Durante el periodo vacacional, el uso de dispositivos electrónicos se incrementa significativamente al convertirse en la principal fuente de entretenimiento para niños y adolescentes. Sin embargo, su uso excesivo puede derivar en problemas como insomnio, dificultad para concentrarse y alteraciones en la conducta.
Durante las vacaciones, niñas, niños y adolescentes pasan más tiempo en casa y, en consecuencia, frente a una pantalla. Celulares, tabletas y otros dispositivos electrónicos se vuelven su principal fuente de distracción y entretenimiento. Sin embargo, el uso excesivo de estos aparatos puede generar diversas afectaciones psicológicas.
Especialistas en salud mental advierten que el desarrollo cognitivo y conductual puede verse comprometido debido a la sobreexposición a pantallas y contenido digitales, ya que interfiere con procesos emocionales, de pensamiento y comportamiento.
Entre las señales de alerta que podrían indicar un uso problemático se encuentran la tartamudez, el nerviosismo, la hiperactividad y la dificultad para permanecer quietos durante períodos prolongados.
Alexis González, psicólogo especializado en manejo de ansiedad, explicó que una de las principales consecuencias es la disminución en la producción de melatonina, hormona clave para conciliar el sueño. Esto ocurre debido a la exposición a la luz azul emitida por las pantallas.
“Los dispositivos emiten una luz azul que inhibe la producción de melatonina, impidiendo que el cuerpo entre en estado de descanso. Mientras haya presencia de esta luz, el cerebro interrumpe la secreción de esta hormona, lo que provoca insomnio”, detalló.
Aunque muchos aparatos ya incluyen un “modo nocturno” que reduce la intensidad de la luz azul, esto no elimina otros riesgos como la ansiedad o la depresión. El especialista señaló que la estimulación constante del cerebro mediante contenidos digitales puede generar una liberación excesiva de dopamina y serotonina, reforzando la necesidad de mantenerse conectados.
Además, el tiempo prolongado frente a las pantallas fomenta el sedentarismo, limita la interacción social y reduce el interés por actividades al aire libre, lo que puede derivar en cambios de conducta y aislamiento.
IMPACTO EN EL REGRESO A CLASES
Los efectos del uso excesivo de pantallas no concluyen con las vacaciones. Muchos menores enfrentan dificultades para retomar una rutina de sueño adecuada al regresar a clases, lo que impacta en su descanso, concentración y rendimiento escolar.
“El uso desmedido de dispositivos puede afectar la capacidad de atención y generar un estado de alerta constante que dificulta el aprendizaje en el aula”, advirtió el psicólogo.
También mencionó que, en muchos casos, la ansiedad generada por el uso excesivo de pantallas detona una sobrecarga de adrenalina, impidiendo que el menor permanezca sentado o tranquilo por mucho tiempo.
“La atención se disipa. Ya no hay una concentración real por parte del niño, y eso deriva en observaciones o llamados de atención por parte de los docentes”, explicó.
Otro de los efectos preocupantes es el retraso en el desarrollo del lenguaje, especialmente cuando la exposición a dispositivos ocurre desde edades tempranas, entre los cero y seis años.
“Hay niños que tienen dificultades para articular palabras y expresarse. Este retraso se considera un trastorno del neurodesarrollo”, indicó.

USO MODERADO DE DISPOSITIVOS
El especialista recomienda que el tiempo de uso de dispositivos en menores no supere las dos horas al día, procurando siempre que se mantenga un equilibrio con otras responsabilidades propias de su edad.
También destacó la importancia de mantener una estructura de hábitos en casa, como tender la cama o realizar tareas sencillas, para evitar que el uso de dispositivos sea lo primero que se haga al despertar o lo último antes de dormir.
Los padres, subrayó, juegan un papel fundamental como ejemplo, ya que el comportamiento de los adultos influye directamente en el de los menores.
“El problema muchas veces es que los cuidadores no comparten tiempo de juego con sus hijos. Por eso se recurre a los dispositivos como solución rápida para mantenerlos entretenidos”, dijo.
Recordó que el juego es esencial para el desarrollo neurológico, emocional, conductual y cognitivo de los niños.
“Incluso la terapia infantil se realiza a través del juego. A diferencia de los adultos, que hablan en consulta, los niños proyectan sus emociones y preocupaciones jugando. Si tú colocas a un niño frente a un dispositivo, y a un lado hay alguien interactuando con carritos o muñecas, lo más probable es que prefiera unirse al juego”, aseguró.
El especialista hizo un llamado a revalorar el papel de madres, padres y cuidadores en el acompañamiento emocional de la infancia.
“A veces se piensa que ser papá es solo proveer, alimentar o cuidar, pero también es indispensable jugar con los hijos. La atención emocional también es crianza”, concluyó.
ADICCIÓN A DISPOSITIVOS
El uso excesivo de pantallas no sólo impacta la concentración o el sueño, sino que puede desencadenar trastornos más complejos en la salud emocional de los menores, como ansiedad, depresión o incluso conductas agresivas asociadas con la hiperactividad.
“También encontramos trastornos de ansiedad, de depresión e incluso casos de hiperactividad. En algunos casos, los niños ya presentan síntomas de adicción a los dispositivos móviles”, explicó el especialista.
Cuando esto ocurre, advirtió, retirar el aparato de forma abrupta puede provocar reacciones intensas de enojo, ansiedad o violencia.
“Si se le quita el dispositivo de un día para otro, lo único que se genera es ansiedad. El niño puede responder con agresividad, contestar, gritar o incluso golpear, porque ya ha creado un vínculo emocional con el aparato”, señaló.
Frente a esta situación, la recomendación es acudir con un especialista que valore no solo al menor, sino todo su entorno familiar.
“Cuando un niño presenta estos síntomas, es necesario cambiar el entorno completo: papá, mamá y los demás integrantes del hogar también deben modificar sus conductas y su manera de pensar. Ellos son el pilar del aprendizaje”, indicó.
El tratamiento, dijo, debe realizarse de forma gradual y con acompañamiento terapéutico. En el caso de niñas y niños de cero a cinco años, se recomienda trabajar con estimulación temprana. A partir de los cinco años, ya se puede iniciar con terapia especializada, principalmente a través del juego y otras estrategias adaptadas a su edad.
Un dicho popular asegura que los niños de hoy “saben más de tecnología que los adultos”. Esta afirmación, aunque cierta en muchos casos, refleja también una realidad preocupante: la exposición temprana e incontrolada a dispositivos electrónicos.
Respecto a la edad ideal para introducir el uso de dispositivos como celulares o tabletas, el psicólogo indicó que no existe una regla estricta, pero sugirió que lo más recomendable es esperar al menos hasta los 10 años.
“Es parte del entorno. Es imposible evitar por completo el contacto con las pantallas, pero lo importante es establecer límites, moderar el tiempo de exposición y cuidar el tipo de contenido al que están accediendo los menores”, explicó Alexis, psicólogo.
EL PELIGRO DE LAS REDES
Por Clarissa Grimaldo
Alexis González, psicólogo especializado en manejo de ansiedad, advirtió que, con el uso constante de dispositivos, los niños están expuestos directamente a redes sociales y videojuegos en línea, muchos de ellos con contenido violento o inadecuado para su edad.
“Hay un juego llamado Roblox, donde los niños se conectan en línea con otras personas que no sabemos si realmente son menores o adultos. Esto representa un riesgo enorme”, alertó.
Además de la exposición a personas desconocidas, el contenido que circula en redes sociales como Facebook o Instagram puede afectar seriamente la autoestima de niñas, niños y adolescentes, al promover estereotipos, comparaciones y estándares de vida irreales.
“El peligro de las redes no solo es el contacto con desconocidos. También está en cómo los contenidos influyen en su percepción personal, en su cuerpo, en su valor y en su lugar en el mundo. Se pierde tiempo de juego, de interacción real, y eso afecta el desarrollo emocional”, agregó.
El entrevistado subrayó que muchos de los trastornos que enfrentan los adultos tienen su origen en la infancia, ya sea por experiencias negativas o por la falta de acompañamiento emocional en el hogar.
“No siempre es culpa de los padres, pero sí es verdad que muchos trastornos mentales tienen raíces en la infancia. Como adultos, tenemos la oportunidad -y la responsabilidad- de cambiar esa historia para las nuevas generaciones”, sostuvo.
Por ello, llamó a madres, padres y cuidadores a ser empáticos con los menores, brindarles tiempo de calidad y permitir que expresen libremente sus emociones.
“Cuando un niño llora, no se le debe callar con un ‘no llores’. Hay que preguntar: ‘¿Por qué lloras?’. Escuchar, comprender y validar sus emociones es fundamental para formar adultos emocionalmente sanos”, concluyó.

