sociedad mexicana; sin embargo, los antecedentes comprueban que aumentar el impuesto no erradica los hábitos de consumo y por el contrario incrementa la desigualdad social en el país.
Lo anterior, quedó evidenciado en el reciente diagnóstico realizado por el Centro de Investigaciones Económicas (CIE) de la Facultad de Economía (Faeco) de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Denominado “Industrias de las bebidas no alcohólicas y los alimentos, efectos del IEPS y contribución económica”, el análisis midió los efectos que ha tenido el impuesto de un peso por litro implementado a las bebidas saborizadas a partir de 2014, cuando se autorizó el último incremento al impuesto durante el sexenio peñista.
Los datos que arrojó el estudio fueron reveladores, pues demostró que la cantidad de consumo de bebidas azucaradas en la población permaneció casi igual, a pesar de que el gravamen se vio reflejado en el costo final del producto.
“Tiene que ver con la diversidad de bienes que se tienen para sustituir un bien por otro. Si aumenta el precio de un bien y se tienen muchos sustitutos se pueden buscar a esos sustitutos para cambiar el consumo de ese bien.
“Pareciera que los refrescos son un bien poco elástico. Es decir, que no hay muchos sustitutos para los mexicanos, entonces al aumentar el precio lo siguen consumiendo, no importa que tan alto sea el precio siguen consumiendo más o menos la misma cantidad”, dijo Edgar Luna Domínguez, representante de los autores del estudio.
En diagnóstico también arrojó que el incremento en el IEPS es un impuesto regresivo, es decir, que afecta a los más pobres.
Y es que, en México, a pesar del aumento en el precio del producto, son las clases bajas las que dedican mayor porcentaje de sus recursos económicos a la compra de refrescos y bebidas saborizadas.
En 2016, las familias del nivel más bajo gastaron el 2.23 por ciento de su presupuesto en refrescos y el 4.73 por ciento en alimentos no básicos con alta densidad calórica (Anbadc) mientras que las familias del nivel más alto apenas gastaron el 0.6 y 3.03 por ciento, respectivamente.
“Los hogares más pobres absorben el 50 por ciento del IEPS aplicado a los refrescos, mientras que su ingreso representa solamente el 25 por ciento”, determinó el análisis.
El estudio plantea que aumentar el impuesto trae más efectos negativos que positivos, por ejemplo: aumenta los problemas de desigualdad en el país y afecta el empleo y el valor agregado de la economía mexicana.
“El impacto negativo del IEPS aplicado a seis grupos de alimentos y bebidas bajo estudio, por año, asciende a: 28 mil 361 millones de pesos en producción bruta, 54 mil 321 empleos, 2 mil 643 millones de pesos en sueldos y salarios y 15 mil 891 millones de pesos de valor agregado bruto”, señaló el informe.
Los autores del estudio recalcaron que la propuesta actual de la SHCP no mencionó la estrategia a seguir para erradicar el sobrepeso y la obesidad, por lo que encuentran el anuncio como mera acción recaudatoria.
“El impuesto no termina siendo un instrumento para reducir su consumo (de las bebidas saborizadas o Anbadc), en realidad termina siendo más para recaudar”, puntualizó Joana Chapa Cantú, una de las autoras del estudio.
La presentación del análisis se llevó a cabo la mañana del 26 de septiembre en el Auditorio de la Faeco, en donde asistieron autoridades universitarias y alumnado.

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