Misión cumplida

El clima en la llamada “ciudad de los vientos” no pudo ser mejor, el sol caló hasta las 19:45 horas, cuando se decretó el medio tiempo del partido entre México y Nueva Zelanda.
Las calles estaban llenas, las personas que aquí viven salieron a comer su almuerzo en las plazas, el muelle y los parques. Hubo quienes no desaprovecharon la oportunidad para ejercitarse o darse un chapuzón en el mar.
Los cuartos de hoteles y hostales estaban completamente agotados, nosotros sólo logramos conseguir hospedaje para una noche.
En la ciudad pudimos notar muchas banderas mexicanas ondeando en edificios y lugares públicos como un gesto de hospitalidad del gobierno neozelandés.
Los seguidores del equipo local empezaron a reunirse en bares desde temprano donde pudimos notar a muchos “kiwis” disfrazados de mexicanos.
La porra tricolor, que llegó a ser conocida como “la ola verde”, se reunió a las 15:30 horas en Cuba Street para hacer una caravana rumbo al estadio. El grupo fue alcanzado por la embajadora mexicana, quien portaba su playera de la Selección y su sombrero charro.
Curiosamente, la funcionaria ofreció un discurso apelando a la calma de los mexicanos
y la necesidad de controlar nuestras emociones, considerando que estamos en un país donde la gente no toma con tanta pasión un deporte como el futbol. Afortunadamente todos le hicieron caso pues no hubo incidentes qué lamentar.
Antes de iniciar la marcha entonamos el “Cielito Lindo”, que movió los sentimientos de muchos de nosotros que tenemos mucho tiempo lejos de nuestra tierra.
En el camino al estadio empezamos a notar la gran cantidad de seguidores de los “All Whites” que acudirían al encuentro.
Un “kiwi” nos comentó que normalmente nada de esto sucede en los partidos de su Selección, pero que esta vez fue especial porque querían mostrar que los locales tienen el apoyo de sus aficionados en las buenas y en las malas.
Al llegar al estadio nos encontramos una “orquesta” de “kiwis” disfrazados de mariachis tocando música tradicional mexicana, además de un grupo de salsa quienes estaban sacando a bailar a todos los que deseaban hacerlo.
En la puerta al estadio había televisoras mexicanas grabando las notas previas al encuentro.
En la estación del tren si comprabas algo te regalaban unos totopos “mexicanos”.
Los tickets de entrada los podías encontrar en dos presentaciones: la normal, en que te mandan por email el boleto y lo imprimes y la digital, que te mandan a tu celular por mensaje de texto y que consiste en una imagen QR que escanean desde tu celular.
A diferencia de los estadios de Latinoamérica, la seguridad en las puertas era de lo más relajada, no había revisión física y si traías una bolsa grande solo te pedían que la abrieras, con decirles que se podía entrar hasta con mochilas.
Las opciones de comida en el estadio eran hot dogs estilo alemán y los típicos fish and chips.
En cuanto a la venta de cerveza las reglas son muy diferentes a las de México, ya que en cada puesto hay un oficial de alcoholes vigilando que se cumpla la ley.
Por ejemplo, si creen que eres menor de 25 años te piden identificación y sólo te venden cuatro cervezas a la vez por persona, si el oficial considera que has bebido demasiado entonces puede ordenar que ya no te vendan.
A diferencia de México en los estadios de Nueva Zelanda no hay “carteros” o hieleras en las gradas. Si quieres una bebida tienes que ir hasta los pasillos donde se encuentran los puestos, además de que las botellas son de plástico con taparosca.
Al entrar al estadio decidimos no ir a nuestro lugar que estaba detrás de la portería de México, sino detrás de la portería de Nueva Zelanda, en una zona de asientos temporales y en donde, honestamente, había más ambiente.
Los neozelandeses son tan organizados, que se puede transitar libremente por todo el estadio (con excepción de los balcones VIP), no hay divisiones y nadie te pide tu ticket en las puertas a las gradas.
Previo al partido pudimos ver a Jorge Campos transmitiendo a nivel de cancha en traje pero con chanclas.
Durante el encuentro los “kiwis” se portaron de lo mas amable con los mexicanos, con decirle que su peor “insulto” a la porra nacional era gritarles: “¡USA, USA!”, sin embargo, como los mexicanos nos pintamos solos para estos asuntos, les contestamos con el grito: “¡Aussie, aussie!” (el gentilicio de la gente de Australia), ya que los neozelandeses odian que se les confunda con los australianos.
El ambiente por parte de los neozelandeses fue genial, tenían muchas ganas de disfrutar el encuentro, con decirles que hubo quien nos dijo que ni siquiera en los juegos de
rugby hay tan buena fiesta.
Cuando cayeron los primeros goles del Tri, la “raza” mexicana empezó a gritar y saltar con más fuerza de lo que lo estaban haciendo, lo que sorprendió a la seguridad del estadio que decidió enviar policías a la zona donde estábamos. Al final no sucedió nada, ellos se quedaron expectantes y nosotros con nuestra fiesta. Quizás pensaron que tenían que protegernos de nosotros mismos
Al finalizar el encuentro la fiesta continuó en un bar del centro de la ciudad donde se tocó música latina y hasta ofrecieron taquitos de trompo que, por cierto, eran los tacos más caros del mundo, pues costaban 5 dólares neozelandeses (53.66 pesos mexicanos) ¡cada uno!
Como dato curioso les podemos contar que algunos de nuestros amigos de Auckland que vinieron al juego aprovecharon una curiosa y muy barata manera de viajar: Resulta que aquí hay compañías de renta de autos que necesitan que alguien lleve sus coches de regreso a sus bases.
Para no tener que gastar en pagarle a alguien que haga este trabajo, buscan en internet voluntarios que estén dispuestos pagar la gasolina y un seguro de daños a terceros que hagan esta labor por ellos, como premio no les cobran la renta del auto.
Gracias a este sistema, muchas personas pueden viajar en este país.
Por nuestra parte podemos decir que hemos cumplido con nuestra misión, estuvimos en el partido y mostramos un poco de lo mucho que existe en este verde país, que por unas semanas, se volvió un poco más rico gracias al especial sabor mexicano.
Pero no crean que la semillita del futbol ha muerto en Nueva Zelanda tras los nueve goles aztecas. Ya están anunciando que la Copa del Mundo Sub-20 se va a realizar aquí el año que entra y quien sabe… a lo mejor nos volvemos a encontrar.

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