México tiene presidenta, no una copia

La verdad, nunca pasó por mi cabeza ignorar la toma de protesta de la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum, por quien voté el 2 de junio, aunque por mi abierta sinceridad que compartí en mis redes sociales me tacharon de iluso.
Iluso porque escribí que había sufragado por ella creyendo que se iba a destetar de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, en los primeros minutos de su discurso, luego de jurar como mandataria, me confirmó que jamás lo hará.
Copiar leyendo los 100 compromisos en el Zócalo de su gobierno como AMLO lo hizo en 2018; copiar tomar el bastón de mando de los pueblos indígenas; copiar las mañaneras con personajes aplaudidores; copiar, copiar, copiar… ese será el sello de Sheinbaum. Y no nos sorprendamos que un día lo invite a una gira presidencial.
Cierto que en el México de la 4T, AMLO será y seguirá siendo hasta sus últimos días el líder moral de Morena, pero bien le convendría a la mandataria dejar de llamarlo “presidente” en actos públicos, porque la Nación tiene desde el 1 de octubre solamente una “presidenta”.
En lo privado seguirá siendo su “presidente”, su líder, su mentor, su padrino político, su todo y hasta casi pariente, pero la realidad es que es el “ex presidente” de México desde que le entregó la banda presidencial.
Me criticaron de iluso porque le di mi voto el 2 de junio, primero pensando en mis papás que se jubilaron de burócratas federales del Issste, con pensiones de miseria y con los apoyos federales tuvieron un respiro. Y también porque creí que el domingo pasado pintaría su raya, sutilmente, de AMLO.
Los próximos seis años serán una copia al carbón del sexenio que acaba de expirar, con una Cámara de Diputados y un Senado de mayoría aplastante para hacer y deshacer. Eso en lo personal me preocupa.
Aunque quiero admitir que al proponer Sheinbaum reformar las leyes para acabar con la reelección en cargos públicos como alcaldes, senadores y diputados, eso me gustó, pues acabará con una grande aberración en la democracia del país.
Ya no habrá los Salgado en Guerrero, pasándose la gubernatura de hija a padre; los hermanos Moreira en Coahuila; los Monreal en Zacatecas; los Cabeza de Vaca en Tamaulipas, y los Calderón-Zavala en Michoacán.
Eso me gustó y espero que haya más de esas reformas para beneficio de México. Y que cumpla con lo que prometió: “No voy a gobernar con odios”. Eso que tanto polarizó al país cuando AMLO agarró parejo con sus adversarios a quien los hizo sus enemigos.
Y es cierto, eso le funcionó. Y los votos que obtuvo Morena y sus partidos rémora lo confirmaron dentro de las urnas.
Si en las familias y entre amigos hay reconciliaciones por más agravios de por medio, tengo la esperanza que en el sexenio de la presidenta Sheinbaum se replique. Aunque -insisto- quiero un gobierno más original y menos copy.

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