La directora del Centro de Integración Juvenil en Reynosa, Cinthia de Lourdes Collín Franco, analiza el fenómeno de los llamados Therians, su posible origen como tendencia juvenil y los elementos psicológicos que podrían estar detrás de esta conducta.
Reynosa, Tam.
En medio de debates en redes sociales, videos virales y discusiones públicas, el fenómeno de los llamados Therians (personas que se identifican o se sienten como animales pese a ser seres humanos), ha comenzado a generar inquietud entre padres, docentes y especialistas.
Para la psicóloga Cinthia de Lourdes Collín Franco, directora del Centro de Integración Juvenil en Reynosa, el tema debe analizarse con seriedad y desde una perspectiva científica, sin caer en burlas ni estigmatización, agregando que, en principio, el fenómeno parece responder a una tendencia de moda.
“Hasta donde yo sé, parece estar relacionado con algún programa de cine o televisión. En ese sentido, puede tratarse de una tendencia social entre los chicos”, comentó la especialista. Sin embargo, subrayó que el tema va más allá de lo superficial cuando se observan conductas más arraigadas o extremas.

LA ZOANTROPÍA
Desde el ámbito clínico, Collín Franco señaló que existe un término psicológico llamado zoantropía, el cual describe un trastorno en el que una persona cree ser un animal y, de cierta forma, puede relacionarse con la esquizofrenia.
“La zoantropía es una especie de delirio psicológico; puede relacionarse con rasgos de esquizofrenia, donde hay alucinaciones o delirios. La persona cree que lo que está viviendo es real, aunque objetivamente no lo sea”, explicó.
La especialista recordó que el ser humano, de acuerdo con el método científico, se reconoce como un ser vivo mamífero y homínido, dotado de capacidades racionales que lo diferencian del resto de las especies.
“Somos animales racionales. Nuestro cerebro ha evolucionado durante millones de años. Los avances científicos, tecnológicos e incluso los viajes interespaciales son producto de esa evolución. Pensar que de pronto alguien ‘es un caballo o un perro’ implica un retroceso involutivo”, afirmó.

RECONOCIMIENTO DEL “YO”
Para Collín Franco, uno de los elementos centrales en este fenómeno es el reconocimiento del “yo”. En psicología, el yo representa la identidad y la conciencia de uno mismo.
“Cuando somos bebés no existe un yo estructurado. Solo hay sensaciones a través del cuerpo, lo que llamamos el soma. Con el tiempo, mediante el lenguaje, la experiencia y la interacción social, se construye la identidad”, explicó.
En ese sentido, consideró que la adopción de una identidad animal podría reflejar una falta de reconocimiento yoico.
“Yo lo podría asegurar como psicóloga: hay una ausencia de identidad sólida. Es interesante analizar qué antecedentes pudieron llevar a una persona a concluir que es un animal. No necesariamente hablamos de una crianza extrema, sino de procesos internos de identidad y pertenencia”, indicó.
PRESENCIA EN MÉXICO Y TAMAULIPAS
Gracias a las redes sociales, esta tendencia comenzó a viralizarse de forma mundial, lo que ayudó mucho a que llegara fácilmente a México y otros países de Latinoamérica.
En algunos Estados de la República se han avistado decenas de casos sobre personas que adoptan los comportamientos de diversos tipos de animales y los replican en las calles, en ocasiones han sido bien recibidos y en otros son víctimas de burlas y hasta violencia física.
Si bien, en Reynosa no se han visualizado personas que se identifiquen como Therian, se ha invitado a una supuesta reunión de Therians en el Parque Cultural Reynosa el próximo 28 de abril. Por otro lado, en ciudades como Matamoros, Tampico y Ciudad Victoria se ha tenido avistamentos de personas que se disfrazan de animales y conviven entre sí.

ACCIONES QUE PREOCUPAN
Uno de los puntos que más preocupación genera es cuando estas conductas incluyen acciones como morder o agredir a otras personas. Para la directora del Centro de Integración Juvenil Reynosa, hay una diferencia clara entre una expresión simbólica y un comportamiento que transgrede derechos. “Estas personas replican lo que han observado en animales; es algo aprendido, no instintivo. Pero si llegan a lastimar a otros, ahí ya estamos hablando de una afectación social que no se puede justificar”, señaló.
Collín Franco mencionó que, en algunos casos, podría existir lo que en psicología se conoce como “ganancia secundaria”, es decir, beneficios indirectos que una persona obtiene al asumir determinada conducta.
Recordó un caso viral donde una joven que se identificaba como Therian informó a un conductor de plataforma que era una “mascota”. El conductor, de manera firme, le respondió que su vehículo no transportaba animales.
“Si ella se considera mascota y las mascotas no trabajan ni pagan, entonces ¿qué tipo de intencionalidad hay detrás? Son aspectos que deben estudiarse”, reflexionó.
La especialista hizo una distinción importante entre un trastorno psicótico severo y una conducta consciente. “Las personas con esquizofrenia avanzada pierden contacto con la realidad y no necesitan disfrazarse. Cuando alguien se pone un disfraz, hay conciencia de lo que está haciendo”, puntualizó.
En su análisis, comparó el fenómeno con otras tribus urbanas que han surgido a lo largo de las décadas, como los emos, punks o góticos. “En la adolescencia es común buscar pertenencia, comprensión y empatía. Se forman colectivos con características que los distinguen. Puede ser una forma de identidad compartida cuando sienten que no encajan en otros espacios”, explicó.
No obstante, advirtió que el debate se vuelve más complejo cuando se plantean iniciativas legales para reconocer o respaldar este tipo de identidades. Sin tomar una postura radical, Collín Franco sostuvo que el respeto a los derechos humanos es fundamental, pero siempre bajo un principio básico: “Mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás”.
“Cada quien puede vestirse como quiera o expresarse como quiera. Mientras no afecte a terceros, no hay problema. Pero si hay agresiones, disturbios o daño físico, entonces ya no se puede justificar”, enfatizó.
Finalmente, la directora del Centro de Integración Juvenil señaló que, desde el ámbito científico, el fenómeno resulta interesante de estudiar. “Me gustaría conversar con alguno de ellos para entender qué los llevó a tomar esa decisión. Socialmente puede ser una moda pasajera, como muchas otras. Ahorita la ola es fuerte, pero probablemente disminuirá con el tiempo”, consideró.
Hizo un llamado a evitar la violencia y el rechazo.
“No se trata de agredirlos ni de burlarse. Tampoco de permitir conductas que dañen. Si su expresión es pacífica, todos tienen derecho a manifestarse. La historia nos ha enseñado, como en el caso de Mahatma Gandhi, que las protestas pacíficas pueden generar cambios sin lastimar a nadie”, concluyó.
Para Collín Franco, el fenómeno Therian abre una conversación necesaria sobre identidad, adolescencia, pertenencia y salud mental. Más allá de la polémica, insiste en que el análisis debe hacerse desde la ciencia, el respeto y la responsabilidad social.
