Muchos jóvenes se han sumado a la peligrosa moda que México ya prohibió: el uso de los ‘inofensivos’ vapeadores que a la larga generan problemas respiratorios, enfermedades de las encías y problemas circulatorios.
El uso de vapeadores se ha convertido en una de las modas más preocupantes y dañinas entre adolescentes y jóvenes en México.
Estos dispositivos, que en un inicio surgieron como una alternativa al cigarro convencional para ayudar a dejar de fumar, hoy representan un serio riesgo para la salud y un desafío para las autoridades, ya que su venta y distribución están prohibidas en el país.
De acuerdo con la doctora Yirla Paola García López, médico cirujano y activista social en temas de salud, los vapeadores no son productos inofensivos, pese a que se promocionan con diseños llamativos, sabores atractivos y colores brillantes que seducen principalmente al público juvenil.
“El hecho de que no huelan como el cigarro tradicional o que tengan sabores frutales hace creer a los jóvenes que no son dañinos, pero contienen nicotina, químicos irritantes e incluso sustancias cancerígenas”, señaló.

RIESGOS PARA LA SALUD
La especialista advierte que el consumo de vapeadores genera irritación pulmonar, adicción y, en algunos casos, crisis respiratorias que pueden llevar a hospitalización e incluso a terapia intensiva.
“He visto pacientes que desde la primera inhalación presentan espasmos en las vías respiratorias, casi al grado de asfixia. Es un riesgo inmediato y a la vez de largo plazo”, explicó.
Además, García subrayó que la exposición temprana a la nicotina afecta directamente el desarrollo cerebral de los adolescentes, condicionando su capacidad cognitiva y funcional. También incrementa la posibilidad de que quienes empiezan con el vapeo terminen consumiendo cigarrillos tradicionales u otras drogas ilícitas.
“Hoy sabemos que en lugar de ser una alternativa para dejar de fumar, los vapeadores han abierto la puerta a nuevas adicciones en un sector que antes no consumía tabaco”, enfatizó. Según organismos internacionales, en el último año se ha triplicado el consumo de vapeadores en jóvenes.

MODA CLANDESTINA
Aunque en México está prohibida su venta, la doctora reconoce que lo “prohibido” suele resultar más atractivo. La presión social, la moda y la facilidad para ocultarlos son factores que impulsan su consumo.
“Son dispositivos pequeños, del tamaño de una pluma, fáciles de esconder en mochilas o bolsillos, lo que dificulta su detección en escuelas e instituciones”, explicó.
En el pasado, se llegó a vender este tipo de aparatos en máquinas expendedoras, como si fueran simples productos de uso cotidiano. Hoy, tras múltiples estudios médicos que comprobaron sus efectos nocivos, el gobierno federal determinó prohibir su comercialización. Sin embargo, el mercado clandestino sigue activo.
EL PAPEL DE LA FAMILIA
La doctora Yirla Paola García enfatizó que uno de los grandes problemas es la normalización del consumo dentro de los hogares.
“A veces son los mismos padres quienes minimizan el riesgo o permiten que sus hijos lo usen porque lo ven como algo de moda. Eso es un error grave. No existe ningún componente en un vapeador que sea sano o seguro”, advirtió.
El llamado principal, afirma, es a la información y la prevención. “No debemos dejarnos llevar por las apariencias ni por la idea de que es una alternativa menos dañina que el cigarro. Ambos generan adicción y efectos graves en la salud. Además, los vapeadores pueden ser la antesala para otro tipo de drogas”.

AMENZA SILENCIOSA
Los efectos del vapeo se suman a un panorama ya complejo en materia de salud pública. Tras la pandemia de COVID-19, muchos jóvenes quedaron con secuelas respiratorias que hacen aún más peligroso el consumo de este tipo de dispositivos. Quienes padecen asma, alergias o enfermedades crónicas pueden ver agravada su condición con consecuencias irreversibles.
La doctora García concluyó con un llamado claro: “Es urgente que como sociedad entendamos que los vapeadores no son inofensivos. Son ilegales, son dañinos y generan adicciones que ponen en riesgo la vida. La información y la prevención son las únicas armas que tenemos para proteger a nuestra juventud”.
