Cuatro hermanos, originarios de distintos Estados del país, comparten una misma devoción: el circo. Son la cuarta generación que mantiene vivo este arte y legado familiar en ‘American Circus’.
Christopher, Juliana, Joseph y Daniel Arciniega crecieron rodeados de aplausos, luces y trapecios. Sus talentos se reparten entre la acrobacia, el malabarismo y el baile, habilidades que han perfeccionado desde la infancia, impulsados por la herencia circense de su familia, que por décadas se ha dedicado a este mundo itinerante.
La vida del circo, reconocen, no ha sido fácil. A la crisis que enfrentaron por la prohibición del uso de animales en espectáculos, se sumó la pandemia, que detuvo por completo las funciones y dejó en pausa su vocación. “Volver a empezar no fue sencillo”, relata Christopher, uno de los entrevistados por Hora Cero.
“Somos la cuarta generación en el circo. Desde que estamos pequeños vemos a nuestros familiares trabajar: a nuestros papás, tíos… y eso nos fue creando el deseo de expresarle al público el amor que sentimos por este arte”, expresó Christopher Arciniega, de 20 años.
Él comenzó a entrenar a los siete años y a trabajar en la pista a los diez, junto a su hermano mayor. La pasión fue una semilla que germinó de manera natural; nunca una obligación.
“También tenemos familiares que son cuarta generación y ya no están en el circo, algunos eligieron estudiar otra profesión. Aquí lo que vale es la pasión: dedicarse al circo debe ser una decisión propia”, afirma.
LA VIDA DETRAS DEL TELÓN
Los entrevistados aseguran, metafóricamente, que “nacieron en el circo”. Y lo cierto es que su infancia transcurrió entre casas rodantes, viajes constantes y escenarios cambiantes. Por ello, cada uno nació en una ciudad distinta: Tijuana, San Luis Potosí, Ciudad de México y Cuautla, Morelos; pero todos con un mismo punto de partida: la pista del circo.
Su salón de clases siempre se ubicó donde el circo se instalara. Al mismo tiempo que entrenaban para nuevas piruetas y números, recibían educación con maestros particulares para no perder la oportunidad de tener sus estudios básicos en cada viaje.
“Por eso decimos que aquí cada quien elige: puedes seguir estudiando o dedicarte de lleno al arte del circo. Para nosotros, desde pequeños nos llamaba la atención ver a nuestra familia en la pista y soñábamos poder expresar ese arte”, comparten.
Como cuarta generación, aún no han recorrido toda la República Mexicana, pero sí han estado presentes en distintos lugares que les han brindado una apertura diferente en cuanto a la cultura y la reacción del público ante el show. Aseguran que Veracruz es el Estado en donde han percibido que los asistentes tienen mayor gusto por el circo. En Reynosa llevan aproximadamente seis meses, en busca de promover su arte en esta ciudad fronteriza, donde hasta el momento refieren que los reynosenses los han recibido de manera positiva, pues se nota que les gusta el espectáculo que realizan.

PREPARACIÓN FÍSICA
Como parte de su preparación física realizan ejercicios de calentamiento para evitar algún tipo de desgarre o contractura muscular derivado del espectáculo, además de asegurarse del montaje correcto de aparatos, cables o tubos, verificando que todo se encuentre en orden para prevenir fallas técnicas.
“Muchos de nuestros trajes los realiza mi abuelita, pues le gusta elaborarlos. Otros los mandamos a hacer o nos los venden ya hechos”, explicó Chris.
Cabe mencionar que la preparación de todos ellos empezó desde temprana edad; dependiendo sus disciplinas, comenzaron a desenvolverse en la pista con ayuda de sus familiares. Juliana, quien es bailarina, refiere que comenzó desde los 8 años a practicar para poder expresarse dentro de la práctica y el ritmo.
“Pues ahora sí que dentro del equipo, ahorita, como nosotros que somos familia, nos apoyamos y es muy importante apoyarnos entre nosotros, porque no solo es lo que hacemos en el espectáculo y en la pista, más bien es lo que hacemos si no contamos con el apoyo de todos. Por ejemplo, él que es arealista necesita el apoyo de alguien para jalarlo, levantarlo y moverlo en distintas posiciones; entonces ocupa este tipo de apoyo para que tengan cuidado, porque hay personas que a lo mejor sí lo hacen, pero no tienen el cuidado como nosotros lo tenemos, sabiendo que somos artistas”, señaló Joseph, uno de los hermanos.
Respecto a accidentes dentro de la pista, refieren que únicamente han tenido menores, como que los aparatos se rompan en plena función o presenten alguna caída ligera.
“Cuando pasan errores así que no podemos remediar en el momento, se siente una pequeña decepción o frustración, porque la gente viene a ver algo bien hecho y en el momento no se puede corregir. Incluso se siente dolor en el pecho, una impotencia de no poder demostrar lo que ensayaste o practicaste por tanto tiempo”, compartieron.

APRENDIZAJE
Respecto al apoyo que cada uno de ellos ha obtenido de su familia, fue uno de sus tíos quien les enseñó las acrobacias y ha sido la figura que, hasta el momento, los ha apoyado en su desempeño artístico. Relatan que, por la complejidad de algunos ejercicios, cuando les parecía muy complicado lograrlos, recibían sus palabras de aliento: “¿Cómo no? vas a poder porque sé cómo eres. Si te esfuerzas, lo vas a lograr”.
“Hasta el momento mi tío nos ha estado apoyando, nos ha alentado a seguir adelante y a seguir mejorando como artistas y buscar ser mejores en cada momento”, mencionó Joseph.
Los hermanos Arciniega aseguran que algunos compañeros del circo cuentan con una casa fija en alguna ciudad y, cuando desean tomarse un descanso, vuelven an ella por un tiempo. En su caso, explican, su vida transcurre completamente en el circo.
“Siempre hemos estado aquí. Sí tenemos familiares con casa estable y a veces los visitamos, pero nosotros nos la pasamos en el circo”, comentan.
Su hogar se compone de casas rodantes equipadas con lo necesario: una cama, cocina, baño y, en ocasiones, lavadora. Dedican parte de las mañanas o tardes a labores domésticas, como higiene, lavado de ropa y descanso. “Contamos con lo indispensable, aunque de manera reducida”, señalan.
El internet y las redes sociales han sido una herramienta importante para mantener amistades a lo largo de sus rutas. Aunque su estilo de vida implica despedidas constantes, hoy pueden continuar en contacto sin importar la distancia.
“Si tenemos amigos en algún lugar, los seguimos en Facebook o Instagram y así no perdemos el contacto”, relatan.
Tras una década sin presentarse en la región, volvieron recientemente a esta frontera. El regreso, dicen, siempre trae consigo reencuentros y nuevas conexiones.
“Es algo bonito conocer más gente, ir haciendo amistades en distintos lugares. Ahorita, difícil no es”, expresan con una sonrisa.
Para ellos, cada función es como un viaje todo pagado, en el que existe la oportunidad de conocer nuevas culturas a través del trabajo, conociendo diversas gastronomías y tradiciones de cada lugar que visitan.
El American Circus, lugar donde estos cuatro jóvenes comparten su arte y mantienen vivo un legado familiar, se ubica en la colonia Balcones de Alcalá, sección 2, justo detrás de Bodega Aurrerá. Su espectáculo incluye números de trapecistas que desafían la gravedad sin red de protección, divertidos shows de animación con payasos e increíbles actos que buscan sorprender al público de todas las edades. Las funciones se presentan de lunes a viernes a las 20:00 horas, y los sábados y domingos a las 18:30 y 20:30 horas, invitando a la comunidad a ser parte de esta tradición circense que continúa escribiendo su historia.
