Inspirado en San Juan Bosco y la influencia de Fray Tormenta, el Rey Apostol durante años ha combinado la lucha libre con su vocación sacerdotal portando su sotana y su máscara con un mismo objetivo: llamar la atención de los jóvenes y los niños para transmitirles un mensaje de enseñanza.
Río Bravo, Tam.
En Río Bravo, donde el calor se mezcla con la rutina diaria de una comunidad que no se detiene, hay una historia poco común que combina la intensidad del deporte espectáculo con la vocación espiritual. Se trata de Rey Apóstol, un luchador que no solo se sube al cuadrilátero para disputar combates, sino que también porta sotana y ejerce como sacerdote, demostrando que la fe y la disciplina deportiva pueden coexistir en una misma vida.
Detrás de la máscara está Gustavo Becerra, vicario en la parroquia de San Juan de los Lagos, quien divide sus días entre misas, visitas a enfermos y labores pastorales, mientras que por las noches o en eventos especiales se transforma en un gladiador del ring. Su historia no es improvisada, es el resultado de años de formación, dudas, decisiones y una profunda convicción de servicio.

SU PRIMER CONTACTO CON LA LUCHA
Su acercamiento a la lucha libre comenzó casi por accidente. A los 14 años ingresó al seminario, pero durante sus periodos vacacionales buscaba convivir con su familia. Fue entonces cuando empezó a frecuentar el gimnasio donde entrenaban su padre el Dr. Kaoma y su hermano Chamaco Becerra, ambos luchadores. Lo que inició como una simple observación desde la banca terminó convirtiéndose en práctica activa. “No estés sentado, vente a hacer maromas”, le dijeron. Ese momento marcó el inicio de una dualidad que lo acompañaría por años.
Su debut llegó de manera inesperada, cuando en una función faltó un luchador y su hermano lo impulsó a subir al ring. Desde entonces, la lucha libre se convirtió en parte de su vida, aunque en un inicio solo la practicaba durante vacaciones. Su padre, conocido en el ámbito luchístico, no dudó en apoyar su incursión, mandándole a hacer su primera máscara en Monterrey, la cual —con algunas modificaciones en el equipo— conserva hasta hoy como símbolo de identidad.

SU SALIDA DEL SEMINARIO
Sin embargo, su camino no fue lineal. En algún momento decidió salir del seminario y explorar otras facetas. Estudió comunicación y trabajó en medios, lo que le permitió desarrollar habilidades que hoy utiliza tanto en el ring como en el púlpito. Fue también durante esta etapa cuando se profesionalizó en la lucha libre, entrenando incluso en el Consejo Mundial de Lucha Libre y bajo la tutela de figuras como Marta Villalobos, entre otros gladiadores de los encordados.
En Monterrey encontró un proyecto que cambiaría su perspectiva, una fundación donde, a través del personaje del luchador 5X, se impartían pláticas de valores en escuelas. Ahí comprendió el poder del deporte como herramienta educativa y social. No se trataba solo de luchar, sino de inspirar. De enseñar disciplina, perseverancia y hábitos saludables a niños y jóvenes.

UNIENDO SUS DOS PASIONES
Fue en ese contexto donde su vocación sacerdotal resurgió con fuerza. Después de más de una década en labores sociales, decidió regresar al seminario en 2019. Esta vez, con una visión más clara, que no tenía que renunciar a lo que le apasionaba, sino integrarlo a su misión espiritual.
“Lo que te gusta no está peleado con tu vocación”, afirma el luchador, y su vida es prueba de ello. Ya ordenado sacerdote, encontró en la lucha libre una herramienta de evangelización. Bajo el personaje de Rey Apóstol, no solo combate en el ring, sino que transmite mensajes. En cada función busca dejar una enseñanza, especialmente a los más jóvenes. Desde la importancia de la higiene hasta la disciplina deportiva, cada combate se convierte en una lección.
Sus inspiraciones también reflejan esa mezcla entre fe y acción social. Por un lado, reconoce la influencia del legendario Fray Tormenta, quien utilizó la lucha libre para sostener un orfanato. Pero aún más profunda es la huella de San Juan Bosco, sacerdote italiano que dedicó su vida a los jóvenes, utilizando dinámicas como acrobacias y juegos para atraer su atención antes de enseñarles valores.
Siguiendo ese ejemplo, Rey Apóstol ha incorporado elementos únicos a su estilo, como caminar sobre las cuerdas del ring, una habilidad que le ha valido reconocimiento entre aficionados. No es solo espectáculo, es una estrategia para conectar con el público, tal como lo hacía Don Bosco en su tiempo.

LUCHAS A BENEFICIO COMO LABOR SOCIAL
Más allá del ring, su labor social es constante. Ha organizado funciones a beneficio de personas con discapacidad, instituciones como la Cruz Roja y asociaciones civiles. Actualmente, está al frente de un asilo de ancianos en Río Bravo, donde atiende a más de 30 personas, combinando apoyo espiritual con gestión de recursos para su mantenimiento.
Su creatividad también se extiende a la catequesis. En las misas dominicales utiliza un personaje llamado “El Apostolito”, un muñeco que enseña valores a los niños mediante historias y dinámicas. Es, en esencia, una extensión de su filosofía: comunicar de manera cercana, dinámica y significativa.

PRESENTE EN EL MUSEO DE ARTE SACRO
Uno de los momentos más especiales en su trayectoria reciente fue cuando tuvo la oportunidad de exhibir su equipo de lucha en el Museo de Arte Sacro en Monterrey, Nuevo León. En esa exposición, su indumentaria compartió espacio con la del propio Fray Tormenta, quien además estuvo presente. Para Rey Apóstol, fue un reconocimiento simbólico a su camino y una experiencia profundamente significativa.
“Fue algo muy especial e importante para mí”, recuerda, consciente de que no todos los días se comparte espacio con una figura que abrió camino en esa combinación entre fe y lucha libre.
Hoy, Rey Apóstol continúa escribiendo su historia entre cuerdas y altares. Consciente del desgaste físico que implica el deporte, estima que aún le quedan entre cinco y diez años sobre el ring. Tiempo que planea aprovechar al máximo, no para acumular triunfos, sino para seguir llevando un mensaje.
Porque para él, la verdadera victoria no está en la cuenta de tres, sino en el impacto que deja en quienes lo observan. En cada salto, en cada llave y en cada palabra, Rey Apóstol demuestra que la lucha más importante no se libra contra un rival, sino en la construcción de una vida con propósito.
