Se ha desatado una tormenta en un vaso de agua con motivo de la muerte de dos elementos de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, que actuaban como policías encubiertos en el Estado de Chihuahua. Se ha hecho renunciar al fiscal del Estado y está en capilla la gobernadora de la entidad, Maru Campos; sin embargo, habría que señalar que poco tienen que ver en este caso que ha llamado la atención dentro y fuera del país. Si se miran bien las cosas, habría que señalar que no solo las autoridades de Chihuahua sino del país entero ignoraban que estos dos elementos junto con otros dos, se habían filtrado en los cuerpos policiacos para actuar como hacen los espías todos en todos los países del mundo.
De sobra se sabe, por ejemplo, que la hace la KGB, el Mossad, el SIS, el M16 y otras agencias de las grandes potencias o de países que tienen intereses transnacionales, que actúan en prácticamente todo el planeta para recabar información y llevar a cabo tareas de desestabilización, de sabotaje, de manipulación mediática, de irritación social etc., con el propósito de lograr corrientes favorables a las políticas que caracterizan a sus países de origen. Los dos espías o agentes encubiertos que perecieron en el accidente y que según una cadena televisiva norteamericana, actuaban en México, podrían tener identidad y registro, y están incorporados a las nóminas oficiales de las corporaciones policiacas; pero, no necesariamente con permiso de las autoridades locales, estatales o federales. Eran, como su nombre mismo lo indica, agentes encubiertos y por lo tanto, no tenían permiso ni autorización ni beneplácito de la gobernadora o del fiscal del estado de Chihuahua. Por tanto, no es posible llegar a los extremos de solicitar su destitución o implementar un juicio político. Los jefes y la mandataria, de filiación panista, que por cierto no ha tenido una administración tersa, sino que ha estado envuelta con mucha frecuencia en escándalos tanto mediáticos, poco tuvieron que ver en el caso.
Habría que pedir explicaciones a la Agencia Central de Inteligencia, que no sólo actúa en Chihuahua, sino en prácticamente todos los Estados de la República y en todos los países del mundo. Una de las fuentes de poder de la potencia hegemónica estadounidense es precisamente el conocimiento, ya sea anticipadamente o a posteriori, de las políticas que implementan los estados soberanos para hacer cumplir la ley y el mandato supremo constitucional que cada pueblo se ha dado a sí mismo. Sí hubo alguna responsabilidad jurídica, no tiene que ver con la permisibilidad con la que actuaron los agentes extranjeros; posiblemente, la haya de otra forma, de otra manera; pero, no de ésta.
Allá por los 70´s, cuando inició el boom de las drogas, Enroque ‘Kike’ Camarena, el agente estadounidense que fue asesinado en Guadalajara, puso al descubierto las maniobras de la Agencia Central de Inteligencia y de otros organismos estadounidenses, para producir en México la droga que los Estados Unidos requerían para satisfacer la demanda de los consumidores, especialmente los los que habían regresado de la guerra de Vietnam.
El problema de las drogas y de la violencia en general, no puede verse como un fenómeno aislado o de responsabilidad de uno o de otro funcionario; es un fenómeno global y tiene que atenderse precisamente con medidas globales, con acuerdos de todos los países y de todas las fuerzas políticas para ponerle fin. Es un fenómeno multidimensional, no puede verse solamente como una acción ilegal. Tiene que ver con las políticas económicas, políticas y sociales. Es indispensable la asistencia social, la educación, el entendimiento, la comunicación, la atención a los problemas que afectan a la juventud en este momento.
El resultado de los regímenes neoliberales y del capitalismo salvaje, que han provocado la aberrante acumulación de la riqueza en unas cuantas manos estériles a costa de la miseria de las grandes mayorías y el deterioro del planeta, ha dado como resultado la situación que ahora se vive. La solución no está en llevar al banquillo de los acusados a Maru Campos o en que se finquen responsabilidades al fiscal, sino en, cómo ha sido la política del gobierno de la 4T, serenar los ánimos, analizar los sucesos a la luz de una realidad que es inocultable e innegable, y actuar en consecuencia.
Los agentes de la CIA son espías y actúan como tales. Como lo hacen los de Israel, los de Rusia, los de Inglaterra, los de Cuba. Eso es algo que ni es nuevo y sí tiene ya mucho tiempo, prácticamente desde la Grecia antigua, habría que acordarnos del Caballo de Troya y otros muchos casos en que los espías, las Mata Hari han actuado al servicio de las potencias económicas, políticas y militares.
Definitivamente, corresponde al aparato de inteligencia Y contrainteligencia del estado mexicano conocer e intervenir en este caso, y en otros tantos en los que agentes infiltrados o espías de gobiernos y potencias extranjeras actúan en México tratando de provocar caos y desestabilización, como ocurrió durante los sucesos de 1968, que dieron pie a la instauración del régimen neoliberal el cual, a un tris estuvo de entregar el país a los intereses del capitalismo salvaje transnacional.
Al pan, pan y al vino, vino. No hay que hacer una tormenta en un vaso de agua.
