“De niños nos tocó sufrir, mi papá fundó la oposición, no somos estos juniors abusivos del poder; nosotros no vamos a ser parte del gobierno, no creemos en el nepotismo, creemos que es una lacra más del sistema”, dijo en 2017 Andrés Manuel López Beltrán, hoy secretario de Organización de Morena -impuesto por su padre en ese cargo-, cuando fue entrevistado para el documental “Esto soy”, sobre la vida de AMLO, producido por Verónica Velasco y Epigmenio Ibarra.
Pero hoy, ocho años después de esa declaración, la realidad es otra. El pasado 26 de julio se dieron a conocer fotos donde ‘Andy’ aparecía desayunando junto al ahora diputado federal Daniel Asaf, -quien fue la mano derecha de su padre durante todo el sexenio- en el restaurante del exclusivo hotel Okura de Tokio, Japón, y donde el mismo ya reconoció que también se hospedó. Al respecto, según una simple investigación de quién esto escribe, la tarifa por noche en esas fechas para la habitación más económica de ese lujoso hotel era de 550 dólares, sin incluir desayuno, equivalente a poco más de 12 mil pesos.
No se sabe cuántos días estuvo en Japón, pero esos viajes transoceánicos para vacacionar normalmente superan los siete días, ya que los vuelos duran en promedio 16 horas desde la CDMX a Seattle, sin contar escalas, con un costo promedio de 1,600 dólares por vuelo sencillo (unos 30,500 pesos). Tomando como base una estancia mínima de siete días y vuelos redondos, estamos hablando de aproximadamente 145,000 pesos. A eso habría que sumarle alimentos y bebidas, traslados en taxis, tren, o metro; además de compras, como la que se documentó a través de fotografías donde se le vio salir de la tienda Prada, una de las marcas de lujo más reconocidas a nivel mundial, donde los artículos más baratos superan los 25 mil pesos.
¿Dónde está ‘Andy’?, fue la pregunta que todos se hacían el pasado 20 de julio. Esto, luego de que no asistiera a la octava sesión extraordinaria del Consejo Nacional de Morena. Al término del encuentro, la prensa cuestionó a Carolina Rangel, secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, sobre la ausencia de López Beltrán. “Es un tema personal, nos dijo desde hace tiempo (…) Mucha de toda la estrategia que aquí dijimos es justamente con Secretaría de Organización. El compañero Andrés Manuel López Beltrán nos ayudó a armar todo el material. Tuvo un tema pues un poquito urgente que le impidió estar aquí”, expresó la “número dos” del partido. Seis días después, se supo que el motivo personal y “poquito urgente” de ‘Andy’ era un viaje a Japón, uno de los destinos más caros del planeta.
Pasaron casi 10 días hasta que López Beltrán publicó una carta de defensa en su cuenta de Instagram, en la cual aseguró que viajó con sus propios recursos, que tomó vuelos comerciales y que pagó “solo” 7,500 pesos diarios por hospedaje con desayuno incluido. También manifestó que la oposición mandó espías a fotografiarlo y acosarlo, con el fin de iniciar “una campaña de linchamiento político llena de odio, clasismo y calumnias”.
En la misma carta argumentó: “decidí salir a Japón luego de extenuantes jornadas de trabajo”. La pregunta es inevitable: ¿cuántos mexicanos, después de trabajar más que él, pueden darse el lujo de “descansar” en Japón? En lo personal, dudo que ni yo, ni ‘Andy’, ni muchos otros de la clase media o alta, tengamos jornadas realmente extenuantes de trabajo. Decir eso fue un acto imprudente por parte de López Beltrán, cuando en México sí hay personas que tienen días y jornadas extenuantes de trabajo: personas que, para llegar a sus centros laborales, deben hacer más de tres horas de traslado en taxi, metro o transporte público; mexicanos que trabajan en maquiladoras, fábricas, el campo y la agricultura, los petroleros, las enfermeras del IMSS, ISSSTE y otros centros médicos, entre muchos otros oficios donde los mexicanos “se la rifan” de sol a sol por un bajo salario y sin prestaciones.
Ante el caso de Andrés Manuel López Beltrán, el polémico presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, calificó la carta como “malísima”. La propia presidenta Claudia Sheinbaum señaló al respecto que “el poder es humildad”, y que no hay lugar para excesos ni lujos innecesarios. Pero el mensaje es claro: guardar silencio ante el caso de ‘Andy’ sería avalar que la austeridad es flexible para ciertos apellidos de la 4T.
Este episodio revela un mal mayor: la austeridad de la Cuarta Transformación parece más un discurso que una práctica constante. Mientras que para el ciudadano común las “extenuantes jornadas” se alivian con un día de descanso en casa, para un dirigente de Morena la solución es un vuelo transoceánico y un hotel de lujo.
La austeridad que predica Morena no se trata solo de cuidar el erario, sino de vivir con sobriedad, moderación y en la “justa medianía juarista”. El problema aquí no es la legalidad, sino la incongruencia. No se trata de conservadores, adversarios o espías, se trata de coherencia. El pueblo tiene derecho a cuestionar cuando sus líderes no predican con el ejemplo. Y aunque en su carta López Beltrán intentó victimizarse y presentar los cuestionamientos por su viaje con palabras de compromiso y sacrificio, al decir que “siempre valdrá la pena, y no es en vano, pagar una cuota de humillación cuando se lucha por una causa justa y en contra de los opresores del pueblo”, lo cierto es que ‘Andy’, el hijo de AMLO, tuvo la oportunidad de demostrar que sus principios eran más fuertes que sus deseos. Eligió lo contrario, y la congruencia no se escribe, se vive.

