Un par de acontecimientos registrados en las últimas semanas han generado una serie de conversaciones bastante interesantes con amigos y compañeros quienes, sin duda, le saben mucho más a este tema de los medios de comunicación.
Estas conversaciones siempre han derivado a un punto en específico: el peso y la relevancia que tienen los llamados “influencers” y su contenido sobre la opinión pública en la actualidad.
He encontrado que muchas personas dentro de los medios, incluso algunos con muchos años en esta actividad, están genuinamente preocupados por la posibilidad de que los llamados “medios tradicionales” sean desplazados por estos supuestos líderes de opinión quienes, en la mayoría de los casos, no cuentan con las credenciales o el intelecto para ofrecer una opinión sustentada y coherente, pues toda su popularidad la basan en el escándalo y la estridencia para ganar seguidores.
De entrada debo decir que entiendo la popularidad de estos creadores de contenido, quienes han entendido que para ganarse seguidores basta tenerlos entretenidos con material ligero, divertido, medio estúpido, de fácil absorción y que no necesite ser procesado o entendido.
A la vez, estas personas recurren a la opinión estridente, controvertida, envuelta en el disfraz de valiente y refleja lo que muchas personas piensan, pero no se atreven a decir en público, para mantenerse vigentes entre su audiencia.
El problema es cuando estos “influencers” se creen su propia mentira, y piensan que la gente los sigue por su intelecto y no por el entretenimiento que les entregan en sus videos y TikToks.
También tengo que reconocer que este fenómeno también es culpa de los mismos medios de comunicación, quienes durante décadas incurrieron en prácticas corruptas y actitudes verdaderamente soberbias que los alejaron del auditorio, que encontró en los “influencers” a voces con quienes se siente más identificado.
Sin embargo, lo que me queda muy claro es que estos creadores de contenido no van a enviar a la jubilación a los medios tradicionales como Hora Cero, que se mantiene ejerciendo el periodismo de manera responsable y siguiendo con las reglas que exige esta actividad.
Porque lo he dicho muchísimas veces, ya sea en papel, en pantalla, en televisión o en radio, el periodismo y sus reglas son siempre las mismas y tienen que ser respetadas.
Me queda claro que en la vida es importante tener muy presente la historia, y eso es algo que en este tema es relevante.
Desde que tengo memoria y laboro en los medios, siempre ha existido algo que va a jubilar a los medios de comunicación tradicionales, que tienen décadas soportando que más de dos les han organizado funerales y dedicado esquelas.
Y van un par de ejemplos: allá por la década de los noventas, en Reynosa, la televisión por cable irrumpió por medio de un canal llamado Cablecom que se dedicó a abrir sus espacios con producciones locales.
Así, decenas de comunicadores y otras personalidades tomaron las pantallas y rápidamente ganaron notoriedad entre la audiencia.
Fue entonces que alguien decretó la muerte de los periódicos y la radio, asegurando que la televisión por cable, con sus producciones locales, era el futuro de los medios.
Hoy Cablecom es un edificio abandonado en la zona centro de la ciudad; los programas y noticieros que se supone eran los más vistos no los recuerdan ni aquellos que los conducían.
Años después se pusieron de moda las páginas web y cualquiera estaba en posibilidad de abrir su propio medio de comunicación, lo que generó que, de repente, todos fueran periodistas.
Fue un “boom”; los portales acapararon los presupuestos de publicidad de los gobiernos locales y regresaron aquellos que decretaron la muerte de los periódicos y la radio, pues estas páginas web daban la posibilidad de difundir videos e ignorar ciertas reglas de decoro que los medios tradicionales siempre habían respetado.
Pasaron los años y muchos de esos punto com ya no existen o sobreviven perdidos en el hiperespacio, rebasados por las redes sociales y los “influencers”.
Básicamente, lo que quiero decir es que siempre habrá alguna novedad en los medios de comunicación, misma que ganará la atención del auditorio con la misma velocidad con la que desaparecerá.
Solo quienes entiendan la responsabilidad que conlleva informar a la ciudadanía, como Hora Cero, tienen asegurada su trascendencia y permanencia por poco más de 25 años.
Las modas pasan, la calidad se mantiene.
