Niños y adolescentes que hoy cursan primaria y secundaria presentan deficiencias en aprendizajes básicos que limitan su avance académico y comprometen su desarrollo personal.
A más de dos años de haber concluido la emergencia sanitaria por COVID-19, el rezago educativo continúa siendo uno de los principales retos del sistema escolar en Reynosa. Niños y adolescentes que hoy cursan primaria y secundaria presentan deficiencias en aprendizajes básicos que limitan su avance académico, comprometen su desarrollo personal y ponen en evidencia la necesidad de replantear estrategias a nivel institucional y familiar.
SIN BASES SÓLIDAS
De acuerdo con Alicia Isabel Pizaña Navarro, titular del Centro Regional de Desarrollo Educativo (Crede), los dos años en que la enseñanza se impartió a distancia marcaron un retroceso profundo en la formación de miles de alumnos. El impacto fue mayor en quienes se encontraban en los primeros grados de primaria.
“Prácticamente estuvieron en blanco. Esos alumnos, que hoy deberían tener bases sólidas, en muchos aspectos están al nivel de primero de primaria”, explicó.
Durante el confinamiento, no todos los estudiantes contaron con dispositivos electrónicos, conexión a internet o espacios adecuados para el estudio en casa. Muchos hogares carecían de condiciones mínimas, lo que provocó que los aprendizajes fueran desiguales y, en algunos casos, prácticamente nulos. Esta situación se arrastra todavía en los niveles de secundaria.
Pizaña Navarro externó que la propia comunidad docente enfrentó un proceso abrupto de adaptación, y que enseñar frente a una pantalla, sin la interacción habitual del aula, representó un desafío que no todos lograron sortear con éxito.
“No era lo mismo enseñar a través de una pantalla que estar frente al grupo. Muchos maestros buscaron alternativas, incluso reuniéndose con los niños de manera individual afuera de las escuelas para no perder totalmente el contacto”, relató Pizaña Navarro.

MAGISTERIO EN PROCESO DE AJUSTE
Actualmente, el magisterio participa en cursos de capacitación presenciales y en línea, además de acudir a actualizaciones en Ciudad Victoria, con el fin de implementar los lineamientos de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). El reto no es menor, se trata de atender a una generación con bases frágiles y al mismo tiempo, adaptarse a un modelo educativo distinto que pone el acento en la vida cotidiana de los estudiantes.
“Estamos trabajando con un programa distinto, que se centra en la vida cotidiana de los alumnos, y eso exige preparación para enfrentar a estudiantes con rezago”, precisó la titular del Crede.
Pizaña reconoció también que el rezago no se limita al aspecto académico. El regreso a clases presenciales reveló una serie de problemas de conducta que se incubaron durante el confinamiento.
“Los niños llegaron con problemas de disciplina, sin hábitos escolares y con altos niveles de estrés. Fue un desorden en muchos salones, porque la rutina y la formación previa se perdieron durante la pandemia”, señaló.
AUTOCRÍTICA
No todos comparten la visión de que el rezago sea aún una secuela directa de la pandemia. Para Marco Antonio Elejarza Yáñez, asesor educativo e integrante de la Unión Nacional de Padres de Familia, el argumento del confinamiento ya no es válido.
“Lo del rezago por la pandemia ya quedó atrás. Estamos hablando de aproximadamente cinco años de lo sucedido. Si seguimos usando ese pretexto, no cabe. Aquí ya es responsabilidad de las autoridades educativas y del magisterio”, enfatizó.
Elejarza criticó que en algunos planteles continúen las suspensiones innecesarias de clases y que no exista una exigencia clara hacia el cumplimiento de las responsabilidades docentes. A su juicio, este tipo de omisiones solo profundiza el deterioro educativo.
“Ese tipo de acciones provocan que la educación caiga cada vez más. Hoy lo que se necesita es profesionalismo en el magisterio, acompañado de una supervisión firme. De lo contrario, seguiremos viendo cómo la educación va de mal en peor”, advirtió.
El asesor educativo hizo hincapié en la necesidad de distinguir entre la vocación y el profesionalismo de los maestros. Mientras que en el pasado la entrega personal garantizaba aprendizajes significativos, hoy considera indispensable reforzar la parte profesional, que implica compromiso, actualización constante y resultados tangibles.

IMPACTO EMOCIONAL
Más allá del debate sobre las causas, los especialistas coinciden en que el rezago educativo tiene consecuencias que trascienden lo académico. El psicólogo reynosense Carlos Cortez explica que los efectos también son emocionales, tanto para alumnos como para docentes.
“En los estudiantes, el rezago genera frustración, inseguridad y baja autoestima. La percepción de quedarse atrás frente a sus compañeros incrementa la ansiedad y en muchos casos favorece el abandono escolar”, señaló.
El psicólogo advirtió que el problema también alcanza a los maestros. Enseñar en aulas con altos niveles de rezago implica un esfuerzo extraordinario para nivelar aprendizajes, atender distintos ritmos y responder a las exigencias institucionales. “Cuando los docentes sienten que sus recursos pedagógicos o el apoyo institucional son insuficientes, experimentan estrés crónico, desgaste emocional e incluso síndrome de burnout (desgaste profesional)”, apuntó.
El especialista subrayó que combatir el rezago no debe limitarse a fortalecer la infraestructura o diseñar nuevos programas educativos, sino también se requieren estrategias socioemocionales que acompañen a alumnos y maestros.
“Nivelar aprendizajes al mismo tiempo que se imparten nuevos contenidos implica un esfuerzo adicional, y ese esfuerzo debe estar respaldado con apoyo psicológico y pedagógico”, indicó.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
El panorama refleja un desafío de gran magnitud. Mientras que las autoridades educativas apuestan por nuevos modelos de enseñanza y programas de capacitación, voces como la de Elejarza exigen mayor firmeza en la exigencia académica y en el compromiso docente. Por su parte, especialistas en psicología recuerdan que sin apoyo emocional los avances serán limitados.
Sin embargo, el problema no se resolverá de manera aislada. Padres de familia, autoridades y maestros deben asumir un papel activo y corresponsable en la recuperación educativa. La falta de acompañamiento en el hogar, la ausencia de hábitos y la carencia de disciplina agravan las deficiencias del sistema escolar.
