Ser mamá es una gran responsabilidad, pero también lo es salvar vidas; la historia de Norma Segovia refleja el equilibrio entre dos mundos que nunca se detienen. En Reynosa, su vida transcurre entre emergencias y abrazos, entre salvar vidas y cuidar la suya.
Reynosa, Tam.-
En el Día de las Madres, las historias suelen hablar de sacrificio. Pero en el caso de las paramédicas, ese sacrificio se multiplica en largas jornadas, llamadas de emergencia y el reto constante de no fallar ni en casa ni en el servicio.
Mientras la mayoría de la población duerme y sueña en grande, hay historias que transcurren entre emergencias, decisiones críticas y sacrificios personales. Una de ellas es Norma Alicia Segovia Oliva, Técnico en Urgencias Médicas (TUM) con más de dos décadas de servicio en la Cruz Roja Mexicana, cuya vida profesional ha estado marcada por la vocación de ayuda y, al mismo tiempo, por el reto constante de ejercer la maternidad.
Su historia comenzó en 1999, cuando acudió a tomar un curso básico de primeros auxilios de apenas ocho horas. Sin embargo, por un error en su inscripción, terminó dentro de un curso de paramédico con duración de un año. Lo que inició como una confusión se convirtió en una vocación de vida. Hoy suma 26 años de servicio.
La socorrista relató el camino no fue sencillo. Con una década alejada de los estudios y ya incorporada al mundo laboral, retomar la formación académica en el área pre hospitalario implicó disciplina y esfuerzo.
“Fue difícil compaginar el trabajo con los libros, pero me gustó y aquí sigo, porque en aquel entonces yo ya no estaba acostumbrada a estudiar, tenía 10 años que no estudiaba”, relató.
Su rutina diaria refleja el ritmo exigente de su profesión. Divide su tiempo entre dos empleos: uno remunerado, del que depende su sustento económico, y su labor en la Cruz Roja, donde además de cumplir turnos de 3 de la tarde a 11 de la noche, también participa como voluntaria.
En muchas ocasiones, su jornada se extiende hasta la medianoche o más, debido a emergencias que no pueden esperar.
“Tenemos hora de entrada, pero no de salida y despertarme al día siguiente de nuevo como a las 7:00 u 8:00 de la mañana y es la misma rutina. La mayoría de los días”, explicó. Una llamada de auxilio minutos antes de terminar el turno puede significar varias horas adicionales de trabajo, a lo que se suma la limpieza y preparación de las unidades.

SU AUSENCIA
Ser madre en este contexto implica renuncias. Segovia Oliva, hizo remembranza cuando sus hijas eran pequeñas, le pedían que no saliera a trabajar. “Mis hijas cuando estaban más chicas me decían no vayas a trabajar, quédate aquí. Me decían que dijera que estaba enferma para quedarme con ellas”, comenta.
La ausencia en momentos clave y la dificultad de compartir tiempo de calidad son parte del costo emocional de su vocación.
Aun así, su ejemplo ha marcado a su familia. Sus hijas crecieron dentro del entorno de la Cruz Roja y hoy una de ellas se encuentra en formación como paramédico, mientras otra analiza incorporarse después de concluir sus estudios profesionales.
“Es un orgullo que compartan este espíritu de ayuda”, afirma.
La experiencia en el servicio también deja huella. Aunque muchos pensarían que la exposición constante a escenas con sangre es lo más difícil, asegura que hay situaciones más complejas desde el punto de vista emocional.
Recordó especialmente el caso de una madre que llegó con su bebé sin signos vitales. “No aceptaba que había fallecido. Es algo que no se olvida, ella abrazaba a su bebé y lo quería sacar de la Cruz Roja pero no se podía porque se metería en problemas legales”, relató.

LOS RETOS
En su labor, también enfrenta prejuicios de género. En ocasiones, al llegar a una emergencia, familiares de pacientes dudan de su capacidad por ser mujer. “Dicen que no vamos a poder, pero al final agradecen cuando ven que sí”, señala.
El equilibrio entre la vida profesional y personal se sostiene en disciplina y apoyo familiar. Su esposo también forma parte del ámbito pre hospitalario, lo que implica compartir riesgos. “A veces vamos juntos en la ambulancia y piensas qué pasaría si algo nos ocurre a los dos”, reflexiona.
Para cuidar su salud emocional, evita llevarse las experiencias a casa. Comparte con sus compañeros lo vivido en cada servicio y, en caso necesario, recurre al apoyo psicológico que brinda la institución.
En el marco del Día de las Madres, su historia refleja una realidad poco visible, la de mujeres que desde áreas críticas como la atención de emergencias, sostienen una doble jornada donde el compromiso profesional y el amor por la familia conviven en equilibrio constante.
Su mensaje para otras mujeres es claro: es posible combinar la maternidad con una carrera profesional, pero implica sacrificios y planificación. “Si ustedes quieren tener una carrera y ejercerla, no se enamoren, no se embaracen. No digo que no se pueda; sí se puede, pero es más difícil”, advierte.
Entre el ulular de las sirenas, jornadas extendidas y despedidas apresuradas, su vida transcurre con una certeza de que cada servicio atendido representa una oportunidad de ayudar, incluso si eso implica, en ocasiones, estar lejos de casa.
