Querido lector, querida lectora:
En enero escribía en este mismo espacio sobre las posiciones tan radicales que habían asumido tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como el expresidente Andrés Manuel López Obrador frente a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela: una Claudia políticamente correcta —que, al final del día, es su papel— y un expresidente beligerante que incluso llegó a pedir la liberación de Maduro.
Con Cuba no ha sido distinto.
Ante las presiones del gobierno de Estados Unidos, México redujo su apoyo energético a la isla —dejando de enviar petróleo y gasolina— y limitó su ayuda a alimentos y medicinas. Todo esto en medio de una crisis humanitaria severa en Cuba, agravada por sanciones y bloqueos energéticos.
En ese contexto, la presidenta ha optado por una estrategia prudente: ver los toros desde la barrera. Sin lanzarse de lleno al ruedo en una confrontación directa con Donald Trump, quizá consciente de que la renegociación del T-MEC no será sencilla, o de que cualquier exceso podría traducirse en aranceles que lastimen la economía mexicana.
Una estrategia, si se quiere, de contención.
Pero entonces —como si nunca se hubiera ido— aparece desde el “retiro” el expresidente López Obrador… poniendo en jaque (otra vez) al gobierno federal por varias razones.
Primero, porque aunque ya no ocupa la silla presidencial, su peso político dentro de Morena sigue siendo innegable. Y eso, hacia afuera —particularmente para Estados Unidos— no pasa desapercibido.
Segundo, porque su llamado a donar recursos para Cuba, incluyendo la compra de petróleo y gasolina, choca frontalmente con la cautela diplomática que intenta sostener el actual gobierno. No es menor: en plena presión internacional para frenar el suministro energético a la isla, la iniciativa del expresidente abre un frente innecesario.
Y tercero, exhibió por completo al Servicio de Administración Tributaria, al dar de alta en un tiempo récord como donataria autorizada a la Asociación Civil Humanidad con América Latina A.C., ya que de acuerdo al RFC que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) le otorgó a la organización al registrarse, ésta nació legalmente apenas el 17 de febrero de 2026, y para el 9 de marzo (menos de un mes) ya tenía la autorización para recibir donativos, lo que generó cuestionamientos sobre la rapidez del proceso.
En enero lo advertía: había señales de un quiebre entre Sheinbaum y López Obrador.
Hoy, el tema Cuba vuelve a ponerlo sobre la mesa.
Porque una cosa es marcar diferencia… y otra muy distinta es complicarle la partida a quien se supone que debe continuar el proyecto.
Como diría el viejo refrán: No me ayudes, compadre.
