Las temperaturas superiores a los 40 grados no solo representan un riesgo para la salud física; la exposición prolongada también puede relacionarse con irritabilidad, ansiedad, alteraciones del sueño, fatiga y menor rendimiento en las actividades cotidianas.
Reynosa, Tam.-
En una ciudad como Reynosa –donde durante la temporada de verano el termómetro puede superar sensaciones térmicas de 40 grados– la exposición a las altas temperaturas comienza a reflejarse no solamente en el cuerpo, sino también en el estado de ánimo y la manera en que las personas enfrentan las actividades cotidianas.
El cansancio después de permanecer varias horas bajo el sol, la dificultad para conciliar el sueño durante las noches calurosas, la falta de concentración durante la jornada laboral o una mayor facilidad para enojarse pueden formar parte de un mismo escenario: el impacto que las temperaturas extremas pueden tener sobre el bienestar emocional.
Aunque los efectos físicos del calor, como la deshidratación, insolación, agotamiento y el llamado “golpe de calor”, son los más reconocidos por la población, especialistas en el área de salud mental, señalan que también deben considerarse las repercusiones que las condiciones ambientales pueden tener sobre el estado de ánimo.
Alexis González Jiménez, psicólogo especializado en trastornos de depresión, ansiedad y trastornos del sueño, explicó que las altas temperaturas pueden generar alteraciones que repercuten en la regulación de las emociones, situación que puede hacerse más evidente en personas que ya presentan problemas.
“Cuando hace mucho calor, digamos que se altera la química cerebral. Esto incluye la reducción de un neurotransmisor que se llama serotonina, la cual se encarga de regular las emociones en general. Entonces, pues si se reduce, vamos a encontrar principalmente que no hay regulación de emociones como el enojo y es por eso que las altas temperaturas nos pueden provocar reacciones negativas”.
De acuerdo con el especialista, durante los periodos de calor intenso pueden incrementarse emociones como el enojo, irritabilidad y ansiedad, haciendo que algunas personas reaccionen de manera más negativa ante situaciones cotidianas.
“Si hay una persona que ya transita un trastorno de ansiedad, obviamente los síntomas van a ser todavía mayores; empieza a generar nerviosismo, irritabilidad, enojo y puede llegar inclusive hasta la noche, provocando, por ejemplo, insomnio”, explicó.


TAMBIÉN PROVOCA ALTERACIÓN EN EL SUEÑO
Si bien el calor puede ser un problema que se prolongue durante el día, también puede presentarse la dificultad para descansar por la noche.
“Al no existir una regulación emocional, esto ocasiona que pueda afectar en la parte de la alimentación así como del sueño”, añadió.
González señaló que este proceso puede convertirse en una especie de cadena, pues la falta de sueño puede incrementar el agotamiento y el enojo, mientras que estos estados emocionales, a su vez, pueden dificultar nuevamente el descanso.
De esta manera, una persona que durante el día permanece expuesta al calor puede llegar a la noche con cansancio físico y emocional, pero sin conseguir descansar adecuadamente, lo que termina repercutiendo en su estado al día siguiente.
El especialista agregó que las alteraciones pueden extenderse incluso a otros aspectos de la rutina, como la alimentación, debido a que durante las jornadas de temperaturas elevadas algunas personas pueden experimentar una disminución del apetito.


ENTRE MÁS EXPOSICIÓN, MAYOR DESGASTE
El impacto puede resultar todavía más evidente entre quienes trabajan al aire libre o tienen que desplazarse constantemente bajo el sol.
Trabajadores de la construcción, vendedores, repartidores, personal de limpieza de espacios públicos, comerciantes y otras personas que desarrollan parte de sus actividades al exterior pueden permanecer durante varias horas expuestos a condiciones que generan desgaste físico.
A diferencia de quienes pueden permanecer en espacios climatizados, estas personas tienen menos posibilidades de alejarse del calor durante su jornada, por lo que el cansancio puede acumularse conforme avanzan las horas.
González explicó que esta situación puede reflejarse también en la convivencia, debido a que una persona agotada e irritable puede tener menor tolerancia ante determinadas circunstancias.
La irritabilidad puede manifestarse mediante respuestas más agresivas, discusiones o conflictos que, en otras condiciones, posiblemente no se presentarían.
“Puede afectar mucho si una persona se expone mucho al sol, principalmente por la irritabilidad; el generar a veces roces, conflictos, contestar mal, por ejemplo, puede ser una reacción”, comentó.
Sin embargo, el impacto del calor no necesariamente termina cuando una persona deja de estar expuesta al sol.
El agotamiento y la irritabilidad pueden trasladarse al entorno laboral, escolar o familiar, afectando la capacidad de concentración y el rendimiento en las actividades.
El psicólogo explicó que cuando una persona permanece bajo un estado constante de enojo o malestar puede comenzar a interpretar las situaciones desde una perspectiva más negativa.
A este fenómeno lo denominó “visión de túnel”, que consiste en concentrarse principalmente en los aspectos negativos de una situación, dejando de lado otras posibilidades o elementos que podrían ayudar a resolverla.
“Es cuando una persona solo se enfoca en aquellas cosas negativas o malas”, detalló.
En el ámbito laboral, por ejemplo, esto puede traducirse en una menor productividad, dificultades para concentrarse o conflictos con compañeros.
Posteriormente, estos problemas pueden generar nuevas preocupaciones y ansiedad, creando un ciclo en el que el malestar provocado por las condiciones ambientales termina repercutiendo en otros aspectos de la vida cotidiana.
“Seguramente voy a empezar a tener conflictos o mi rendimiento va a disminuir. Y es como una cadenita porque, a consecuencia de eso, posiblemente voy a sentirme mal porque no rendí en mi trabajo, empiezan las preocupaciones, empieza la ansiedad y se hace un caos”, explicó.
NO TODAS LAS PERSONAS LO VIVEN IGUAL
Si bien las altas temperaturas pueden generar malestar en prácticamente cualquier persona (desde niños hasta adultos) el impacto emocional no necesariamente será el mismo para todos.
Quienes ya presentan ansiedad u otras dificultades relacionadas con la regulación emocional pueden experimentar una mayor intensidad de los síntomas, particularmente cuando el calor se combina con falta de sueño, cansancio físico o exposición prolongada.
A esto se suman las condiciones particulares de cada persona y las actividades que desarrolla durante el día.
Por ello, el especialista consideró importante observar cambios que se prolonguen durante los periodos de calor, como irritabilidad constante, nerviosismo, dificultad para dormir, agotamiento, disminución del rendimiento o cambios importantes en el estado de ánimo.
La afectación puede ser mayor entre las personas que ya cuentan con un diagnóstico de ansiedad, depresión o trastornos del sueño, debido a que las condiciones ambientales pueden intensificar síntomas que ya se encuentran presentes.
González, quien se especializa en estos padecimientos, mencionó que durante las temporadas de extremo calor es posible observar un incremento considerable en consultas por trastornos de ansiedad, incluso entre pacientes que ya se encuentran bajo tratamiento.
“En las temporadas de calor podemos observar que la ansiedad aumenta muchísimo, aún con la toma de medicamentos”, resaltó’
Según detalló, esto quiere decir que aunque los medicamentos puedan contribuir a regular temporalmente determinados procesos de la química cerebral, las condiciones del entorno pueden volver a generar malestar y favorecer que los síntomas se intensifiquen.
“Si el ambiente o el entorno vuelve a generar nuevamente un desequilibrio químico, aumenta incluso aún con la ingesta de medicamentos e incrementa el insomnio también”, comentó.
El psicólogo indicó que, a partir de la combinación entre ansiedad y falta de sueño, pueden aparecer otros síntomas derivados de ambos padecimientos, generando un mayor desgaste emocional.
Aunque las personas con trastornos de ansiedad o del sueño pueden presentar una mayor vulnerabilidad, González consideró que las repercusiones del calor pueden presentarse de manera general en la población.
En el caso de los niños, por ejemplo, las altas temperaturas pueden manifestarse mediante irritabilidad, dificultades para dormir y cambios en los hábitos de alimentación.
A esto se suma la incomodidad física que genera permanecer en ambientes demasiado cálidos, como la sudoración constante, lo que puede contribuir a que los menores se encuentren más inquietos o irritables.
“Yo pensaría que esta situación se puede presentar de forma general, aunque hay más presencia de ansiedad en personas que ya de por sí tienen un trastorno de ansiedad o un trastorno del sueño. Esto hace que se agrave todavía más”, señaló.
El impacto también puede ser mayor entre quienes, por cuestiones laborales, permanecen durante varias horas en exteriores y están expuestos directamente a las altas temperaturas.
Por ello, aunque el calor puede repercutir en el estado emocional de cualquier persona, el especialista identificó dos grupos que requieren especial atención: quienes ya presentan algún trastorno relacionado con la ansiedad o el sueño y quienes permanecen durante largos periodos trabajando bajo el sol.
Ante este panorama, el especialista recomendó no limitar las medidas de prevención a la protección física contra las altas temperaturas, sino también procurar condiciones que permitan mantener un adecuado bienestar emocional.
Una de las principales recomendaciones es mantenerse hidratado, debido a que el funcionamiento del cerebro también está relacionado con una adecuada hidratación.
“Lo principal es mantenerse hidratados. Esto por cuestiones físicas, pero también recordando que el cerebro funciona cuando está bien hidratado”, explicó.
De acuerdo con el entrevistado, consumir agua de manera constante puede contribuir a mantener mejores condiciones para el funcionamiento cerebral y, con ello, favorecer la concentración y el procesamiento de las emociones.
Además de la hidratación, destacó la importancia de no ignorar o reprimir las emociones que aparecen durante el día.
Explicó que si una persona siente tristeza, enojo o deseos de llorar, es importante reconocer y procesar esas emociones en lugar de intentar ocultarlas constantemente.
“Si durante el día tengo ganas de llorar, permitirme llorar, expresar mi llanto. Si estoy enojado, tengo que enojarme, vivir mis emociones para ayudar al equilibrio de mi cerebro y la química de mi cerebro”, señaló.
El especialista agregó que buscar actividades agradables también puede contribuir al bienestar emocional durante los periodos de calor.
Escuchar música que resulte agradable, realizar alguna actividad de interés personal o dedicar tiempo a aquello que genera satisfacción pueden ser alternativas para favorecer la regulación emocional.
“Escuchar música, música que nos guste, por supuesto, hacer alguna actividad que nos guste para segregar un poco más de serotonina en el cerebro y nos ayude a regular las emociones”, comentó.
De esta manera, las recomendaciones durante los periodos de temperaturas extremas no solamente se centran en evitar la exposición prolongada al sol, sino también en procurar descanso, hidratación y espacios que permitan disminuir el estrés acumulado.
A diferencia de síntomas físicos como el mareo, la deshidratación o la insolación, los cambios emocionales relacionados con el calor pueden pasar desapercibidos o atribuirse simplemente a un “mal día”.
Sin embargo, cuando estos cambios comienzan a repetirse o interfieren con el trabajo, las relaciones personales, el descanso o las actividades cotidianas, pueden convertirse en una señal de alerta.
Por ello, durante los periodos de temperaturas extremas no solamente resulta necesario protegerse físicamente del sol, sino también procurar condiciones que permitan descansar y recuperarse del desgaste provocado por el calor.
El descanso adecuado, reducir en lo posible la exposición directa al sol durante las horas de mayor temperatura y prestar atención a cambios persistentes en el estado de ánimo forman parte de las medidas que pueden ayudar a disminuir el impacto de estas condiciones.
En una ciudad acostumbrada a enfrentar jornadas de calor extremo, reconocer que las altas temperaturas también pueden repercutir en el bienestar emocional permite ampliar la conversación sobre sus efectos y prestar atención a señales que, aunque no siempre son visibles, pueden terminar afectando la calidad de vida.
