El pasado 1 de julio, México recibió una mala noticia cuando la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, encabezada por Jamieson Greer, informó que el gobierno del presidente Donald Trump acordó no renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por 16 años adicionales, aunque aclaró que el tratado sigue vigente hasta el 1 de julio de 2036.
La decisión activó la cláusula de revisión (artículo 34.5), que establece revisiones anuales durante los próximos 10 años, salvo que se logre una extensión o se invoque la cláusula de salida con seis meses de previo aviso por cualquiera de las partes.
Desde su primera campaña por la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, bajo el lema de “América Primero”, dejó en claro que su política de gobierno sería nacionalista y proteccionista, siendo, a su vez, siempre crítico de las corporaciones que trasladaron la industria manufacturera a países asiáticos, así como a México, con el fin de reducir costos de mano de obra, algo que, según el presidente republicano, dejó un gran desempleo en estados industriales, donde Trump tiene una importante base electoral.
El mandatario estadounidense también ha dicho que los aranceles son “algo hermoso” y los ha utilizado a su favor para presionar y negociar con otros países que buscan tener acceso al mercado más grande del mundo, cuya riqueza total asciende a 175 billones de dólares (trillones, en inglés).
El 10 de junio, Trump había expresado que “no estoy buscando renovarlo” y que “a nuestro país le iría mejor sin él”, enfatizando que México y Canadá debían tratar mejor a Estados Unidos.
La molestia del presidente “gringo” es que México ha abierto las puertas a la inversión china y que las empresas asiáticas han aprovechado el tratado para producir en México y exportar acero y otros bienes a Estados Unidos. Además, al presidente Trump no le agrada que México tenga un superávit de 197 mil millones de dólares en la balanza comercial, toda vez que exporta mercancías por un valor de 535 mil millones de dólares y realiza importaciones provenientes de la Unión Americana por el orden de los 337 mil millones de dólares.
En 1994, antes de que entrara en vigor el TLC, México importaba bienes de Estados Unidos por un valor de 50,844 millones de dólares, mientras que tenía exportaciones por el orden de 49,494 millones de dólares, dejando un déficit comercial de 1,350 millones de dólares.
Con cadenas de suministro integradas, particularmente en las industrias automotriz, agrícola y manufacturera, el Tratado de Libre Comercio también ha consolidado a México como el principal socio comercial de nuestro vecino del norte, con un comercio bilateral de 873 mil millones de dólares, lugar que le arrebató a China, que por muchos años fue “la fábrica de Estados Unidos” y con quien el presidente Trump ha sido muy duro en el tema del comercio bilateral y los aranceles desde su primer mandato, algo que ha hecho que el PIB del país asiático se estancara en 18 billones de dólares durante casi cinco años y dejara de crecer aceleradamente como lo venía haciendo.
La decisión del gobierno del presidente Trump ha dejado un “mal sabor de boca” en el gobierno de la presidenta Sheinbaum, ya que la fase de revisiones anuales del T-MEC genera incertidumbre para inversionistas y empresas, y pone en riesgo lo que ha sido la principal fuente de ingreso de dólares y riqueza para México, además de ser un gran motor de la inversión extranjera directa y de empleos en el país.
No se sabe con certeza cuáles han sido los factores que llevaron a Trump a tomar esa decisión, aunque también se ven tintes electorales, con miras a las elecciones por el Congreso en noviembre de este año. Además, el presidente “gringo” ha expresado que México está gobernado por los cárteles de la droga y que el gobierno de la presidenta Sheinbaum está haciendo muy poco para contenerlos y para detener el tráfico de fentanilo hacia los Estados Unidos.
En ese entramado, resalta el nombre de Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, solicitado por Estados Unidos por diversos delitos, entre ellos protección al narcotráfico. El gobierno de Sheinbaum ha optado por protegerlo, y eso no ha sido bien tomado por el personaje que despacha en la oficina oval la Casa Blanca.
Sin duda, México debe hacer más para mejorar y seguir aprovechando la relación comercial bilateral y no poner en riesgo el tratado, porque ha sido la mayor fuente de riqueza nacional desde que, en 1994, lo firmó el entonces presidente Carlos Salinas, quien tuvo la visión de negociarlo y es considerado el “arquitecto del tratado”.
Estaremos pendientes de la tercera ronda de negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y México, que se llevarán a cabo la semana del 20 de julio, y lo escribiremos en esta página.
