Querido lector, querida lectora. Llega octubre con sus lunas inmensas y con esto también, el primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
¿Pero, cómo llega? La encuesta más reciente de El Financiero, publicada el 30 de septiembre con motivo precisamente del primer año coloca a Claudia Sheinbaum con un 73% de aprobación en su primer año de gobierno, frente a un 27% de desaprobación. En comparación histórica, dicho resultado supera al de Andrés Manuel López Obrador en su primer año (68% según la misma casa encuestadora).
Este fenómeno es muy interesante, porque la encuesta de El Financiero no solo mide la aprobación global, sino también la percepción ciudadana sobre diversos ámbitos del gobierno y los resultados no son todos aprobatorios. Aquí un análisis por cada uno:
1. Economía
● La opinión favorable al manejo de la economía bajó ligeramente en los últimos meses, de 58% a 53%.
● En el balance de “mejora/retroceso”, apenas el 48% considera que la pobreza ha mejorado.
Estas cifras revelan que la economía —el componente central del bienestar ciudadano— ya empieza a mostrar fisuras en el respaldo popular. Si no se logra un ancla económica tangible (mejor ingreso real, estabilidad en precios de alimentos, impulso a inversión privada), ese 73% de aprobación puede erosionarse con mayor rapidez de lo esperado.
2. Corrupción
● La encuesta marca 75% de opiniones negativas frente a solo 19% de opiniones favorables hacia la actuación del gobierno en corrupción.
Este es, sin duda, el rubro más vulnerable para Sheinbaum. Aún con su imagen de honestidad (o al menos su narrativa de “transformación moral”), la percepción de corrupción sigue siendo abrumadoramente negativa y no es para menos. En política, la percepción es casi tan importante como los hechos: no basta con perseguir delitos, hace falta que la ciudadanía sienta que el combate es imparcial, visible y eficaz. Si los casos de corrupción que salgan mediana o grandemente mediáticos no se resuelven con sanciones contundentes, el gobierno se enfrenta al riesgo de que su legitimidad se tambalee.
3. Seguridad y crimen organizado
● En seguridad pública, solo el 42% la evalúa favorablemente, mientras que 53% la reprocha.
● En crimen organizado, la cifra de opinión positiva es todavía más baja: 20%, frente a 74% de negativas.
● En cuanto al principal problema del país, el 52% señala a la inseguridad.
La seguridad sigue siendo el talón de Aquiles del gobierno federal (como lo fue de muchos anteriores). La baja aceptación en este tema sugiere que las acciones concretas —detenciones, reducción de homicidios, combate al trasiego de drogas— no convencen al ciudadano de a pie que vive inseguridad cotidiana (robos, extorsiones, violencia). Una cosa es la estrategia de alto nivel, y otra es el impacto localizado.
4. Salud
● En cuanto a salud pública, un 44% considera que ha mejorado, mientras que 36% dice lo contrario.
Aquí se ve un terreno intermedio: no es un área que inspire aplausos generales, pero tampoco es de rechazo total. El margen entre quienes ven mejoría y quienes no es estrecho. En salud pública (infraestructura, acceso, medicamentos, cobertura) se requieren soluciones visibles, inmediatas y distribuidas para que la ciudadanía perciba un cambio real.
5. Apoyos sociales
● El rubro mejor evaluado: 75% de opiniones favorables.
● Solo 20% lo ve desfavorablemente.
Opinión crítica: Los programas sociales son el pilar sólido en la percepción favorable del gobierno. Estas políticas (becas, pensiones, transferencias) generan una relación directa con los beneficiarios: son tangibles, explicables y visibles. El reto es escalar su impacto sin que se conviertan en cargas insostenibles.
6. Imagen personal/atributos de liderazgo
● La “imagen de liderazgo” subió hasta 66%.
● En su primer informe, en honestidad, liderazgo y capacidad para dar resultados hubo descensos: de 83% a 62%, de 78% a 60%, etc.
Aún cuando la aprobación general se mantiene elevada, algunos indicadores personales muestran desgaste. La narrativa del “nuevo liderazgo” no es eterna; cada decisión, cada crisis, cada escándalo merman esos atributos si no se consolidan con resultados. En política, la caída en la percepción de honestidad o capacidad es más difícil de revertir que en temas técnicos (como inflación). Por ello, el gobierno debe cuidar su comunicación, evitar contradicciones y consolidar una coherencia entre discurso y acción.
En fin, veamos que pasa en este segundo año.
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