Tragos, música… e historia

Reconocido por ser la cuna de grandes figuras de la música regional como Cornelio Reyna y Ramón Ayala, el Salón Cadillac es uno de los espacios íconos de cultura popular en Reynosa.
Ubicada en el barrio de Centralito, la cantina comenzó como una “bodega” de instrumentos en donde talentos locales llegaban a practicar los primeros acordes de sus carreras.
“En esos años era un lugar muy tranquilo y había mucha música. Música en vivo claro, música de tríos, de mariachis, de todo, y como guardaban instrumentos (en El Cadillac) pues se juntaban todos ahí, haciendo ruido mientras afinaban los aparatos”, indicó Gelacio Matamoros Muñoz, un empleado de la zona, quien lleva más de 55 años laborando en el lugar.
Presente en Reynosa desde hace más de cinco décadas, el Salón Cadillac se inmortalizó por ser el escenario que vio nacer a las dos grandes leyendas de la música regional mexicana: Ramón Ayala y Cornelio Reyna, quienes inicialmente se agruparon como “Los Relámpagos del Norte”.
Aunado al renombre ganado por los cantantes, el lugar siempre estuvo dentro del gusto de los reynosenses que buscaban un espacio para beber, convivir con amigos y relajarse.
Hoy, el lugar sobrevive más por la fama que por la clientela, que ha disminuido en todo el barrio con el paso de los años.
A diferencia de otros bares, el Salón Cadillac no tiene una bebida que lo distinga, ya que su mayor distinción radica en las historias que tuvieron lugar en esas emblemáticas cuatro paredes.
“Es un lugar tranquilo, viene gente que tiene viniendo ya muchos años, ya viejitos que vienen a echarse sus cervezas”, mencionó Candy
“El encanto del lugar es lo típico, lo antiguo, lo de antaño, la gente que venía de antes, la gente todavía viene con sus hijos. El ambiente es más que nada ese aquí”
No se puede hablar de bares tradicionales en Reynosa sin mencionar al Cadillac, el emblemático salón que vio nacer estrellas años atrás y que hoy sigue ofreciendo esa atmósfera de bohemia y amiguismo.
Ya sea para jugar billar, tomar una cerveza o pedir cualquier tipo de bebidas, el Cadillac es el lugar ideal para los amantes de la nostalgia y los jóvenes curiosos.

LA LEYENDA DE LOS RELAMPAGOS

Corría el año de 1959 y el joven acordeonista Ramón Ayala conoció a Cornelio Reyna, un cantante que según Wikipedia, era “poseedor de una voz aguda y gutural muy característica”.
De acuerdo a la historia, en ese entonces
Reyna alternaba con Juan Peña en el salón “El Cadillac”, donde se presentaban con el nombre de “Dueto Carta Blanca”.
En este entonces, el joven Ayala buscaba trabajo como lustrador de zapatos, pero un día pudo demostrar sus habilidades como acordeonista y fue aceptado dentro del dueto.
Al poco tiempo Juan se separó de Cornelio, quedando Ramón en su lugar por lo que la nueva alineación tomó el nombre de “Los Relámpagos del Norte”.
Se cuenta que en ese entonces tanto Ramón como Cornelio contaban con un estilo de vida bastante humilde, sin más posesiones que un par de pantalones remendados.
Se dice que eran tan pobres, que tenían que comer bajo un árbol usando como mesa una
caja de madera.
Sin embargo, el grupo no perdió el entusiasmo y durante un par de años estuvieron tocando sus canciones de cantina en cantina hasta que en 1963 la disquera Bego Records les grabó el tema “Ya no llores”, mismo que les abriría las puertas al éxito.
A partir de entonces siguieron temas como “Comal y metate”, “Ay ojitos”, “La tinta de mi sangre”, “Devolución”, “Mi Tesoro”, que poco a poco comienzan a darle al dueto una fama que se vuelve nacional.
En 1971 el dueto decide separarse pues tanto Cornelio como Ramón deseaban buscar carreras como solistas, mismas que les proporcionaron grandes satisfacciones a cada uno.

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