Querido lector, querida lectora.
He de comenzar esta columna como muchas otras que he publicado, diciendo que los acontecimientos políticos son una vorágine en los últimos tiempos. Apenas nos estamos sorprendiendo por una nota, cuando a los cinco minutos pasó a la historia por otra más.
Este es el caso, estaba por terminar esta columna con un análisis de la ruptura que se puede estar gestando entre el PV, PT y Morena por la reforma electoral, cuando el Departamento de Guerra de Estados Unidos nos sorprende publicando de manera desclasificada la Estrategia Nacional de Defensa para 2026.
El texto establece con claridad que Estados Unidos defenderá activamente sus intereses en todo el hemisferio (ya no solo en sus fronteras) y que proporcionará al presidente “opciones militares creíbles” contra los llamados “narco-terroristas”, dondequiera que se encuentren.
Asimismo, señala que trabajará con los países socios, pero que mantendrá la capacidad de actuar de forma unilateral si éstos “no pueden o no quieren” enfrentar eficazmente a estas organizaciones. Este lenguaje introduce un elemento de condicionalidad que inevitablemente coloca a México en el centro de la ecuación.
México ha sido, por razones geográficas y económicas, el principal socio de Estados Unidos en materia de seguridad fronteriza y combate al narcotráfico. Sin embargo, bajo esta doctrina (a la que algunos juristas estadounidenses le han dado el nombre Unable or Unwilling), la relación deja de ser únicamente de cooperación para convertirse también en un esquema de evaluación. Washington se reserva el derecho de determinar si los esfuerzos mexicanos son suficientes, lo que modifica el equilibrio diplomático tradicional.
Sabemos que cuando Washington sube el tono, México suele responder con extradiciones de alto perfil, operativos visibles y cooperación en objetivos específicos Eso ayuda a bajar presión pero también crea el precedente de “si presiono, obtengo”.
Esto no significa necesariamente una intervención inminente, pero sí incrementa la presión política y estratégica. La sola existencia de la opción unilateral cambia el tono de la relación bilateral: cada resultado, cada operativo y cada decisión de política pública en México podrá ser interpretada bajo el lente de “cumplimiento” frente a las expectativas estadounidenses.
Frente a este panorama, se abren tres posibles rutas se abren tres posibles rutas. Una de cooperación reforzada, donde México incrementa resultados y Estados Unidos mantiene la coordinación sin recurrir a acciones unilaterales. Otra de fricción constante, con avances parciales acompañados de tensiones diplomáticas recurrentes. Y una tercera, menos deseable, en la que un incidente o una crisis política detone medidas más agresivas y un deterioro temporal de la relación bilateral.
Para la presidente Sheibaum ha llegado su prueba de fuego: Proteger la soberanía no con discursos ni conferencias matutinas, sino con resultados que impidan que otros decidan por nosotros.

